Nueva versión del viejo sitio www.Lodelpampa.com.ar

Autor: Pampa (Página 1 de 8)

Hombre multifunción, si los hay. Capaz de ir manejando, te va diciendo cuanto falta para el destino fijado, cómo se llama el accidente geográfico que estamos transitando según IGM, te cuenta la historia del puestero que se ve allá lejos, al que lo llamó por teléfono para pedirle permiso, mientras va buscando la llave de 10 mm para ajustar el soporte del chirimbolo que guardó adentro del farol que se saca abriendo la guantera, corriendo el pitutito que hace que no se caiga el soporte del gps. Todo eso mientras te ceba un terrible mate helado con su típico gorrito Adidas color violeta.
Y si necesitas una clampetita para el transbalador delantero, pedísela en medio de alguna desolada meseta, que él tiene una.
Asi es Pampa.
Y así lo queremos.

EXPLORANDO LA OTRA 40: DIRECTO DESDE EL PNPM A ESTANCIA RIO CARBON

<< VENIMOS DE LA NUEVA RP41

Martes 21 de enero de 2020

Nos tomamos el día para hacer un descanso sin muchos kilómetros de manejo.

Aprovecharíamos para que algunos que nunca habían estado antes, conozcan el Parque Perito Moreno y de paso, aprovechar para hacer algún treking liviano.

Después de desayunar, esperamos que la comitiva de Butler dejase el casco de La Oriental para salir sin generarle problemas a los Lada con sus anfitriones (recuerden que estábamos de polizones) y nos fuimos a la Península Belgrano con la intención de hacer el circuito de treking que la recorre casi totalmente, algo que siempre por falta de tiempo, nunca habíamos hecho en el pasado. Julio y Sonia se fueron a intentar pescar nuevamente a la laguna La Oriental, ya que se habían quedado con las ganas.

El recorrido de la península es muy bonito y más ahora que, con la inestimable ayuda de Butler, los senderos están bien marcados y señalizados, y lo más interesante es la posibilidad de alojarse en unos muy coquetos refugios construidos especialmente, los cuales hay que reservar por Internet. Hasta leña seca cortada tienen.

La verdad que están muy buenos y encontramos que todos estaban ocupados.

Hicimos el recorrido más corto, el circuito CHICO que lleva unas tres horas y al finalizar, almorzamos en el estacionamiento de la Península para luego ir a dar una vuelta por la zona norte del parque.

Llegando a Península Belgrano
Angosto istmo de la península (ver mapa siguiente)
Mapas de los circuitos
Inicio del treking
Lago Belgrano
Uno de los refugios
Leña seca y cortada para utilizar
La península tiene de todo…
Laguna seca en el interior de la península Belgrano
Una lagunita más del interior
Mas vistas del Belgrano

Primero fuimos a ver el clásico mirador del río Lácteo, al que se llega con vehículo, y después fuimos a visitar el río Volcán, donde nos cruzamos con la delegación de Butler y al saludarlos nos enteramos que por supuesto sabían de nuestra presencia. Pero no pasó nada, fue un amable encuentro con algunos de sus asistentes, a quienes les transmitimos nuestro agradecimiento a Mr. Gil  por colaborar con el cuidado del parque.

Mirador del río Lácteo
Rio Volcán
Zona la pasarela del río Volcán
No vimos ninguno

Nos volvimos tranquilos al campamento, no me acuerdo que cenamos y nos fuimos a descansar para encarar mañana la apertura de un nuevo tramo de la RP41 hacia el sur, uno de nuestros objetivos junto con asomarnos a la estancia Río Carbón, cabecera de alguna futura aventura por el oeste de la Meseta de la Muerte.

RUMBO A LA ESTANCIA RIO CARBÓN

Miércoles 22 de enero de 2020

Bastante después de este viaje, encontré en la página de AVP Santa Cruz mucha información de rutas provinciales existentes y en proyecto. En particular me interesó la RP41, que entre lo que está hecho y lo proyectado, recorre casi todo el oeste santacruceño pegada bastante al límite internacional. Como sin saberlo, le había puesto como título a este viaje, es «La otra ruta 40», sin saber que el proyecto ya existía, o mejor dicho tenia planeado existir.

En particular lo que haríamos mañana es algo parecido a lo que denominan «RP41f». Algo parecido porque la traza prevista, que está «sin abrir», recorrería el interior del PNPM en una zona intangible, donde por supuesto no nos iban a dejar ni asomar.

Pero en las fotos satelitales encontramos unas huellas que enhebrando algunas estancias permitirían hacer un recorrido paralelo bastante parecido.

El tramo en amarillo es la traza prevista por AVP Santa cruz (RP41f); en marrón es lo que nos propondríamos hacer, que nos evitaba ir hasta Las Horquetas (en rojo areografiado)

No nos levantamos muy temprano. Las caminatas de ayer, a las que no estábamos habituados, más un poco de vagancia, nos demoraron un poco.

Nos despedimos de los Lada y nos largamos a tratar de evitar volver hasta Las Horquetas para llegar a la estancia Río Carbón recorriendo solamente un lado del triángulo en lugar de dos, vadeando al menos dos ríos y transitando huellas desconocidas y probablemente abandonadas.

A poco de salir del parque nos desviamos hacia el sur buscando el vadeo del rio Belgrano en la estancia La Olguita. Ya no son rutas públicas sino huellas entre las estancias donde pudimos acceder gracias a los salvoconductos que siempre nos consigue Eduardo Lada en esas latitudes.

Vadeo del río Belgrano

Después de vadear el río, que aún llevaba bastante caudal para la época, seguimos por la costa sur del río Belgrano por una huella precaria y serpenteante que nos llevó hacia el este, hasta la primera estancia, La Perseverancia. Allí, con solo mencionar a Eduardo, nos dejaron pasar sin problemas.

Estancia La Perseverancia

Desde este punto, tras unos kilómetros de camino accesible (a esta estancia se llega normalmente por el sur desde Las Horquetas), giramos hacia el sudoeste por una huella completamente abandonada en dirección al río Lista. A medio camino encontramos un puesto de cierta importancia, en el mismo estado que la huella. Cerca del río Lista, esta había desaparecido por completo, seguramente debido a las crecidas, pero con algo de dificultad logramos llegar a un punto donde estimamos posible su vadeo.

El vadeo finalmente fue fácil y después de hacerlo, no había huella alguna que seguir; la única referencia era apuntarle a la próxima estancia, Kate Tony.

Vadeo del río Lista

En esa zona el rio recibe sobre una extensa planicie de cantos rodados, un afluente importante, el río Las Conchas y no hay nada marcado por dónde seguir.

Sin embargo, a lo lejos divisamos una especie de casa rodante en el medio de la nada y le apuntamos ahí. Aunque sea como guía, un precario sendero debería existir para llegar a ella.

Puesto-casa rodante abandonado cerca del río Las Conchas

Vadeamos sin dificultad el rio Las Conchas y llegamos a la casa rodante, que por supuesto estaba abandonada hacía mucho tiempo. Pero lo bueno es que había vestigios de una huella, casi borrada pero huella al fin, y que le apuntaba a Kate Tony.

La encaramos y a poco de andar y con bastantes dificultades, divisamos las instalaciones de esa estancia; ahora solo faltaba que no nos saquen a escobazos por llegar en forma inesperada.

Abrimos un par de tranqueras cercanas (en realidad atravesamos corrales) y ante la sorpresa de los paisanos, estacionamos las tres chatas frente lo que parecía una matera.

No recordaban que alguien hubiera llegado a Kate Tony por allí por muchos años.

Nos invitaron a tomar mate y les contamos de nuestras intenciones inmediatas de llegar estancia Rio Carbón para curiosear y para en el futuro intentar llegar hasta el lago San Martin por la Meseta de la Muerte desde allí. Uno de los paisanos había hecho a caballo este último tramo y nos alertó que tanto el terreno como el clima de la Meseta de la Muerte son bravos. Ya lo sabíamos pero no era parte de este viaje.

Tranqueras antes de llegar a Kate Tony
En la matera de Kate Tony

A partir de ahora circularíamos por rutas o huellas de tránsito más o menos permanente. Seguimos por un buen camino interno ripiado hasta encontrar la RP35, y de allí nos dirigimos a la zona de Tucu Tucu. Poco de después de pasar frente a estancia homónima, entramos en una huella más precaria que nos separaba 20 km de la estancia Rio Carbón pasando por la estancia La Florida y que de momento es el único tramo abierto de la RP41h, bordeando el arroyo Potrancas.

El paisaje es muy bonito pero es claro que pasa muy poco tráfico por aquí ya que la huella tiene algunos pasos complicados por falta de mantenimiento.

De Kate Tony a RP35
RP35 con rumbo oeste
Al oeste, montañas muy nevadas
Estancia Tucu Tucu
Estancia Tucu Tucu
Desvío a estancia Rio Carbón por RP41h
RP41h al inicio
Más RP41h
Rio Potrancas
Ya falta menos…
Estancia La Florida

Atravesamos la estancia La Florida y encaramos una larga y zigzagueante bajada al río Carbón que finalmente nos depositó el la remota estancia, donde la RP41 h termina por ahora y seguramente por mucho tiempo más.

Desde aquí al lago San Martin solo se registra un intento exitoso pero muy complejo y sacrificado de un par de chatas que lo hicieron. Rafael Sendra fue el héroe de esa expedición donde estuvieron a punto de dejar las chatas para siempre en el cañadón del río Fósiles.

Siempre tengo la esperanza de reeditar esa expedición, espero poder hacerlo alguna vez.

En estancia Rio Carbón nos atendió muy bien el puestero, contento de recibir visitas, lo que no es muy frecuente. Este si que es uno de los confines de la civilización.

Por supuesto nos hizo pasar y tuvimos una interesante y familiar ronda de mate, donde pudimos corroborar que por allí era el portal de entrada a la meseta de la Muerte, remontando los filos de los cerros que encajonan al río Carbón.

El valle del río Carbón
Llegando a la estancia Rio Carbón
Estancia Rio Carbón, lugar remoto si los hay
La casa del puestero
Mateando con el puestero
Los años que tiene esta lata!
Corral en el río Carbón
Rio Carbón, con muy poca agua este verano
La pasarela del río Carbón
Desde la pasarela del río Carbón
El cordon montañoso del fondo es donde se iniciaría el tramo sin abrir de la RP41h
Con un poco de zoom, esta es la montaña que hay que subir para empezar
la aventura por la Meseta de la Muerte

Como esto ya era el final de nuestro viaje y no era demasiado tarde, decidimos partir y acampar desandando un poco de camino, así mañana sería mas liviano el regreso. Habíamos visto un muy buen lugar en la estancia La Florida, al costado del arroyo Potrancas y así lo hicimos.

Aprovechamos un existente refugio precario de troncos y chapas para instalar la cocina y el comedor donde cenamos las fideos con tuco más deliciosos que recuerdo.

Rio Potrancas
Galpón de estancia La Florida
Lugar donde acampamos
El refugio que usamos para cocinar y cenar
Hermoso paisaje
Se venía una tormenta
Anochecer en el Potrancas, con pronóstico de lluvias
Prendiendo el fuego
Cocinado en el refugio
Cocinero en acción
El tuco marchando
El producto final 🙂

Mañana, después de un breve asomo al río Mayer, ya estaríamos de regreso hacia El Bolsón.

EXPLORANDO LA OTRA 40: LA NUEVA RP41

Lunes 20 de enero de 2021

La noche en Los Ñirres fue fantástica ya que había hecho mucho frío afuera; el calorcito del viejo y acogedor casco donde nos alojamos, cubiertos de gruesas y pesadas mantas, fue un placer.

Después  del desayuno, no quedó otro remedio que partir, aunque costaba dejar la grata compañía de Leo Sar. Por las dudas nos acompañó para marcarnos el siempre peligroso vadeo cambiante del río Oro y nos despedimos prometiendo volver a visitarlo alguna vez.

El regreso al lago Puyerredón fue tranquilo y sin problemas, disfrutando ahora de una perspectiva completamente diferente a la de la ida.

Antes de acometer la nueva RP41 nos fuimos a visitar el Puesto de  Gendarmería que es el punto más occidental que se puede avanzar junto al lago, donde una emocionante bandera argentina flameaba orgullosamente con el fuerte viento.

Ahora con nuevo piloto…
La huella del regreso después de vadear el Oro
Paisajes alucinantes
! Qué lugares !
Todo te deja boquiabierto
Asoma el lago Pueyrredón, desde el cañón del rio Oro
Bordeando el Pueyrredón
Pasamos frente a Suyai, ya volveríamos
Fin del camino, Gendarmería
Emocionante ver nuestra bandera allí

Al regreso, pasamos a saludar al abuelo materno de Leo Sar, que es el encargado de la estancia Suyai , a quien consultamos sobre la posibilidad de visitar la curiosa larga península  homónima que está frente a la administración de las cabañas y el camping de la estancia.

La estrecha y larga península que vimos adentrarse en el lago Pueyrredón era un canto de sirena imposible de desoír.

La habitual pesquisa, ayudada por la casualidad, nos proveyó la llave de un candado que nos permitió adentrarnos en el lago Posadas por una lengua de tierra de varios kilómetros de longitud  que en algunos casos no tiene más de 10 metros de ancho.

Estacionamos en su extremo, como si estuviéramos navegando en la proa de un enorme barco en las aguas del magnífico lago Pueyrredón.

Satisfechos con la experiencia  aunque  no del todo porque Julio y Pablito intentaron pescar desde el “medio” del lago pero no lograron nada. No habría truchas en la cena.

Estancia Suyai
Con el abuelo de Leo, una persona genial
Lago Pueyrredón, desde Suyai. Lo más cercano al paraíso
Transitando la península «Suyai»
Un poco más y nos sumergimos…
Muy fuerte haber podido llegar aquí
La estancia Suyai, desde la península
Con un poco de zoom, lo mismo

Cumplido el preciado objetivo de la península Suyai, salimos a buscar el inicio de la nueva RP41 y costó bastante hacerlo porque el cono de deyección del río Furioso durante el deshielo había borrado la huella durante estiaje haciendo honor a su nombre. Con mucha paciencia le buscamos la vuelta y encontramos el inicio del  caracol de subida que ya conocíamos del viaje anterior, cuando inauguramos allá por 2016 ese enlace al Parque Nacional Perito Moreno en modo offroad.

La subida por los caracoles, esta vez con luz diurna, nos proporcionó unas espectaculares vistas aéreas del lago Posadas y el lago Pueyrredón que no habíamos podido apreciar en 2016 cuando lo recorrimos de noche en bajada.

A derecha del peñón, el profundo cañón del río Furioso
Increíble tajo tallado por el río Furioso para abrirse paso al lago
Comienzo de la subida de la RP41
Muy transitada no estaba…
Los interminables caracoles con los dos lagos de fondo

El tramo inicial, existente de hace mucho tiempo, estaba un poco deteriorado por lluvias previas pero no ofreció ninguna dificultad, excepto  porque Elsa con sus problemitas de roscas zafadas y tuercas extraviadas nos hizo “mecaniquear” un poco.

Al llegar al Puesto del Águila, donde antes terminaba el camino, no encontramos al puestero a quien en 2016 habíamos hecho creer que estaba siendo invadido por extraterrestres desde el sur.

La huella, una vez arriba, estaba decente
Los paisajes, como siempre una locura
Puesto del Águila, no había nadie esta vez

A partir de allí seguía la nueva huella abierta por Vialidad Provincial de Santa Cruz y se develaría la incógnita si habían usado nuestra traza o algo nuevo.

A poco de andar nos dimos cuenta que la nueva traza de la RP41 había copiado muy poco de nuestro viaje inaugural de 2016. Seguramente pensando en el mantenimiento la desarrollaron por unos filos varios kilómetros al este de nuestro recorrido.

Nosotros nos habíamos subido al filo adyacente a las nacientes del río Belgrano, para después “tirarnos” por un valle con un arroyo que bajaba al puesto del Puesto del Águila; por el contrario la nueva traza gana altura bastante más al este, opción que  nosotros habíamos desechado debido a la gran cantidad de grandes rocas que nos hubiera costado esquivar, las que seguro no fueron problema para la motoniveladora de Vialidad Provincial.

También el rodeo de la laguna La Oriental lo hace por el lado opuesto por donde pasamos nosotros (nuestro famoso vadeo perimetral).

El único tramo más o menos coincidente fueron las bajadas a la laguna La Oriental (para nosotros subida) y hacia el Parque Perito Moreno, la cual fue suavizada bastante.

En 2016 habíamos transitado por el cauce del arroyo
Y por las montañas del oeste que se ven al fondo
La traza de la nueva ruta discurre por el este
El terreno es plano y firme pero es un muestrario de piedras muy grandes
Seguramente no fue gran problema para una topadora pero muy tortuoso para chatas
La bajada a la laguna La Oriental es casi la misma traza
La hermosa laguna La Oriental desde la bajada
El humedal al norte la laguna La Oriental
Las curiosas formaciones que flanquean la laguna
Las nubes dejan entrever que nos aproximamos al Parque Nacional Perito Moreno
A lo lejos y allá abajo el magnífico lago Belgrano y su impactante color turquesa

Al llegar al Parque, como corresponde nos fuimos a registrar, aunque algunos, para las estadísticas debíamos estar dentro todavía o bien haber sido declarados como desaparecidos. Recuerden que en 2016 varios salimos sin avisar por el camino que no existía. Nunca nos fueron a buscar 🙂

Faltaba el desembarco en La Oriental, el cual fue un operativo casi en secreto ya que estaba de único huésped el padrino y mecenas del Parque, el gringo Gil Butler, quien no quería intrusos mientras él estuviera alojado allí.

Nos acercamos al casco de La Oriental con la coartada perfecta: la entrega del horno eléctrico que nos había encomendado Eduardo Lada (estaba todo planeado de antemano). Su hija Rocío nos dio las instrucciones para acomodarnos en la parte de camping cuidando que no seamos vistos. Hubo que jugar a las escondidas como los chicos con Gil Butler y sus amigos…

Campamento en los fondos de La Oriental
Instalaciones del camping de La Oriental

Acampamos a resguardo de vistas indiscretas y nos atrincheramos en el quincho con cocina económica,  donde Elsa nos deleitó con su clásico guiso de lentejas Plus, regado por buenos vinos.

Y así terminó un largo día de malos caminos y excelentes paisajes.

EXPLORANDO LA OTRA 40: EL RIO ORO

Domingo 19 de Enero de 2020

<< LOS DIAS DE ENLACE

Amaneció un día estupendo y no tardamos mucho en ponernos en marcha, bordeando la costa norte del lago Posadas.

Primero un inevitable desvío para los que no conocían pudieran disfrutar del Arco de Piedra y de una vista clara de los infinitos caracoles de la cuesta de la nueva RP41 al alejarse hacia el sur.

Elsa y Jorge se habían vuelto al pueblo de lago Posadas con el objeto de reparar la cubierta pinchada la tarde anterior. Quedamos en encontrarnos en el río Oro más adelante.

Luego cruzamos el istmo que divide el lago Posadas y el lago Pueyrredón cruzando el puente del arroyo que desagua el primero rumbo al Pacífico.

Claramente esta zona pertenece a la cuenca del Pacífico y nos encontramos al oeste de la divisoria de aguas y al este de la línea de las altas cumbres, es decir en uno de las tantas anomalías que se generaron con la confusa redacción del Tratado de Límites de 1881, que por suerte nuestro apreciado Perito Moreno supo manejar para que esta zona sea argentina.

El complejo lacustre Posadas-Pueyrredón-Cochrane tiene una geografía muy curiosa. Para empezar, a diferencia de casi todos los lagos cordilleranos se orienta casi norte-sur en lugar de este-oeste.

Sus contornos son muy particulares: penínsulas muy estrechas lo compartimentan formado tres lagos en lugar de uno y los estuarios de los ríos lo invaden claramente con sus sedimentos, algunos glaciarios y otros más aluvionales.

Hay una península que divide completamente el lago Pueyrredón del lago Posadas, la cual se atraviesa en vehículo y donde un corto canal permite el desagote del Posadas al Pacífico. Dos ríos desembocan a los lagos desde el sur: el Furioso y el Oro.

El estuario del río Furioso en la época de lluvias y deshielo baja con enorme cantidad de sedimentos y piedras; en verano está casi seco y si bien no tiene agua, es difícil cruzarlo por ese motivo.

La costa suroeste del lago Pueyrredón alberga varias estancias y la ruta cruza a través de ellas por viejas arboledas de álamos que las protegen del viento

El estuario del río Oro, que desagua en el Pueyrredón, a diferencia del Furioso arrastra sedimentos glaciarios del Monte San Lorenzo, que le confieren el clásico aspecto lechoso a sus aguas. Según los lugareños es tan o más salvaje que el Furioso cuando crece.

Un poco más allá del río, aparece una singular península, que a falta de nombre, la llamaré Península Suyai por el nombre de la estancia que luego nos dio permiso para recorrerla. Es una increíble lengua de tierra de unos dos kilómetros de largo que inexplicablemente se adentra en el lago. Tambien tiene una el río Furioso pero no es tan clara de ver desde la costa.

Hay otra península más , cuyo extremo es límite internacional y de alguna manera divide la cuenca entre los lagos Cochrane y Pueyrredón.

A poco de cruzar el río Oro, un desvío hacia la izquierda de unos pocos kilómetros nos lleva al famoso cañón del río homónimo, el cual es un espectáculo majestuoso con sus paredes verticales de más de 100 metros de altura que obligatoriamente nos detuvo un buen rato para su contemplación.

La buena noticia fue que la huella seguía hacia arriba y estaba en buenas condiciones, coincidiendo con lo que habíamos relevado en las satelitales. Lo que no sabíamos era adonde nos llevaba así que antes de seguirla tomamos contacto radial con Elsa y Jorge para avisarles de nuestras intenciones.

La huella estaba buena pero no es muy transitada y hubo que abrir y cerrar varias tranqueras durante su recorrido. Los paisajes eran impagables y debido a que estaba nublado, no podíamos ver todavía el imponente monte San Lorenzo, el gigante que domina la zona.

En general la huella discurre por los faldeos del valle del río Oro pero algunos tramos estaban medio derrumbados y en varias ocasiones tuvimos que bajar hasta la vera del río mismo, el cual mostraba  caudal y velocidad llamativos. Si más adelante había que vadearlo podíamos tener algún problema o al menos podíamos tener derecho a dudas.

Una tranquera nos anunció que nos estábamos metiendo en la estancia Los Ñirres y poco más adelante ocurrió lo que suponíamos: la huella se terminó contra el río y no se veía claramente por dónde seguía, es decir no había un vadeo claramente marcado aunque se veía un casco de una estancia del otro lado.

Todavía no se nos habían unido Elsa y Jorge, así que nos abocamos a estudiar por donde acometer el cruce, que no se veía muy fácil.

Mientras recorríamos a pie buscando algún indicio vemos venir una chata a los lejos y lo que primero que pensamos fue que nos venían a sacar de los fundillos.

Si bien no habíamos cruzado ninguna tranquera cerrada, era claro que estábamos dentro del alguna propiedad privada, así que como es habitual, salimos a parlamentar con la cola entre las patas…

Y acertamos. Era el dueño de Los Ñirres,  Don Mario Sar, pero lejos de sacarnos volando se interesó en nosotros ya que poca gente se aventura por allí y estaba deseoso que se conozca la comarca.

Mario no solo es el dueño de Los Ñirres sino que también fue el propietario del Hotel de Bajo Caracoles y lo conocía por supuesto a Eduardo Lada, así que no tardamos mucho en compartir anécdotas de viajes de tiempos pasados.

Por supuesto nos alentó a seguir adelante hasta el casco de su estancia, donde nos ofreció alojamiento y también los servicios de su nieto Leo, para guiarnos hasta bastante cerca de la base del monte San Lorenzo y llegar incluso hasta Chile por un paso no habilitado que implica vadear mas de diez veces el río Oro aguas arriba.

Sin embargo nos alertó que respetáramos mucho al río Oro, ya que suele cambiar muy rápido su caudal y en ese caso se vuelve muy peligroso. Nos indicó muy bien por donde cruzarlo (nada que ver con nuestras presunciones) y nos volvió a recordar que no dejemos de seguir los consejos de su nieto al regresar, ya que la situación podía cambiar radicalmente en pocas horas.

Si bien Elsa y Jorge no estaban, Don Mario se dirigía a lago Posadas, así que sin duda los encontraría por el camino y les daría las instrucciones. Para cruzar el río era cuestión que nos avisarán por radio para ayudarlos ya que el casco de Los Ñirres estaba cerca del vado.

Cruzamos sin problemas (porque teníamos el dato) y nos adentramos en una zona boscosa rumbo al casco de la estancia, que no tardó en aparecer. Allí nos recibió muy atentamente Leo y su novia, quien tanto o más orgulloso que su abuelo nos contó todos los detalles de la zona y no tardó mucho en convencernos que debíamos quedarnos allí a pasar la noche.

Mientras tanto recibimos el llamado radial de Elsa, los fuimos a buscar para colaborar con el vadeo y cuando nos volvimos a reunir en el casco, ya habíamos decidido hacer la excursión al San Lorenzo con la guiada de Leo.

Por supuesto nos alertó que siempre se corre el riesgo de no poder volver inmediatamente si el río se enojaba, pero a esa altura del partido no nos íbamos a achicar.

Y salimos las cinco chatas, primero por una huella entre los bosques que finalmente nos depositó en el ancho cauce del río Oro, el cual vadearíamos múltiples veces ya que el “camino” era remontando su cauce. Leo nos contó que días atrás una chata con gente inexperta se la llevó el río porque al no conocerlo se dejaron atrapar y tuvo que ir a auxiliarlos con un tractor.

Seguramente porque Leo conoce como la palma de su mano el cauce del río, la verdad es que no corrimos peligro alguno y nos llegamos sin problemas al Puesto Muñoz, último lugar con pobladores antes del San Lorenzo, en un lugar de ensueño.

La nubosidad no nos dejó ver el San Lorenzo en toda su dimensión pero lo poco que nos mostró de su entorno alcanzó para deslumbrarnos: no hay que olvidar que tiene una altura de 3706 msnm y que nosotros estábamos a poco más de 1000 y muy cerca de su base.

Paisajes de la zona cercana al San Lorenzo

Nos quedaba avanzar un poco más y poner los pies en Chile para coronar el esfuerzo de llegar hasta estos recónditos lugares. Ahora la huella se metía de lleno dentro de zona boscosa, muy angosta y con fuertes pendientes donde evidentemente hay muy poco tránsito vehicular. La idea era llegar al hito fronterizo y luego volvernos.

En una de las detenciones para tratar de ubicar el hito sobre los cerros, sentimos un seco ruido metálico proveniente de la chata de Elsa al arrancar. Inmediatamente vemos que la rueda trasera izquierda perdía su vertical como cuando se rompe un palier así que temimos lo peor: ¿cómo carajo la sacábamos de aquí con semejante rotura?

Raudamente nos arrimamos a verificar el desastre mientras Elsa se «fumaba un Camel» mientras nos informaba que no sabía que había ocurrido todavía sin bajarse de la chata.

Bueno, por suerte no había rotura de palier. Lo que había ocurrido es que se había terminado de salir el último bulón de rueda que le quedaba y obviamente la rueda quiso seguir su libre albedrío por ahí. Menos mal que fue casi con la chata detenida y en un lugar seguro porque podría haber sido muy complicado si ocurría en alguna cuesta de cornisa o vadeando el río.

¿Qué había pasado? Recuerden que la tarde anterior habíamos reemplazado de apuro una rueda pinchada, la cual no se ajustó del todo ya que Elsa iba a ir al pueblo a reparala y colocar la rueda original. La cuestión que no encontraron gomería abierta y la rueda sin apretar siguió su curso como si lo estuviera, hasta que decidió irse por su cuenta. Moraleja: pase lo que pase, apretar siempre apretar a full las tuercas, total siempre habrá tiempo para aflojarlas.

Utilizando la clásica de sacar una tuerca de cada una de las otras ruedas, recompusimos rápido la situación aunque algunos filetes de roscas se resistían un poco porque al andar flojas durante mucho tiempo se habían deformado un poco.

Pasado el susto seguimos derecho a la frontera y tuvimos a la vista el hito que buscábamos, obviamente en la parte alta de un cerrito.

Por supuesto no podíamos volvernos sin la foto de haber llegado a él, así que emprendimos la caminata hasta allí y lo logramos rápidamente. Desde la altura pudimos comprobar que del lado chileno la huella se transforma en un camino más transitable, ya que desde allí salen las expediciones que intentan ascender al San Lorenzo.

El regreso fue tranquilo aunque se notaba que con el final del  día el río Oro como consecuencia de la mayor temperatura de la tarde había acrecentado un poco su caudal subiendo algunos centímetros su nivel respecto de la ida. Nada preocupante pero coincidía con las apreciaciones que nos había hecho Leo antes de aventurarnos por esa zona.

Volvimos al casco de Los Ñirres, donde ya nos había conseguido preparar las ocho camas, pudiéndonos dar una ducha caliente completamente inesperada.

En la cocina económica, que estaba a todo vapor ya que la temperatura exterior había bajado bastante, por la noche Julio y Sonia nos deleitaron con un excelente pollo al disco que estaba para chuparse los dedos.

Un inesperado y fantástico día de descubrimientos había llegado a su fin.

Mañana sería el turno de recorrer la nueva RP41 y llegar a la Oriental

EXPLORANDO LA “OTRA 40”: ENLACES DE IDA

17 al 25 de enero de 2020

PROLOGO

Este es uno de los tantos viajes anteriores a marzo 2020, que quedaron pendientes de escribir cuando se desató el tema pandemia cuando las preocupaciones pasaban por otro lado.

Fue el último viaje antes de la terrible situación que le tocó vivir a nuestra generación y que nos bloqueó por casi tres años. Nada fue igual después, empezando por muchos amigos que quedaron por el camino, empezando por la querida Raine Golab, compañera virtual de todos mis viajes.

Se trató de un recorrido muy interesante, del cual sin duda omitiré los detalles habituales porque cinco años es mucho tiempo para recordarlos. De todos modos lo intentaré. Vamos.

La apertura de un nuevo tramo de la RP41 al sur del lago Posadas fue un imán irresistible para elegir donde tomar una semana de vacaciones en mi querido sur.

El exitoso  y recordado intento de unir el lago Posadas y el Parque Nacional Perito Moreno allá por el lejano 2016, cuando todavía no había camino ni huella para vehículos de cuatro ruedas, nos proporcionó una poderosa razón para ir a ver por donde habían abierto el ahora camino público y si había coincidido o no con nuestra difícil incursión inicial.

Sobre esa base armamos un viaje que empezaría por investigar las nacientes del río Oro a los pies del gigante San Lorenzo, luego recorrería el nuevo trayecto desde el lago Posadas al Parque Nacional Perito Moreno, un par de días de descanso y algo de treking en dicho parque y luego intentaríamos “abrir” un paso directo hacia el sur hacia la zona de Tucu Tucu sin necesidad de salir hasta Las Horquetas para finalmente asomarnos a lo que alguna vez será el inicio de la gran aventura de llegar al lago San Martin por el oeste de la meseta de la Muerte.

Armamos un grupo de patagónicos fanáticos con Guillermo Loza y Elcira (Toyota Hilux), Julio Sastre y Sonia (Toyota SW4), Elsa Ons (Toyota Hilux), Jorge Cienfuegos (Toyota Prado) y el que escribe acompañado de su hijo, el flamante Dr. Pablo Juan Zerega en su viaje de egresado, con la Pampa 02.

Algunos quedamos en encontrarnos el sábado 18 por la mañana en Gobernador Costa ya que Guillermo y Julio saldrían de El Bolsón el mismo sábado y nosotros viajaríamos el viernes a la tarde después de una fugaz estadía por mi trabajo desde Puerto Madryn, donde hicimos noche el día jueves, que fue el día que utilizamos para viajar desde Florencio Varela. Elsa y Jorge viajarían desde Comodoro Rivadavia, ya que venían recorriendo la costa chubutense y se sumarían el sábado a la tarde directamente en Lago Posadas

El viernes por la mañana yo me dediqué a atender algunas cuestiones del laburo mientras  mi hijo anduvo caminando y disfrutando de una hermosa mañana de playa. Ya en ese momento empezaba a hablarse tímidamente de algo que podía ser una pandemia allá en la lejana China, en una cuidad, Wuhan que nunca habíamos escuchado antes.

Al mediodía nos fuimos para Trelew donde todavía me quedaba una breve reunión de trabajo y al final de la misma, ya liberado de todas las responsabilidades laborales, salimos hacia el lejano oeste chubutense.

En Gaiman nos detuvimos a saludar a mi amigo Eduardo Lada cuando nos enteramos que no iba a estar en la estancia La Oriental ya que se estaba recuperando de una dolencia física.

Como siempre, fue un placer compartir un rato con Eduardo y Sully (QEPD), lamentando no poder compartir la misma charla y el clásico asado en la estancia, mi lugar en el mundo.

Allí nos contó que justamente en la estancia iba a estar estaba su hija Rocío al mando, ya que un excéntrico magnate norteamericano, Gil Butler, que apadrina el Parque Nacional Perito Moreno iba a estar alojado con su comitiva inspeccionando que se hace con el dinero que dona para  su conservación y que normalmente no quiere que haya extraños merodeando mientras ellos permanecen allí. Cosas de los magnates.

No obstante iba a gestionar que aunque sea nos permitan acomodarnos en la zona de camping y por las duda nos encargó entregar un horno eléctrico que estaban esperando en la estancia como salvoconducto…

A eso de las tres de la tarde finalmente salimos con rumbo oeste sin destino prefijado. Sabiendo que debíamos encontrarnos a media mañana del día siguiente en Gobernador Costa, cualquier alternativa interesante para dormir por el camino la podíamos considerar sin problemas.

Sin apuro y disfrutando del paisaje se sucedieron Las Plumas, Los Altares, Paso de Indios y como no estábamos cansados, decidimos seguir derecho a Gobernador Costa pero lo hicimos por el desvío de ripio que lleva a José de San Martín, sin pasar por Tecka, atravesando las estribaciones norte de la Sierra Nevada.

Este camino es muy bonito, sube a un poco más 1000 msnm y hace entretenido y rápido el viaje, de modo que finalmente llegamos a destino, Gobernador Costa, casi de día.

Buscamos un hotel decente, nos alojamos y después, como no podía ser de otro modo, nos fuimos a cenar a lo de “El Petiso”, una legendaria  parrilla con menú fijo atendida por su dueño, el mismísimo Petiso, el cual te sirve lo que quiere sin preguntarte y la verdad que no es necesario, ni conveniente jajajajaja

Nos divertimos con una familia chilena que empezó a pedirle «variantes» del menú hasta que se hartó y les dijo amablemente que era lo que tenía o nada. Los chilenos se fueron enojados, sin entender de qué se trataba esto.

Como entrada te trae una olla de sopa donde te servís a voluntad y después vino de la casa acompañando un bife enorme con huevos fritos y salsa criolla, más papas hervidas y una ensalada. Todo en cantidades mayoristas.

Con todo esto no te queda lugar para postre, así que después de pagar una módica suma, nos fuimos derechito al sobre…

Sábado 18 de enero de 2020

El encuentro con los muchachos de El Bolsón se demoró un poco y se concretó cerca del mediodía así que con mi hijo nos dedicamos a retozar mientras recorrimos todos los rincones de Gobernador Costa mientras los lugareños ya nos saludaban como si hubiéramos vivido siempre allí. Al final recalamos en una especie de plaza con máquinas de ejercicio contra uno de los cerros y nos quedamos esperando allí, mateando y leyendo un poco con nuestras Kindle al solcito, que estaba precioso.

Al encontrarnos, cargamos combustible, compramos algunas cositas que faltaban para el pollo al disco previsto para la noche y salimos por la 40 con rumbo sur. Al pasar por Nueva Lubecka nos apuntamos que si teníamos tiempo a la vuelta había que encarar la RP23, una de las pocas chubutenses que todavía no recorrimos, la cual contornea y atraviesa la ignota Sierra Nevada, pasando por Buen Pasto.

Pasamos raudos por Rio Mayo, nos detuvimos en Perito Moreno para repostar combustible y continuamos a Bajo Caracoles, previa detención en la tranquera de la estancia La Vizcaína, puerta de acceso trasera del Parque Nacional Patagonia para verificar si tenía candado. Otro plan B por si acaso para el regreso.
(Fue Plan B pero cuatro años y medio después cuando fuimos a ver un eclipse solar)

En Bajo Caracoles dejamos la RN40 y tomamos la RP39 hacia el oeste rumbo a Lago Posadas, donde arribamos a media tarde.

Nos quedamos esperando a Elsa y a Jorge en la dirección de Turismo, donde hay señal de internet, verificando que habían salido de Perito Moreno no hacía mucho así que dejamos encendidas las radios para escuchar eventuales noticias al acercarse.

Al rato escuchamos a Elsa que habían roto una cubierta y que venían demorados, así que de algún modo nos quedamos tranquilos esperando. Tardaron bastante más de lo que suponíamos así que se nos complicó la ida acampar en la zona de la desembocadura del río Oro en la Estancia Suyai como habíamos planeado.

Era muy temprano para quedarse en el pueblo de Lago Posadas y muy tarde para corrernos hasta allá, sobre todo porque cayendo la noche nos perderíamos una parte de paisajes muy lindos .

Decidimos avanzar buscando algún lugar por el camino antes que nos sorprenda la oscuridad y eso ocurrió al acercarnos al mismísimo lago Posadas: una huella nos acercó a la costa del lago y pese al fuerte viento del oeste en su ribera, hallamos un razonable reparo entre los arbustos y hasta pudimos prender el fogón y cocinar algo la disco si mal no recuerdo.

Mientras nos acomodábamos, avisa Elsa por radio que había pinchado otra cubierta sobre la ruta, así que fuimos a ayudarla a cambiarla. Fue el inicio de una serie de problemas relacionados que más adelante contaremos: el apuro induce a cometer errores.

Arrullados por el viento y cansados de los largos enlaces del día, nos dormimos palpitando las aventuras del día siguiente en el río Oro.

ASOMO AL CERCANO OESTE

23 de noviembre de 2024

Esta vez se trata de una vueltita corta que me había quedado en el tintero. En estos primeros meses de 2025 me han sucedido algunas cosas (buenas y malas) y entonces no me ocupé de mantener actualizado mis habituales reportes. Pero todo se comienza a enderezar, así que Dios mediante, me volverán a leer con más frecuencia en poco tiempo.

Sábado por la mañana, preparamos el equipo de mate y unos sándwiches y le apuntamos a conocer un poco más de una zona que pese a ser cercana siempre tuvimos medio olvidada.

La idea era ir un poco más allá de Mercedes siguiendo algunas estaciones del CGBA y al regreso visitar alguna más que se atraviese por el camino.

Transitamos tranquilos el Acceso Oeste y al llegar a San Andrés de Giles, nos metimos a visitar la ciudad antes de introducirnos por los caminos de tierra del CGBA; por supuesto terminamos en la vieja estación de GILES, fuera de servicio y convertida en una dependencia municipal.

Ciudad muy vieja, con calles angostas, con edificios muy llamativos y con un clima de mucha tranquilidad. Igual la idea era irnos al campo así que sólo fue para satisfacer la curiosidad de una ciudad que nunca habíamos pisado. Seguramente da par recorrerla con más detalle.

Salimos de vuelta a la RN07 y buscamos el camino rural que nos llevaría a LA VALEROSA, una estación muy especial por ser de una construcción muy diferente a sus lujosas hermanas francesas.

El camino rural atraviesa hermosos trigales en pleno crecimiento con una escuela rural muy bien cuidada en un cruce de caminos antes de arrimarnos al objetivo ferroviario que está muy escondido dentro de la vegetación.

Al cruzar la traza ferroviaria, como un cuchillazo generado por la cuadrilla que patrulla las vías desde ESPORA, aparecen las vías en el medio de la vegetación. Dejamos la chata sobre el camino rural y nos metimos a buscar a LA VALEROSA con mucha ansiedad y a unos doscientos metros apareció ante nuestra vista.

Es una humilde estación construida de madera, en muy buenas condiciones para los cuidados que recibe y es completamente diferente a las lujosas francesas del CGBA que engalanaban el ramal. Debe haber sido un agregado imprevisto.

Nadie la habita directamente pero hay una vivienda algo más alejada donde había gente que parecía estar viviendo allí, a la cual le solicitamos permiso para curiosear y fotografiar. Fueron muy amables y no tuvieron problemas en concederlo.

Retomamos viaje con rumbo a ESPORA, que es una de la estaciones emblemáticas del CGBA ya que allí aún hay una base ferroviaria de la Asociación Amigos del Belgrano que intenta mantener lo que queda del ramal. No hay población a su alrededor, ni siquiera se puede rodear la estación por su cuadro.

Un viejo trabajador ferroviario, que aún conserva su puesto, vive allí y es lo que evita que se la vandalice como le ha ocurrido a muchas de ellas.

Receloso al principio, ya que casi nos vetó el acceso, cuando se dio cuenta de nuestras buenas intenciones se abrió a dejarnos curiosear y no paró de contarnos anécdotas de su pasado ferroviario. Estuvimos casi una hora con él narrándonos historias de la estación y personales con una pasión destacable.

Nos contó cuando alguien vino a querer comprarle los parantes artísticos del alero de la estación y él se negó rotundamente y también cuando se fue en una travesía en tren al norte que fue toda una aventura. Por suerte está en buenas manos

Seguimos viaje hacia TUYUTÍ por intrincados caminos rurales que en algún caso nos metieron en propiedades privadas donde no fuimos bien recibidos pese a habernos detenido para eventualmente solicitar permisos. Nada importante.

TUYUTÍ es un paraje que alguna vez tuvo población. Hoy parece vivir gente en la estación y en la calle frente a ella se destaca una capilla de Nuestra Señora del Pilar semi abandonada. También hay una casa importante de llamativa construcción (parece una casa típica patagónica) que luce desierta pero en buen estado y también algunas ruinas de algún caserío que no existe mas. No nos detuvimos salvo a sacar fotos desde lejos.

La siguiente fue GOUIN, que si es parte un pequeño poblado rural estable que ha renacido con el turismo rural de fines de semana. Todo el pueblo tiene ofertas gastronómicas y es un muy lindo lugar para pasar el día. La estación fue convertida en un restaurante que permite degustar sus platos en el andén mismo.

Tengo entendido que fue cedida a un matrimonio de emprendedores que se ha encargado de revivirla para esta nueva actividad.

En este paseo estábamos en modo correcaminos así que después de recorrer las calles del pueblo seguimos viaje pensando en el regreso a casa, aunque por supuesto, siempre aparece algo más a la pasada.

Así que buscando como salir por caminos de tierra a la RN05, terminamos pasando por algunas estaciones del Ferrocarril San Martín a lo largo de la RP42. Una de ellas fue GENERAL RIVAS, uno de esos tantos lugares que sólo conocía por los carteles ruteros.

Prolijo y viejo pueblo, de curiosa forma triangular tipo queso Adler, donde estacionamos frente a la iglesia y una bonita plaza, para comer nuestros frugales sándwiches de viaje.

Luego visitamos su estación, muy bonita y activa para pasajeros con un tren diario que une Retiro con Junín.

Horarios de trenes Retiro – Rivas

Por último antes de montarnos en la RN05 y emprender el regreso a casa, costeamos las vías unos kilómetros más y pasamos por FRANKLIN, otro pequeño poblado desconocido para mi, también con la misma curiosa forma de triangular que Rivas pero más pequeño y menos poblado.

Y así cerramos el paseo del sábado, previo rauda pasada por SAN JACINTO (No intenté entrar porque había leído que no eran muy amistosos sus ocupantes)

Hasta la próxima

MÁS SIERRAS Y MÁS SALINAS

28 de Julio de 2017

<< Ignotas sierras riojanas

Al día siguiente seguimos recorriendo la zona en modo norte sur, más recostados al oeste, sobre la parte mas alta del cordón serrano. Más o menos seguimos el curso de un arroyo con algo de agua y bastante arbolado, donde encontramos una sucesión continua de pobladores aislados.

Se fueron sucediendo paisajes muy bonitos, con mucha vegetación hasta desembocar en Villa Casana, un prolijo poblado bastante cerca de Tuani, pero al que accedimos después de un gigantesco rodeo.

Allí nos mencionaron la existencia de una cascada más al sur, que nos causó extrañeza por la escasez de agua en la zona de la cual tomamos nota y fuimos a ver. Como era de esperar era un modesto saltito de menos de un metro de altura, pero bueno, hay que ponerse en la perspectiva de la gente de la zona, que no tiene la suerte de conocer otras cosas.

Ahora dejamos la zona serrana para volver a la sal, a Pampa de las Salinas, donde teníamos previsto acampar. Pasamos por Chepes a repostar combustible y después a la pasada visitamos una de las estaciones ferroviarias adyacentes a ala RP143, REAL DEL CADILLO, la cual está ocupada pero nos mostró una interesante construcción de piedra.

Poco más adelante nos adentramos en el monte con el objeto de atravesar los Médanos Negros para llegar al salar de Mascasín y de allí ingresar por el norte a Pampa de las Salinas. Sorteando tranqueras y unos alambrados caídos pudimos avanzar bastante hacia el oeste pero un tenso y nuevo alambrado nos cerró el paso cuando todavía faltaba un buen trecho, así que abandonamos el intento después de mucho renegar con la vegetación y los arenales.

Volvimos al camino vecinal que hilvanando puestos nos llevó al poblado de Las Toscas y desde allí nos asomamos a la Pampa de las Salinas.

Como ya estábamos próximos al atardecer, buscamos un sitio adecuado sobre el borde mismo de las salinas sobre límite entre La Rioja y San Juan y armamos un maravilloso campamento mientras se preparaba una opípara cena enmarcada un en espectacular atardecer.

Al día siguiente, después de levantar el campamento, cruzamos la salina por su punta norte por una huella bien marcada que nos proporcionaba bastante seguridad, con destino a la «abertura» entre los médanos que limitan la salina por el oeste, la cual no es más que un río seco que las atraviesa en épocas de lluvias como afluente occidental de la salina.

Ya fuera de la salina, teníamos un objetivo difícil en las cercanías de Balde de Leyes, una curiosa formación vertical, que los motoqueros de Nestor Queralt bautizaron como «Pinga Parada» que hasta ahora sólo habíamos podido ver desde lejos.

Esta vez no fue muy diferente: si bien avanzamos bastante por ríos secos cada vez más estrechos, problemas en una de las chatas nos hicieron desistir dado lo tortuoso y lento de la aproximación.

Dejamos la zona ya que el tiempo para este viaje se comenzaba a acabar y al día siguiente teníamos que volver a casa.

Nos alcanzó el día para visitar la estación MASCASÍN y casi con la oscuridad sobre nosotros pudimos conocer EL CADILLO, un interesante trifinio en cuyo alrededor hay un pequeño pueblo con pobladores en tres provincias diferentes: Córdoba, La Rioja y San Luis. En las fotos siguientes podrán ver materializado el trifinio sobre el cruce de las dos calles centrales del pueblo.

Terminamos durmiendo en San Luis, en un lindo hotel sobre el dique La Huertita,

El regreso al Gran Buenos Aires lo hicimos por la AU55 de San Luis hasta Nueva Galia y luego por la RN 188, donde nos sorprendieron algunos importantes desvíos por las inundaciones a la altura de Rancul.

Así terminó este interesante viaje entre la sal y las sierras, allá por 2017, con lugares para volver en alguna otra oportunidad.

BUEN PASTO

03 de octubre de 2024

<< ANTES, EL ECLIPSE

Desayunamos en Rio Mayo alojados en el hotel AKATÁ, donde habíamos cenado muy bien la noche anterior.

El tiempo, ahora soleado y sin nubes, nos acompañaría en la aventura alternativa de asomarnos al lago Colhué Huapi, conocer el remoto Buen Pasto y luego intentar unir la RP23 con la RP24 cruzando el cordón de la Sierra Nevada.

Pesaba sobre nosotros la imagen del candado de la RP49c por lo cual el último objetivo era dudoso, pero igual encaramos con optimismo.

En la zona alrededor de Sarmiento hay muchos recorridos interesantes pero la mayoría de ellos requiere la autorización de los propietarios y la obtención de la llave de los candados. Se pueden intentar pero antes hay que hacer un largo trabajo de logística e investigación, que obviamente no habíamos realizado.

Por pura curiosidad, aunque sabíamos el resultado, antes de Sarmiento y sobre la RN26, arranca la llamada Huella del Medio, justo donde existía un viejo hotel demolido, de un nombre poco marketinero: Las Pulgas.

Esta huella era la antigua conexión de las carretas con la cordillera, pasando por Buen Pasto. Alejandro Aguado la ha descripto en muchos de sus posteos de Facebook y suena muy interesante ya que atraviesa varias viejas estancias con un enroscado desarrollo montañoso por la Sierra de San Bernardo.

Encontramos el arranque del sendero, pero justo allí una tranquera con una extraña cerradura con candado, anunciaba que se ingresaba al establecimiento Las Pulgas. Obviamente nos quedamos con las ganas.

Seguimos hasta Sarmiento bordeando el oeste del lago Musters y disfrutamos del verde del oasis generado por el pequeño delta del Río Senguerr al desaguar en el lago.

Cargamos combustible y nos largamos hacia el norte por la RP24, que bordea la cuenca seca del extinto lago Colhué Huapi.

Cuesta creer que la enorme extensión plana que se extiende hacia el este era un inmenso lago donde ahora sólo se ven grandes nubes de polvo arrastradas por el viento. Nos arrimamos a sus «costas» un par de veces para verificar de cerca lo que veíamos. Era así nomás…

Cuando se termina lo que queda del lago, se bifurca la RP24 y allí tomamos la RP23 hacia Buen Pasto y pronto apareció la costa norte del Musters en un neto contraste con su antiguo hermano de agua, ambos alimentados por el río Senguer.

La RP23 comenzó a internarse en la Sierra de San Bernardo para cruzarla y caer en el protegido y fértil valle de Buen Pasto. El típico paisaje patagónico de la meseta central de Chubut proporciona esa sensación inigualable de belleza y soledad que tanto me gusta.

Un remoto, pequeño y prolijo poblado con alrededor de 100 habitantes, a 914 msnm en plena meseta central patagónica, rodeada por la Sierra de Buen Pasto y la de las Hormigas. El clima tiene un gran rigor, muchas veces extremo; por el frío invernal, ciclos de sequías recurrentes y vientos intensos.

En lo personal este perdido pueblito tiene mucho significado porque era un recurrente tema de conversación con Raine Golab, ya que ambos nunca lo habíamos pisado. Me quedé siempre con las ganas de hacer un viaje con ella para conocerlo. No pudo ser.

El pueblo estaba desierto y pese a que recorrimos todas sus anchas calles de bloquecitos de hormigón, casi no vimos a nadie.

Dejamos Buen Pasto siguiendo la RP23 hacia el norte comenzando a costear la Sierra Nevada, dejándola a la derecha.

Por muchos kilómetros contemplamos consternados la enorme cantidad de guanacos y ovejas muertas que dejó el duro invierno de 2024. Muchos de ellos amontonados contra los alambrados que les impidieron seguir buscando el preciado alimento que pudiera mantenerlos vivos. Un panorama tan sobrecogedor que no nos animó a sacar foto alguna de la trágica situación.

Mas al norte, la Sierra Nevada justificó su toponimia, mostrando su pico más alto, que ronda los 1600 msnm, completamente blanco. A sus pies y a la orilla de una ignota laguna, paramos a almorzar y allí pudimos degustar los clásicos huevos con panceta de mi factura personal. No hay viajes del Pampa sin huevos con panceta.

Nos faltaba completar el objetivo de atravesar la Sierra Nevada por su extremo norte, uniendo la RP23 con la RP24 pero no sabíamos si era viable. Teníamos unos tracks pero eran algo difusos sobre las satelitales.

Si lo lográbamos, en pocas horas estaríamos en Paso de Indios muy temprano pero en caso contrario, estaríamos obligados a una larga vuelta por Gobernador Costa volviendo a la RN40 fugazmente, bien al oeste.

Apareció el desvío, poco transitado pero bien marcado y empezó la interminable apertura y cierre de tranqueras, donde Adriana lució sus conocimientos de tranquerismo. Encontramos primero varios puestos abandonados y luego a la vera de un cauce de un arroyo temporario con abundante agua, las primeras estancias en actividad, donde nos confirmaron que la huella era un camino vecinal público y que con paciencia llegaríamos a la RP24.

Siguió la incesante apertura y cierre de tranqueras y de este modo la enroscada huella nos fue llevando lentamente hacia la RP24. El objetivo inventado a último momento se había cumplido conociendo otra zona inexplorada de la meseta chubutense.

Recorrido del día

Era muy temprano para dormir en paso de Indios, así que decidimos llegarnos hasta Las Plumas y cenar y alojarnos en el Viejo Hotel

Llegamos a la tardecita y nos fuimos derecho a cenar, disfrutando de la despedida del viaje con la exquisita comida casera que sirve muy amablemente Marta.

Lo único que salió mal fue que cuando ocupamos las habitaciones no había agua para bañarse. Justo tuvimos la mala suerte que se quemó la bomba presurizadora central y pese a los esfuerzos de Marta y su esposo, no hubo forma de hacerla andar.

Pobres, ellos estaban mas preocupados que nosotros tratando de solucionar el problema y se deshacían en disculpas. Nos compensó con desayuno gratis por la mañana y todo quedó en una anécdota. Cosas que pasan.

Y así terminó el viaje del grupo de eclipsados, ya que al día siguiente cada uno siguió su propio rumbo. Nosotros pasamos por Puerto Madryn a visitar viejos amigos y desde allí volvimos a casa, parando a dormir en Macachín.

¡Otro viaje extraordinario con queridos amigos! 5516 km de felicidad y de bajo consumo. Bien la Ranger.

PD.: ¿Habrá otro eclipse que podamos ir a ver? Será en Patagonia en 2048, en una de esas llegamos… 🙂

PINTURAS RUPESTRES Y EL ECLIPSE

02 de octubre de 2024

<< VENIMOS DE PASO ROBALLOS

Salimos bien temprano de Estancia Suyai, sin saber muy bien todavía dónde sería el lugar adecuado para ver el eclipse.

El plan original que era ir a verlo en algún sitio de la línea de máximo oscurecimiento que corría aproximadamente entre Las Horquetas y San Julián, idealmente cerca de la estancia La María donde existen pinturas rupestres muy importantes; esta posibilidad se nos había diluido completamente ya que todos los pronósticos indicaban nubosidades entre el 60 y el 80% en esa zona y con estos números era un pecado haber hecho tantos kilómetros para no ver el eclipse.

Felizmente, los mismos pronósticos mostraban que más al norte, sacrificando un poco el porcentaje de oscurecimiento, la nubosidad bajaba hasta ser casi cero en Perito Moreno, límite para poder ver el anillo aunque sea un poco descentrado.

Nos encontramos de nuevo con el grupo en Lago Posadas y decidimos corrernos hasta Bajo Caracoles y allí decidir adonde dirigirnos. Ernesto había conseguido reparar a nuevo el tensor de la suspensión trasera y estaba otra vez en carrera.

Antes de salir nos anoticiamos que muy cerca del pueblo existían unas pinturas rupestres que podrían suplantar las que no veríamos en La María.

Recorrimos una precaria huella sin señalizar que arranca enseguida a la salida del pueblo hasta encontrar un imponente paredón donde dejamos las chatas y caminamos poco más de un kilómetro hasta ubicar la zona que nos habían informado. Costó encontrarlas pero al final lo logramos y valió la pena.

No son tantas como en la Cueva de las Manos pero hay una variedad interesante de formas y dibujos. desde el lugar se tiene una vista imponente del pueblo y del lago Posadas. La galería que sigue permite apreciar la afirmación anterior.

Cumplida esta misión nos dirigimos a Bajo Caracoles, donde Guillermo y Elcira nos esperaban con su motorhome. Antes de mediodía nos encontramos con ellos con lo cual el nutrido grupo de eclipsados se completó.

La novedad fue que contaban con una antena de Starlink, con lo cual teníamos acceso a Internet y podíamos tener datos online de la nubosidad.

Se confirmó que ir hacia el sur no era conveniente pero moviéndose un poco al norte había grandes probabilidades de éxito. La opción de la estancia La Vizcaína, que habíamos investigado ayer, se abrió como la mejor oportunidad ya que nos ponía en un sitio donde era posible ver el anillo con suficiente claridad.

Banda de visualización del eclipse: la línea central era el mejor lugar; finalmente lo vimos en el centro de la banda superior, cerca de la RN40

La caravana partió rauda hacia allí con el objeto de esperar el eclipse y de paso disfrutar de alguna de las comidas gourmet que Hugo había traído, tal como es su costumbre habitual.

Nos encontramos con Pedro, el dueño de la estancia, que estaba trabajando y salía para recorrer el campo y nos permitió establecernos al costado el casco al reparo del viento incesante.

Primero disfrutamos de un exquisito almuerzo con fideos y salsa boloñesa y después nos dispusimos a esperar el inicio del eclipse con máscaras de soldar, anteojos, trípodes y demás adminículos que cada uno había dispuesto al efecto.

A eso de las 16:30, a través de los filtros empezamos a ver como la luna empezaba a tapar al sol desde abajo hacia arriba. Lentamente lo fue cubriendo y a las 17:40 se pudo ver el espectacular delgado anillo concéntrico que buscábamos.

Si bien no se oscureció el día totalmente como si nos ocurrió en casos anteriores (La Rioja 2018 y Rio Negro 2021), se notó claramente la rara luminosidad que caracteriza a los eclipses, que genera esas extrañas sensaciones en quienes tuvimos la suerte de presenciarlos. La misión se había cumplido exitosamente!

El ciclo se completó unos 50 minutos después cuando la luna descubrió nuevamente el sol y todo volvió a la normalidad. Las siguiente secuencia de fotos muestra cómo fue evolucionando:

Lo novedoso fue que al tener Starlink, transmitimos en vivo el eclipse a todos nuestros amigos gracias al servicio generosamente prestado por Guillermo y Elcira 🙂

Levantamos campamento pero no pudimos despedirnos de Pedro y agradecerle su generosidad, pero le dejamos unas botellitas que seguro va a disfrutar…

En 2048 habrá otro eclipse del mismo tipo en esta misma zona, así que si llegamos vivos habrá otra oportunidad :). Por nuestra parte Adriana y yo tendremos apenas 89…

Nos quedaban unos días más en un itinerario que se había modificado debido a la nubosidad: el regreso por la costa había sido descartado, así que decidimos volver atrás y aprovechar para visitar el remoto pueblo de Buen Pasto y explorar la enigmática ruta P23 de Chubut, además de alguna otra sorpresa. Siempre guardo un as en la manga…

Terminamos yendo a dormir a la localidad de Rio Mayo, después de reservar hotel desde el medio de la nada gracias a Starlink.

Mañana sería el turno de conocer el postergado Buen Pasto

PASO ROBALLOS Y LAGO POSADAS

1 de octubre de 2024

<< VENIMOS DEL BOSQUE PETRIFICADO DE JARAMILLO

Con la incorporación de Adriana y Ernesto, la caravana de los eclipsados ya contaba con cinco vehículos, que partieron todos juntos hacia el sur con la idea de llegar a Lago Posadas, desde dónde en función de la nubosidad del día siguiente decidiríamos adonde dirigirnos.

El día sería un tranquilo paseo por los alucinantes paisajes que siempre depara la RP41 y de algún modo «descansar» del trajín de los días anteriores, ya que acumulábamos cerca de 3000 km en tres días.

RN40 hacia el sur, disfrutando de los paisajes coloridos del Río Pinturas hasta que pensando en las alternativas para el eclipse, entramos a preguntar si podríamos verlo dentro de la estancia La Vizcaína, donde alguna vez conocí al propietario y tiene buenos lugares para acceder a la meseta del lago Buenos Aires. Se acordó de los locos confluencieros del 2008 cuando hicimos LATITUD 48 y nos dijo que no tenía problemas en recibirnos. Ya teníamos reserva en ese lugar si hacía falta!

Pocos kilómetros después dejamos la RN40 y nos adentramos en la RP105, que te conduce por primero por paisajes de estepa, hasta encontrar el inmenso y aislado lago Ghío. donde las montañas hacen su aparición como prólogo del Paso Roballos.

La cantidad de nutridas manadas de guanacos en esta ruta es increíble. En todas las rutas patagónicas cruzar guanacos es algo común peronunca había visto tantos juntos.

Sólo en una manada que se nos cruzó contamos más de 100 ejemplares; seguramente la cercanía del Parque Nacional Patagonia, donde se encuentran protegidos, es un fuente inagotable de reproducción únicamente amenazada por la presencia de pumas, que indudablemente no alcanzan a balancear el número o tal vez se ocupan de las ovejas que son más fáciles de cazar.

El lago Ghío nos cautiva con su color turquesa y su vasta extensión a lo largo de la RP105. A medida que nos acercamos a la exquisita RP41, los paisajes se tornan aún más hermosos.

En el cruce de ambas rutas, nos reagrupamos y descubrimos que Ernesto tenía roto un tensor de la suspensión trasera. Aunque podía continuar, recomendamos que se dirigiera lentamente hacia Lago Posadas para repararlo y evitar riesgos. El resto del grupo seguiría hacia Paso Roballos y, posiblemente, subiríamos a la parte alta de la RP41 para experimentar la nieve que, en esta época del año, suele bloquear el camino. Sería la excusa perfecta para disfrutar de los paisajes de esta ruta escénica sin igual.

Efectivamente, llegamos hasta el Paso Internacional y en el regreso, cruzamos el río Roballos e iniciamos el ascenso. El clima, que había estado soleado, cambió repentinamente a nublado, comenzando con lloviznas y luego con aguanieve. No se veían huellas previas en el camino, señal de que nadie había pasado antes. La nieve acumulada desde el invierno se hizo presente a partir de los 1000 metros sobre el nivel del mar, y los bancos de nieve eran cada vez más grandes hasta que, al alcanzar los 1250 metros, ya no era seguro continuar sin asumir riesgos. Nos volvimos satisfechos.

Al descender, el clima volvió a cambiar y ahora fue el momento de las buenas fotos con el paisaje soleado.

la sorpresa fue un tremendo arco iris en el medio de las montañas que nos cautivó. Un regalo inesperado de la naturaleza.

No estábamos lejos de Lago Posadas y era temprano, así que optamos por la senda que te conduce directamente al istmo que separa el lago Posadas del Pueyrredón. Es una huella muy angosta y zigzagueante y muy entretenida que vale la pena hacer. El día se había vuelto soleado de nuevo.

Al llegar a La Angostura, nos dividimos. Adriana y yo habíamos tomado el compromiso de visitar a nuestros amigos de Suyai y eventualmente nos quedaríamos allí; los demás siguieron a Lago Posadas, donde tenían reserva de alojamiento y de paso se encontrarían con Ernesto. para ver si había solucionado su problema.

Quedamos en encontrarnos en Lago Posadas en la estación de Servicio a las 8:30 para decidir dónde veríamos el eclipse. Aquellos que se dirigieron directamente a Lago Posadas no pudieron resistirse a visitar el Arco de Piedra.

Aquellos que se dirigieron directamente a Lago Posadas no pudieron resistirse a visitar el Arco de Piedra; mientras tanto, nosotros optamos por quedarnos en Suyai, deleitándonos con un atardecer de ensueño y nos libramos de montar la carpa al encontrar justo un dormi disponible.

Fue un placer reencontrarnos con Roberto y su esposa, quienes, como siempre, nos brindaron momentos muy agradables de conversación. Siempre sentimos la necesidad de regresar a Suyai, otro de mis rincones favoritos en el mundo.

Aprovechando que teníamos internet estuvimos viendo adonde nos dirigiríamos mañana para ver el eclipse ya que por todos lados el pronóstico indicaba alta nubosidad, especialmente más al sur donde el oscurecimiento era máximo.

Mañana habría que decidir sobre la marcha, rumbo al eclipse.

LAS RP93 y RP49b&c y EL BOSQUE PETRIFICADO DE JARAMILLO

01 de octubre de 2024

<< VENIAMOS DE ACÁ

Nos levantamos temprano porque podríamos tener un largo día con complicaciones (lo que se cumplió) y entonces para las 8:30 estuvimos en orden de marcha. Esperábamos encontrar algo de barro en la RP93 porque la playa de la estación de servicio apareció toda encharcada y pensábamos esa podría ser la primera dificultad.

Siguiendo un tramo de la RN3 hacia el sur, tal como lo señalaba el GPS, tomamos la RP93 a través de una tranquera, la primera de muchas por abrir.

Aunque había llovido a unos 30 kilómetros al norte durante la noche en Fitz Roy, aquí solo quedaban rastros de una ligera garúa, lo que dejaba a nuestras huellas como las únicas visibles. Por lo menos, sabíamos que éramos los primeros en pasar ese día.

El primer tramo discurre por una extensión muy plana llamada Pampa del Tongoril y luego comienza a internarse por cañadones donde se encuentran escondidos cascos de estancias, a reparo del viento que aquí es amo y señor.

Cruzamos varios de ellos pero a medida que avanzábamos la calidad de la ruta se iba degradando hasta convertirse en una sendero precario y muy poco transitado, atravesado por cauces temporarios que lo deterioran permanentemente.

Esta ruta es rara vez transitada por turistas, ya que si bien conduce a través de un camino largo, agreste e incierto hacia el Bosque Petrificado de Jaramillo, al existir un acceso más directo y civilizado y directo por la RP49b, los turistas optan por este último.

Por lo tanto, su uso se restringe principalmente para llegar a las estancias y fue temporalmente transitada durante la construcción de la línea eléctrica de 500 kV cercana, evidencia de ello son los caminos secundarios que aún subsisten para acceder a cada torre, semejantes a cicatrices que se resisten a desaparecer.

¿Quienes se le animan? Nosotros!

Casi llegando a la RP49, un gran cauce de un rio seco había destrozado lo que quedaba de la RP93 y tuvimos que ingeniarnos un poco para atravesarlo, pero sin esfuerzos extraordinarios. Los paisajes empiezan a convertirse en alucinantes.

Ya en la RP49b, acceso natural al Bosque Petrificado de Jaramillo, nos encontramos con una perfecta ruta ripiada hasta el lugar donde están los guardaparques, en el acceso a la extensa Laguna del Bajo Grande, cementerio de los enormes troncos convertidos en piedra.

Por supuesto, nos detuvimos a conversar con el guardaparque, que nos impartió la charla introductoria y después fuimos a recorrer a pie el sendero que te conduce a la contemplación de los grandes troncos pétreos.

Adriana y yo conocemos el lugar desde 2006, pero siempre es agradable redescubrir estas cosas. Es ciertamente extraño pensar que hubo un bosque tropical en esta área, pero las evidencias son irrefutables.

Hay que tener en cuenta que sólo se puede acceder a una pequeña porción del parque a través de este sendero pero que el área protegida total es muy extensa y de momento es intangible. Según el guardaparque hay lugares donde se pueden encontrar hasta hojas petrificadas…

Otra vez se presenta la paradoja de vedar el acceso a todos para cuidarlo para las generaciones futuras que tampoco nunca lo van a poder ver, según este particular criterio conservacionista.

Toda esta gran depresión, el bajo de la Laguna Grande, que de vez en cuando se inunda, está dominado por el curioso cerro Madre e Hija, que hace las veces de guardián omnipresente de la zona.

Continuamos por la RP49b hacia el oeste con el objeto de salir a la RP12, pero a partir de aquí, si bien no es mala, no tiene el cuidado y mantenimiento del tramo entre la RN3 y el parque.

Realmente esperábamos algo mucho más áspero, ya que recordaba haber visto un cartel en la RP12 donde alertaba la peligrosidad del camino por curvas y fuertes pendientes además de la recomendación «SOLO 4×4». Nada que ver, cualquier vehículo alto lo puede transitar con precauciones normales.

Se trata de un típico camino secundario patagónico que primero asciende hasta salir del bajo, proporcionando una hermosa vista del parque hacia el este y luego transita entre pequeñas pampas y cañadones accediendo a distintas estancias, mientras manadas de guanacos se cruzan permanente y peligrosamente ante nosotros.

Llegamos a la RP12 completando el tramo b de la RP49; ahora subimos unos kilómetros hacia el norte con el objetivo de encarar el desconocido tramo c de la RP49 y de ese modo, unir la RP12 con la RP39.

Este tramo de 138 km no está en los mapas de la AVP aunque figura en el nomenclador vial con 74 km sin abrir. Por supuesto lo revisamos en las satelitales y la huella era visible en todo su recorrido y atravesaba a priori zonas muy interesantes con foco en la meseta El Pedrero; lo que no habíamos podido determinar era si las tranqueras tendrían candados y en que estado se encontraría la traza después del crudo invierno de 2024 con sus pesadas nevadas y posteriores deshielos. Pero, como buenos exploradores que somos, la íbamos a intentar de todos modos.

En el arranque, en la intersección de la RP12 y la 49c, casi fracasamos sin recorrer un solo metro: una tranquera con candado impedía el paso pero lo que había después era una ruta recién construida, bien enripiada y hasta con guardarraíles nuevitos: raro.

A simple vista, a unos 1000 metros se veía la estancia La Huella. Claudio y yo pateamos hasta allí para ver qué onda: No había nadie, ni siquiera perros aunque no lucía abandonada del todo.

Casi rendidos, se nos ocurrió recorrer los alambrados sobre la RP12 y a unos cientos de metros al sur encontramos una huella que permitía esquivar la tranquera sin romper nada.

Tal vez no era la mejor decisión teniendo por delante 138 km pero las ganas pudieron más y pisamos el inicio de la RP49c obviando la tranquera.

Los primeros diez kilómetros, como ya les expresé eran los de un ruta moderna recién abierta y en excelentes condiciones como esperando la inauguración pero paulatinamente se fue degradando a una huella de un solo carril, casi sin tránsito. Lo bueno era que se sucedieron multitud de tranqueras sin candado, lo que nos volvió optimistas respecto al futuro.

Lenta pero firmemente nos íbamos adentrando en geografías cada vez más interesantes y cambiantes ya que el precario sendero se desarrollaba zigzagueante por cañadones, esquivando pequeñas montañas de formas llamativas.

El plan era avanzar hasta un rato antes de anochecer y acampar en algún lugar remoto en el medio de la nada porque a ese ritmo no íbamos poder llegar a Bajo Caracoles ó Lago Posadas. Se preveía una noche de campamento con algunos grados bajo cero pero veníamos preparados.

Sin embargo, sucedió lo inesperado: después de casi 60 km, casi la mitad del recorrido, una tranquera con candado y un nuevo y tenso alambrado nos cortó la ilusión. Teníamos marcada en el mapa la estancia Cerro Argentino a unos cinco kilómetros más adelante pero siendo las 17:30, no era viable hacer esa caminata con resultado incierto.

¡Cómo extrañamos no haber llevado una bicicleta para poder hacer el intento!

Con la cola entre las patas, tuvimos que abortar el intento justo donde la huella prometía lugares impactantes. Pusimos en marcha el plan B, que era retomar la RP12 hasta Pico Truncado y de allí la RP43 hasta Perito Moreno.

Esto, si bien era más aburrido y cansador, no alteraba los planes del día siguiente, que eran llegarnos hasta Lago Posadas vía Paso Roballos.

Por otro lado, nos brindaba la oportunidad de deleitarnos con los paisajes asombrosos que revela la RP12 en esa región, cerca del desolado Puesto Policial Las Sierras. Al observar las geoformas multicolores, resulta sencillo visualizar castillos y palacios como los de los cuentos infantiles.

Estaba bastante despareja la RP12 al atravesar el valle del río Deseado pero llegamos sin problemas hasta Pico Truncado, desde donde hicimos las reservas de alojamiento en Perito Moreno, donde llegamos cerca de las 22:30.

En Perito Moreno estaban también Adriana y Ernesto, que habían sufrido una fuerte nevada (¿?) sobre la RN3 después de Garayalde y tuvieron que chapalear barro en la RP37 para llegar a Pampa del Castillo.

Cena rápida en el mismo hotel y a dormir para encarar el día siguiente, que sin bien era un tranquilo enlace, empezaba la preocupación por acertar donde habría poca nubosidad en los cielos para observar el eclipse.

Nos vemos en Paso Roballos y alrededores

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