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Miércoles 31 de mayo de 2023

Una mañana hermosa nos despertó en La Esperanza, lo que nos permitió apreciar el extraordinario entorno de este desconocido rincón patagónico.

Extensas arboledas de álamos plateados denotan que aquí no falta el agua y nos hacen olvidar que estamos en el medio de una zona desértica.

Sin duda es un excelente lugar para una estancia aunque, como en toda la zona, la actividad está muy lejos de su potencial. Cuando le solicité permiso para visitarla, Gabriel, su propietario, me había comentado, que estaba tratando de ponerla en valor, esfuerzo que se nota claramente; de hecho ahora tiene un camino para entrar directamente desde la RP27, que hace unos años no lo tenía.

Agradecimos a Julio, el puestero, su amabilidad para facilitarnos sitio para acampar y partimos hacia el este. En ese momento no sabíamos si íbamos a intentar la huella inconclusa de hace unos años cuando no había camino habilitado o si iríamos a conocer algún otro rincón de la meseta, que aquí pasa a llamarse Sierra Cuadrada.

Una construcción de piedras apiladas en un rincón de la estancia, a lo Pepino
Increíble postal otoñal del acceso a la estancia
Álamos plateados por todos lados
El guadal al sur de La Esperanza, al cual no pudimos ingresar en 2016 debido a un alambrado

Encontramos la punta de la huella que habíamos encarado antes desde el oeste y realmente estaba interesante para renegar pero la realidad es que no había mucha onda, porque ya era miércoles y el tiempo empezaba a escasear, sobre todo porque la salida hacia el este por el Guadal Grande después de cruzar la Sierra Mesa era incierta. ¿Y si estaba anegado y había que recular?

En base a esto elegimos visitar el Rincón de Venter, uno de los llamativos «golfos» secos al sur de la Sierra Cuadrada, donde se encuentran las viejas estancias Rincón Venter (Ahora La Mary) y La Constancia.

Apenas ingresamos a este «golfo» nos recibió un guadal seco que se ofreció como una alternativa más corta a la huella que lo contornea rumbo a La Mary.

En el mapita que sigue se pueden ver los huecos de la meseta donde anidan estas estancias y la traza verde muestra el recorrido del día, entre La Esperanza y La Meseta, ya en plena Sierra Mesa.

El recorrido del día desde La Esperanza hasta La Meseta, donde se ven los «golfos» que alojan las estancias
Al fondo el Guadal Venter
Increíble panorámica del Guadal Venter
Cruzando el guadal Venter a toda velocidad

Al final de camino, llegamos a La Mary, donde nos recibió un joven poblador, una rareza en la zona. Descendiente de los originales pioneros, Eric Venter eligió vivir aquí y continuar la epopeya familiar pese al aislamiento y a lo duro que es vivir en estos remotos parajes.

Según los mapas del IGN, esta estancia se llamó Rincón Venter pero ahora se llama La Mary en honor de su abuela. Es otro espacio increíble del centro de Chubut, en el faldeo de la Sierra Cuadrada.

Una vieja carreta, mudo testigo de los tiempos de los pioneros
Prolijo casco de la estancia La Mary
El grupo posando con el amigo Eric

Nos despedimos de Eric, quien nos invitó a que volvamos cuando queramos (de lo cual tomamos debida nota) y fuimos en busca de la otra estancia que está en el mismo hueco, La Constancia, donde presumíamos que podría haber alguna huella interesante para descubrir para salir del «golfo».

Desandamos el guadal y al tomar la huella que nos conducía a ella, notamos que a medida que avanzábamos su estado se iba degradando, mostrando que al menos en forma reciente, nadie la transitaba. Seguramente, la estancia iba a estar deshabitada pero la curiosidad no se atenuó.

Después de un par de tranqueras bien atadas con alambre, que abrimos y cerramos cuidadosamente, ingresamos en una densa arboleda que nos depositó en unos galpones bien conservados pero desiertos. Otro lugar increíble que sirvió de escenario para un almuerzo mientras curioseamos todas las instalaciones que debieron tener mucha actividad alguna vez.

La huella se desdibujó lo que mostraba no tener transito reciente

No pudimos encontrar la huella que habíamos imaginado y sin tener a quien preguntar, nos rendimos. Satisfechos de haber relevado también este remoto rincón, desandamos el camino de entrada para salir hacia el sur, bordear la laguna Colorada y subir a las estribaciones de la Sierra Mesa para recalar en nuestra conocida estancia abandonada La Meseta, donde estimábamos acamparíamos.

La laguna Colorada, en esta época es en realidad multicolor; alterna su fondo rojo, arcilloso, con pastos amarillos y una matas verdes inexplicables, atento a su actual sequedad.

La nueva huella de subida a la estancia La Meseta, estaba marcada y discurre por el cauce de un arroyo temporario que se cruza mil veces aunque obviamente estaba completamente abandonada y nos hizo renegar un poco.

A lo lejos, la laguna Colorada
Bajando hacia la laguna Colorada
Dorados pastizales de la laguna Colorada
Bordeando la laguna Colorada
Por la desdibujada huella rumbo a La Meseta
Cada tanto la huella nos hacía renegar un poco

Finalmente llegamos al establecimiento abandonado y aunque todavía había luz diurna para seguir, decidimos acampar. Un corral nos ofreció refugio y armamos las carpas dentro de él para guarecernos del frío y del viento. Además tendríamos un buen lugar para prender fuego y cocinar algo rico.

Casi nada había cambiado desde que estuvimos aquí unos años atrás; todo estaba en su mismo lugar excepto el dique de tierra, que se había derrumbado parcialmente. Signos que nadie se asoma por aquí, excepto los Canqueleros.

El fogón donde cocinaríamos la cena
Vista de toda la estancia: la casa principal, el corral y los galpones. Al fondo, la laguna Colorada (amarilla)
Parte trasera de la vivienda, bastante conservada
Interior de la vivienda (desde una hendija)
Troncos petrificados por doquier
Más troncos petrificados
Corrales y galpón
Vista de la vivienda en un increíble atardecer
El frente de la vivienda resiste el duro clima pese al abandono
El día nos despidió con un atardecer memorable

Mañana será el último día en la zona, con más descubrimientos

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