Nueva versión del viejo sitio www.Lodelpampa.com.ar

Autor: Pampa (Página 1 de 6)

Hombre multifunción, si los hay. Capaz de ir manejando, te va diciendo cuanto falta para el destino fijado, cómo se llama el accidente geográfico que estamos transitando según IGM, te cuenta la historia del puestero que se ve allá lejos, al que lo llamó por teléfono para pedirle permiso, mientras va buscando la llave de 10 mm para ajustar el soporte del chirimbolo que guardó adentro del farol que se saca abriendo la guantera, corriendo el pitutito que hace que no se caiga el soporte del gps. Todo eso mientras te ceba un terrible mate helado con su típico gorrito Adidas color violeta.
Y si necesitas una clampetita para el transbalador delantero, pedísela en medio de alguna desolada meseta, que él tiene una.
Asi es Pampa.
Y así lo queremos.

LAS ESTACIONES PERDIDAS DEL PATAGONICO ENTRE SAO Y VIEDMA

14 de enero de 2024

Después de la aventura de conocer Mina Gonzalito y de haber cenado algún mejillón con plomo, seguimos nuestro derrotero de regreso a casa, el cual de aquí en más sería estrictamente ferroviario.

En una primera tanda, intentaríamos visitar las intermedias entre San Antonio Oeste y Viedma. es decir las cuatro estaciones «militares» y la de nombre extraño : General Lorenzo Vintter, Nueva León, Vicealmirante Eduardo O’Connor, General Liborio Bernal y General Nicolas Palacios.

En rigor, la primera de todas, GENERAL LORENZO VINTTER, no la visité en este viaje sino que lo hice unos años atrás, en un viaje en solitario con Pampa 01 viniendo de Puerto Madryn, pero como no la publiqué, me pareció oportuno integrarla aquí.

Abriendo una tranquera desde la RN03 me arrimé las vías y después las seguí por una huella inexistente entre el alambrado y el terraplén para encontrar la abandonada estación.

VINTTER tiene la particularidad que fue una estación de transferencia con el ramal de las remolachas, que en formato trocha angosta, se había construido para sacar la producción de azúcar del ingenio San Lorenzo, del cual me ocupé en una entrada anterior.

Por este motivo era una estación importante con una gran playa de maniobras bitrocha y donde vivía mucha gente que trabajaba en las tareas de mantenimiento y descarga. Mientras el ingenio estuvo vivo debió haber muchísima actividad, ya que en uno de sus edificios hasta había una importante Usina.

Saque muchas fotos de detalle que las pueden ver en el carrusel que sigue:

Hecho el paréntesis del pasado, en este viaje primero intentamos entrar desde la RN03 por una tranquera a Nueva León, pero un candado nos lo impidió. Una pena porque estábamos a sólo cuatro kilómetros.

Unos quince kilómetros más adelante por la RN03 tomamos por la ruta ripiada que lleva a Caleta de los Loros y Bahía Creek y de ese modo nos arrimamos a las vías, desde donde había dos tranqueras de alambre que al menos en principio, permitían apuntarle a Nueva León o a Vicealmirante O’Connor, a 16 y 24 kilómetros respectivamente.

Pese a que por lo curioso del nombre teníamos ganas de ir a ver Nueva León, la resignamos porque nos iba a introducir mucha demora. Ya habrá otra oportunidad…

Por ahora les adelanto que el curioso nombre de esta localidad remite a la fracasada Gobernación de Nuevo León, que fuera el nombre que, en recuerdo del reino de León, se le dio a la Patagonia en el año 1536 por parte del conquistador Simón de Alcazaba y Sotomayor. No tengo idea porque quedó mezclada con las estaciones «militares» del ramal.

Tampoco sabíamos si llegaríamos a Eduardo O’Connor pero decidimos ir en la dirección de regreso a casa. Dio bastante trabajo porque abrimos varias precarias tranqueras sobre una nueva claramente en desuso que además tenía muchos lugares con barro de alguna reciente lluvia y en varios puntos la vegetación se cerraba acariciando agresivamente a Pampa 03.

Pero le pusimos garra y VICEALMIRANTE O’CONNOR apareció sorprendiéndonos por la magnitud de las edificaciones, la mayoría de ellas, construidas con durmientes como si fueran gigantescos ladrillos.

Indudablemente fue un gran centro de alojamiento de las cuadrillas de obras y vías, ya que la mayoría parecen ser viviendas. Además tiene varías vías de desvío como para estacionar varios trenes a la vez.

También había construcciones de mampostería y muy curiosamente, la más modesta era la estación propiamente tal, que es de madera y conserva su cartel identificatorio.

Alguien vive aquí pero cuando pasamos no había nadie, así que no pudimos consultar sobre como salir de allí sin desandar camino, por lo que nos arriesgamos a seguir hacia la próxima, LIBORIO BERNAL.

La huella fue tan mala como la que habíamos hecho pero seguíamos abriendo precarias tranqueras con muy poco uso con la esperanza de no encontrar candados.

Y así logramos llegar a esta estación, mejor dicho, a lo poco que queda de ella.

Tiene una rara disposición ya que hay un pequeño edificio en ruinas muy alejado de las vías, que posiblemente haya sido vivienda, mientras que la estación, como ocurre en otras de este ramal, podría ser un vagón de madera, al que le quitaron los trenes rodantes para dejarlo fijo al suelo.
El vagón está literalmente destruido; lo único en pie es un canjeador de fundición, que está casi inalterado.

A este punto no íbamos a recular y correríamos el riesgo de desandar muchos kilómetros más siguiendo hacia NICOLAS PALACIOS; la misma tónica, es decir huella sin pisar y apertura de tranqueras de alambre. La particularidad de esta estación es que queda muy cerca de una ruta por lo que la chance de una tranquera con candado nos tenía bastante preocupados, más que nada por la eventual demora.

Llegamos a la estación, donde además de un edificio que debió ser una importante escuela, encontramos solo ruinas, un vagón abandonado y repitiendo el esquema de la anterior, el edificio de la estación de nuevo es un vagón de madera acondicionado sin ruedas. En este caso está bastante entero disputando la sobrevivencia con el canjedor de fundición, similar al de Liborio Bernal.

Aquí no vive absolutamente nadie y es uno de esos lugares donde se disfruta intensamente de la profunda soledad patagónica que venía acompañándonos en estos páramos tan remotos.

Ahora venía la hora de la verdad, que era salir al la ruta provincial. Y la suerte estuvo de nuestro lado ya que la tranquera estaba abierta!

Habíamos logrado costear las vías por más de 60 kilómetros sin quedar atrapados y casi logramos todos los objetivos sin contratiempos.

Salimos a la RN03 para retomar el regreso, siendo nuestro próximo y último desvío algunas estaciones más al norte de Carmen de Patagones, previo paso a comer unos sándwiches a la vera del río Negro.

La seguimos ACÁ

MINA GONZALITO

13 de enero de 2024

Terminada la primera tanda de estaciones faltantes sobre la RN23 del tren Patagónico donde ahora sólo me faltan visitar dos estaciones y dos apeaderos entre Bariloche y San Antonio Oeste, era demasiado temprano para no hacer algo más antes de alojarnos en el puerto donde preveíamos una cena con mariscos en el reconocido restaurante Olaf.

No hay mucho entre Valcheta y San Antonio Oeste pero si uno busca, siempre algo hay.

Ese algo terminó siendo el recuerdo de un cartel sobre la RN3 que siempre me había llamado la atención y que por su posición geográfica siempre me había quedado pendiente por quedar a contramano de mis destinos: MINA GONZALITO.

Esta vez, con un «pequeño» desvío en Aguada Cecilio y Sierra Pailemán, pasar a asomarnos a la mina, quedaba más o menos en la ruta. Y allá fuimos.

La RP58 hasta Sierra Pailemán está muy buena, con mucho tránsito de camiones que traen piedra caliza para la planta de ALPAT que produce carbonato de sodio, desde una cantera que está reemplazando a la antigua cercana a Aguada Cecilio, todavía en operación.

El carbonato de sodio además de utilizarse para las industrias del vidrio, cerámica y jabón es el compuesto más demandado durante el proceso de producción del carbonato de litio a partir de salmueras, ya que es el insumo necesario para precipitar el litio. Esto tiene relación directa con la reciente rehabilitación del tramo ferroviario entre Carmen de Patagones y Bahía Blanca, ya que Tren Patagónico, está llevando este insumo hasta el norte argentino a través de la red, según se puede leer en el siguiente vínculo: https://www.bariloche2000.com/noticias/leer/litio-el-carbonato-es-una-gran-unidad-de-negocio-para-el-tren-patagonico/151523

Continuamos luego por un atajo desde Sierra Pailemán hacia Gonzalito, también utilizado para acceder al PCCA (Proyecto Conservación del Cóndor Andino, donde regularmente se hacen sueltas de cóndores, el cual ya no está tan transitado y hay que andarse con cuidado porque tiene muchas zanjas por cortadas de agua de lluvias.

Cuando este atajo se acerca a la RP61, que une la RN3 y Arroyo Los Berros, aparece lo inesperado, el abandonado y gigantesco proyecto minero Mina Gonzalito..

A diferencia de la mina La Angela que habíamos conocido el día anterior, esta quedó como lo dejaron al abandonarla, es decir que no se hizo remediación alguna, solo vandalismo artificial y erosión natural.

A simple vista, el área afectada era y es muy grande, apreciándose diques de cola secos, acopios de materiales, estructuras metálicas y tanques oxidados que el viento sacude y hace gemir lastimosamente.

Como me viene ocurriendo en todo este viaje, al estar improvisando destinos, no estaba al tanto al detalle de lo que se podía encontrar y termino haciéndolo en casa a medida que voy mirando las fotos. Al momento de la visita, no sabía ni siquiera qué minerales se explotaban aquí.

Les cuento que se trató de una mina que comenzó a operar en la década de 1950 extrayendo Plomo y Zinc, operada por una empresa denominada Geotécnica S.A., que obviamente desapareció cuando el negocio dejó de ser rentable, allá por 1982.

El yacimiento fue descubierto por un tal Gonzalo Corchado, luego Comisionado de Fomento de Arroyo Ventana, de donde supongo derivó el nombre del emprendimiento.

Al principio, durante los primeros años, solamente se extraía mineral a cielo abierto mediante tajos y socavones de hasta 9 metros de profundidad y a medida que se fueron agotando este tipo de reservas, se transformó en una explotación subterránea con chimeneas y piques de casi 200 metros de profundidad, con galerías horizontales de hasta 300 metros de desarrollo.

La cuestión es que en la década de 1960 la actividad subterránea se consolidó y entonces la necesidad de mano de mano de obra también, llegando a establecerse aquí, en este desierto infernal, más de 300 familias, conformándose de la nada en una población estable.

Se radicaron obreros bolivianos, chilenos, peruanos y del norte argentino, para llevar adelante la sacrificada labor. Expertos en minas llegaron desde distintos puntos del país, para sumarse a los extranjeros, conformando así un extraño y pintoresco pueblo multicultural.

Aquí en la mina, además de la extracción de los minerales, se hacía un primer procesamiento de concentrados de plomo y zinc, que explica las ruinas de instalaciones industriales dispersas por todo el predio, para luego ser trasladados a una planta de fundición en San Antonio Oeste.

El día que estuvimos allí hacía 37°C y pese a que por suerte no había viento, era difícil pensar establecerse para vivir aquí. Imaginen esto unos 70 años atrás, sin pavimentos cercanos (el asfalto de la RN3 llegaba lastimosamente a Bahía Blanca), sin comunicaciones, sin servicios de salud, sin agua potable y seguramente en condiciones durísimas de trabajo, no solamente por el esfuerzo y la paga, sino por las medidas de seguridad en el trabajo.

Sin embargo, en un grupo de Facebook «Mina Gonzalito somos todos», creado en 2022, el cual volvió a reunir a viejos pobladores y sus descendientes, pude leer muy interesantes testimonios donde todos recuerdan con cariño y nostalgia los buenos momentos que pasaron allí. Que diferentes son las perspectivas de las personas, según la vida que nos tocó llevar!

La gran cantidad de edificios, destechados y vandalizados, confirma la importancia de la población en su apogeo.

Todo lo anterior podría ser lo bueno de este emprendimiento, pero después de su cierre en la década de 1980, sobrevivieron los desastres ambientales, que aún permanecen como cicatrices abiertas, cuya arista visible inmediata es la cerrada oposición de las cercanas poblaciones de las provincias de Rio Negro y Chubut a los proyectos mineros. Mina Gonzalito es uno de los argumentos mas sólidos que esgrimen.

¡ Cuanto vale una explotación minera cuidadosa, controlada y sustentable y cuanto daño hace algo mal hecho!

Geotécnica creó ese pueblo y su partida lo hizo desaparecer, dejando el yacimiento con todos sus contaminantes al libre albedrío, con pozos abiertos que son un peligro, con estructuras a punto de caerse y cosas por el estilo. Remediación ambiental cero.

Transcribo parte de un artículo publicado en el diario Rio Negro hace un tiempo, que resume la situación

Pero Mina Gonzalito encierra muchos peligros reales hoy mismo: el pique, los químicos, los pozos. Hasta la inmensa cantidad de hierros y chapas herrumbradas son un riesgo concreto. Para el Derecho Civil, quien genera el daño debe prevenir sus efectos. O repararlos. Podrá decirse, como descargo, que cuando Geotécnica se retiró los usos y costumbres no incluían las normas actuales de seguridad y medio ambiente. O, tal vez, que está en una de las zonas de más baja densidad de la provincia. Hasta llama la atención que el camino que pasa por el medio de lo que fueron mina y aldea –y que vincula Sierra Pailemán con la Ruta 3– ni siquiera esté señalado en el mapa que el Estado de Río Negro entrega en las oficinas de Turismo. Aunque lo recorran cientos de personas cada año para asistir en setiembre a la suelta de cóndores, esa ceremonia ecologista por naturaleza. No está señalado ni con línea de puntos. Como si Mina Gonzalito no existiera. Como si, al obviarla, no correspondiera preguntar qué hicieron en los últimos 30 años los responsables del área de Medio Ambiente para exigir que se remedie el área, para prevenir que personas o animales sufran perjuicios. En otro país, Mina Gonzalito sería evidencia de un pasado del cual es posible aprender. Hasta podría ser un atractivo turístico, debidamente acondicionada con rejas que eviten caer en el pique o alambrados que demarquen las áreas peligrosas. Con cartelería que contara su historia, fechas, nombres, datos técnicos, que explicara de dónde vinieron y a dónde fueron las personas que habitaron en esas casas y se ganaron la vida trabajando en ese lugar. Aquí no. Está así, abierta, expuesta y a la vista. Con su soledad y su presencia humana. Como delatando las acciones. Y las omisiones

Diario rio negro

Lamentablemente el daño no fue sólo en el yacimiento, incluso el más grave fue en la misma ciudad de San Antonio Oeste, al depositar millones de kilos de material cargado de plomo y otros metales pesados cerca de la zona urbanizada y la ría.

Estudios realizados en 1995 revelaron niveles elevados de plomo, cinc y cadmio en la Bahía San Antonio. Diez años después, se descubrió que los mejillones de la ría contenían plomo, lo que llevó a la sospecha de contaminación en la población.

Se formó un equipo multisectorial para analizar la situación, y las pruebas realizadas en 200 niños en 2005 mostraron que casi el 20% tenía niveles de plomo en sangre superiores a lo aceptado por la OMS. A pesar de las promesas de remediación, en 2012 se encontró que más del 40% de los niños aún tenían niveles elevados de plomo. La promesa de remediación nunca se cumplió, dejando a la población afectada y las consecuencias de la minería irresponsable persisten.

Nos fuimos de este impensado destino, con la satisfacción de haberlo conocido y con el sabor amargo de su historia.

Ahora, a cenar y descansar en San Antonio Oeste. Pedí mariscos pero de haber sabido todo esto no hubiera elegido mejillones…

Nos vemos en la próxima, otra vez montados a los rieles del Tren Patagónico entre San Antonio y Viedma

CUATRO ESTACIONES DEL SUR BONAERENSE

14 de enero de 2024

Luego de las estaciones intermedias entre San Antonio Oeste y Viedma, todavía nos quedaron tiempo y ganas de visitar algunas más antes de regresar a casa.

Apenas dejamos Carmen de Patagones entramos por caminos de tierra a seguir las vías con rumbo a Bahía Blanca.

Lo primero que encontramos fue el poblado de CARDENAL CAGLIERO, un damero de diecisiete manzanas a la vera del ferrocarril, con poco menos de 100 habitantes. A este lugar llegó el ferrocarril el 11 de noviembre de 1913.

Sin embargo, la fecha emblemática de la localidad es el 16 de diciembre.

Ese día de 1949, el entonces gobernador bonaerense Domingo Mercante decidió profundizar la política de desarrollo agropecuario resolviendo un problema de tierras fiscales en todo el distrito con un proyecto de colonización en esa zona en la perspectiva de contar con regadío y bajo el apotegma del general Perón de “dar la tierra a quien la trabaja”.

Llevó el nombre del expedicionario salesiano Juan Cagliero, quien tuvo que lidiar con el general Roca para convencerlo de su misión evangelizadora.

El pueblo fue testigo de un gran actividad económica como producto de grandes cosechas de trigo, explotación ganadera y de una salina que cuya concesión se mantiene en la actualidad.

Alrededor de 2010, las sequías generaron voladuras terribles de arena de los campos deforestados para cultivar en toda la zona de Patagones y con ello se perdieron enormes cosechas de trigo en los campos en actividad por la acumulación de arena sobre los mismos cultivos y sobre las instalaciones agrícola-ganaderas.

Las vías también se cubrieron de arena y obligaron a Ferrobaires a cortar totalmente los servicios el 3 de abril de 2011; el tren de los sábados que era utilizado por los pueblerinos para llegar a Patagones durante el fin de semana se perdió y así se ganó el aislamiento de este apartado poblado.

Continuamos siguiendo las vías, que hacen un gran curva para esquivar la salina. Un viejo mapa del IGM marcaba un DESVIO SALINERO que debía cruzar el camino pero no lo vimos.

Testarudos, nos detuvimos en las cercanías y al buscar sobre las vías entre los altos pastizales lo encontramos: había una modesta cabina de chapa de un metro cuadrado que en su interior albergaba las palancas de cambios y también una curiosa señalización de chapa y las piezas especiales de vías para el desvío. Es lo único que quedó para la historia.

Aprovechamos para sacar fotos de la salina de Piedra, ya que estábamos elevados sobre el terraplén.

Seguimos, ahora con rumbo a JOSE BENITO CASAS, un pueblo todavía más pequeño que el anterior pero con la particularidad que está de paso hacia Bahía San Blas y entonces recoge algo de su movimiento turístico. Tiene apenas unos cuarenta habitantes aunque supo tener muchos más cuando la explotación agrícola no estaba tecnificada y los granos se embolsaban en lugar de acopiarse en silos. La estación es calcada a la de Cagliero.

Nos quedaba una visita más dentro de nuestro plan, la localidad de STROEDER.

Los días previos había llovido y el enlace nos hizo atravesar unas cuantas lagunas; al acercarnos pudimos apreciar una construcción muy importante y llamativa.

Se trataba de unos enormes silos con elevadores que construyó la Junta Nacional de Granos (JNG). No encontré casi nada de información ni de antes ni de ahora. La JNG fue disuelta en 1993 y no pude saber que destino tienen actualmente estas enormes construcciones, si es que tienen alguno. No parecen abandonadas.

STROEDER tiene unos 2000 habitantes y tiene un aspecto muy acogedor y pujante, aunque parece tener problemas de abastecimiento de agua que la complican diariamente. Contrasta notablemente con CASAS y CAGLIERO.

A diferencia de la mayoría de los pueblos, STROEDER nació antes de la llegada del ferrocarril. Se fundó en 1905 y el tren llegó recién en 1911. La estación es muy importante y tiene sectores con planta alta como otras bonaerenses como Libres del Sur, Nicolás Escribano, Arturo Vatteone, Lin Calel, El Zorro, etc.

Dejamos nuestro periplo ferroviario por este viaje ya que no teníamos mas tiempo de vacaciones. Tomamos la RN3 y ya sin parar seguimos hasta Coronel Pringles, donde nos alojamos a última hora del día.

Al día siguiente, en unas horas llegamos a casa poniendo fin a este intenso y hermoso viaje relámpago al sur de 4549,7 km en 8 días.

CUATRO ESTACIONES DEL SUR BONAERENSE

14 de enero de 2024

Luego de las estaciones intermedias entre San Antonio Oeste y Viedma, todavía nos quedaron tiempo y ganas de visitar algunas más antes de regresar a casa.

Apenas dejamos Carmen de Patagones entramos por caminos de tierra a seguir las vías con rumbo a Bahía Blanca.

Lo primero que encontramos fue el poblado de CARDENAL CAGLIERO, un damero de diecisiete manzanas a la vera del ferrocarril, con poco menos de 100 habitantes. A este lugar llegó el ferrocarril el 11 de noviembre de 1913.

Sin embargo, la fecha emblemática de la localidad es el 16 de diciembre.

Ese día de 1949, el entonces gobernador bonaerense Domingo Mercante decidió profundizar la política de desarrollo agropecuario resolviendo un problema de tierras fiscales en todo el distrito con un proyecto de colonización en esa zona en la perspectiva de contar con regadío y bajo el apotegma del general Perón de “dar la tierra a quien la trabaja”.

Llevó el nombre del expedicionario salesiano Juan Cagliero, quien tuvo que lidiar con el general Roca para convencerlo de su misión evangelizadora.

El pueblo fue testigo de un gran actividad económica como producto de grandes cosechas de trigo, explotación ganadera y de una salina que cuya concesión se mantiene en la actualidad.

Alrededor de 2010, las sequías generaron voladuras terribles de arena de los campos deforestados para cultivar en toda la zona de Patagones y con ello se perdieron enormes cosechas de trigo en los campos en actividad por la acumulación de arena sobre los mismos cultivos y sobre las instalaciones agrícola-ganaderas.

Las vías también se cubrieron de arena y obligaron a Ferrobaires a cortar totalmente los servicios el 3 de abril de 2011; el tren de los sábados que era utilizado por los pueblerinos para llegar a Patagones durante el fin de semana se perdió y así se ganó el aislamiento de este apartado poblado.

Continuamos siguiendo las vías, que hacen un gran curva para esquivar la salina. Un viejo mapa del IGM marcaba un DESVIO SALINERO que debía cruzar el camino pero no lo vimos.

Testarudos, nos detuvimos en las cercanías y al buscar sobre las vías entre los altos pastizales lo encontramos: había una modesta cabina de chapa de un metro cuadrado que en su interior albergaba las palancas de cambios y también una curiosa señalización de chapa y las piezas especiales de vías para el desvío. Es lo único que quedó para la historia.

Aprovechamos para sacar fotos de la salina de Piedra, ya que estábamos elevados sobre el terraplén.

Seguimos, ahora con rumbo a JOSE BENITO CASAS, un pueblo todavía más pequeño que el anterior pero con la particularidad que está de paso hacia Bahía San Blas y entonces recoge algo de su movimiento turístico. Tiene apenas unos cuarenta habitantes aunque supo tener muchos más cuando la explotación agrícola no estaba tecnificada y los granos se embolsaban en lugar de acopiarse en silos. La estación es calcada a la de Cagliero.

Nos quedaba una visita más dentro de nuestro plan, la localidad de STROEDER.

Los días previos había llovido y el enlace nos hizo atravesar unas cuantas lagunas; al acercarnos pudimos apreciar una construcción muy importante y llamativa.

Se trataba de unos enormes silos con elevadores que construyó la Junta Nacional de Granos (JNG). No encontré casi nada de información ni de antes ni de ahora. La JNG fue disuelta en 1993 y no pude saber que destino tienen actualmente estas enormes construcciones, si es que tienen alguno. No parecen abandonadas.

STROEDER tiene unos 2000 habitantes y tiene un aspecto muy acogedor y pujante, aunque parece tener problemas de abastecimiento de agua que la complican diariamente. Contrasta notablemente con CASAS y CAGLIERO.

A diferencia de la mayoría de los pueblos, STROEDER nació antes de la llegada del ferrocarril. Se fundó en 1905 y el tren llegó recién en 1911. La estación es muy importante y tiene sectores con planta alta como otras bonaerenses como Libres del Sur, Nicolás Escribano, Arturo Vatteone, Lin Calel, El Zorro, etc.

Dejamos nuestro periplo ferroviario por este viaje ya que no teníamos mas tiempo de vacaciones. Tomamos la RN3 y ya sin parar seguimos hasta Coronel Pringles, donde nos alojamos a última hora del día.

Al día siguiente, en unas horas llegamos a casa poniendo fin a este intenso y hermoso viaje relámpago al sur de 4549,7 km en 8 días.

LAS ESTACIONES PERDIDAS DEL PATAGONICO ENTRE SAO Y VIEDMA

14 de enero de 2024

Después de la aventura de conocer Mina Gonzalito y de haber cenado algún mejillón con plomo, seguimos nuestro derrotero de regreso a casa, el cual de aquí en más sería estrictamente ferroviario.

En una primera tanda, intentaríamos visitar las intermedias entre San Antonio Oeste y Viedma. es decir las cuatro estaciones «militares» y la de nombre extraño : General Lorenzo Vintter, Nueva León, Vicealmirante Eduardo O’Connor, General Liborio Bernal y General Nicolas Palacios.

En rigor, la primera de todas, GENERAL LORENZO VINTTER, no la visité en este viaje sino que lo hice unos años atrás, en un viaje en solitario con Pampa 01 viniendo de Puerto Madryn, pero como no la publiqué, me pareció oportuno integrarla aquí.

Abriendo una tranquera desde la RN03 me arrimé las vías y después las seguí por una huella inexistente entre el alambrado y el terraplén para encontrar la abandonada estación.

VINTTER tiene la particularidad que fue una estación de transferencia con el ramal de las remolachas, que en formato trocha angosta, se había construido para sacar la producción de azúcar del ingenio San Lorenzo, del cual me ocupé en una entrada anterior.

Por este motivo era una estación importante con una gran playa de maniobras bitrocha y donde vivía mucha gente que trabajaba en las tareas de mantenimiento y descarga. Mientras el ingenio estuvo vivo debió haber muchísima actividad, ya que en uno de sus edificios hasta había una importante Usina.

Saque muchas fotos de detalle que las pueden ver en el carrusel que sigue:

Hecho el paréntesis del pasado, en este viaje primero intentamos entrar desde la RN03 por una tranquera a Nueva León, pero un candado nos lo impidió. Una pena porque estábamos a sólo cuatro kilómetros.

Unos quince kilómetros más adelante por la RN03 tomamos por la ruta ripiada que lleva a Caleta de los Loros y Bahía Creek y de ese modo nos arrimamos a las vías, desde donde había dos tranqueras de alambre que al menos en principio, permitían apuntarle a Nueva León o a Vicealmirante O’Connor, a 16 y 24 kilómetros respectivamente.

Pese a que por lo curioso del nombre teníamos ganas de ir a ver Nueva León, la resignamos porque nos iba a introducir mucha demora. Ya habrá otra oportunidad…

Por ahora les adelanto que el curioso nombre de esta localidad remite a la fracasada Gobernación de Nuevo León, que fuera el nombre que, en recuerdo del reino de León, se le dio a la Patagonia en el año 1536 por parte del conquistador Simón de Alcazaba y Sotomayor. No tengo idea porque quedó mezclada con las estaciones «militares» del ramal.

Tampoco sabíamos si llegaríamos a Eduardo O’Connor pero decidimos ir en la dirección de regreso a casa. Dio bastante trabajo porque abrimos varias precarias tranqueras sobre una nueva claramente en desuso que además tenía muchos lugares con barro de alguna reciente lluvia y en varios puntos la vegetación se cerraba acariciando agresivamente a Pampa 03.

Pero le pusimos garra y VICEALMIRANTE O’CONNOR apareció sorprendiéndonos por la magnitud de las edificaciones, la mayoría de ellas, construidas con durmientes como si fueran gigantescos ladrillos.

Indudablemente fue un gran centro de alojamiento de las cuadrillas de obras y vías, ya que la mayoría parecen ser viviendas. Además tiene varías vías de desvío como para estacionar varios trenes a la vez.

También había construcciones de mampostería y muy curiosamente, la más modesta era la estación propiamente tal, que es de madera y conserva su cartel identificatorio.

Alguien vive aquí pero cuando pasamos no había nadie, así que no pudimos consultar sobre como salir de allí sin desandar camino, por lo que nos arriesgamos a seguir hacia la próxima, LIBORIO BERNAL.

La huella fue tan mala como la que habíamos hecho pero seguíamos abriendo precarias tranqueras con muy poco uso con la esperanza de no encontrar candados.

Y así logramos llegar a esta estación, mejor dicho, a lo poco que queda de ella.

Tiene una rara disposición ya que hay un pequeño edificio en ruinas muy alejado de las vías, que posiblemente haya sido vivienda, mientras que la estación, como ocurre en otras de este ramal, podría ser un vagón de madera, al que le quitaron los trenes rodantes para dejarlo fijo al suelo.
El vagón está literalmente destruido; lo único en pie es un canjeador de fundición, que está casi inalterado.

A este punto no íbamos a recular y correríamos el riesgo de desandar muchos kilómetros más siguiendo hacia NICOLAS PALACIOS; la misma tónica, es decir huella sin pisar y apertura de tranqueras de alambre. La particularidad de esta estación es que queda muy cerca de una ruta por lo que la chance de una tranquera con candado nos tenía bastante preocupados, más que nada por la eventual demora.

Llegamos a la estación, donde además de un edificio que debió ser una importante escuela, encontramos solo ruinas, un vagón abandonado y repitiendo el esquema de la anterior, el edificio de la estación de nuevo es un vagón de madera acondicionado sin ruedas. En este caso está bastante entero disputando la sobrevivencia con el canjedor de fundición, similar al de Liborio Bernal.

Aquí no vive absolutamente nadie y es uno de esos lugares donde se disfruta intensamente de la profunda soledad patagónica que venía acompañándonos en estos páramos tan remotos.

Ahora venía la hora de la verdad, que era salir al la ruta provincial. Y la suerte estuvo de nuestro lado ya que la tranquera estaba abierta!

Habíamos logrado costear las vías por más de 60 kilómetros sin quedar atrapados y casi logramos todos los objetivos sin contratiempos.

Salimos a la RN03 para retomar el regreso, siendo nuestro próximo y último desvío algunas estaciones más al norte de Carmen de Patagones, previo paso a comer unos sándwiches a la vera del río Negro.

La seguimos ACÁ

MINA GONZALITO

13 de enero de 2024

Terminada la primera tanda de estaciones faltantes sobre la RN23 del tren Patagónico donde ahora sólo me faltan visitar dos estaciones y dos apeaderos entre Bariloche y San Antonio Oeste, era demasiado temprano para no hacer algo más antes de alojarnos en el puerto donde preveíamos una cena con mariscos en el reconocido restaurante Olaf.

No hay mucho entre Valcheta y San Antonio Oeste pero si uno busca, siempre algo hay.

Ese algo terminó siendo el recuerdo de un cartel sobre la RN3 que siempre me había llamado la atención y que por su posición geográfica siempre me había quedado pendiente por quedar a contramano de mis destinos: MINA GONZALITO.

Esta vez, con un «pequeño» desvío en Aguada Cecilio y Sierra Pailemán, pasar a asomarnos a la mina, quedaba más o menos en la ruta. Y allá fuimos.

La RP58 hasta Sierra Pailemán está muy buena, con mucho tránsito de camiones que traen piedra caliza para la planta de ALPAT que produce carbonato de sodio, desde una cantera que está reemplazando a la antigua cercana a Aguada Cecilio, todavía en operación.

El carbonato de sodio además de utilizarse para las industrias del vidrio, cerámica y jabón es el compuesto más demandado durante el proceso de producción del carbonato de litio a partir de salmueras, ya que es el insumo necesario para precipitar el litio. Esto tiene relación directa con la reciente rehabilitación del tramo ferroviario entre Carmen de Patagones y Bahía Blanca, ya que Tren Patagónico, está llevando este insumo hasta el norte argentino a través de la red, según se puede leer en el siguiente vínculo: https://www.bariloche2000.com/noticias/leer/litio-el-carbonato-es-una-gran-unidad-de-negocio-para-el-tren-patagonico/151523

Continuamos luego por un atajo desde Sierra Pailemán hacia Gonzalito, también utilizado para acceder al PCCA (Proyecto Conservación del Cóndor Andino, donde regularmente se hacen sueltas de cóndores, el cual ya no está tan transitado y hay que andarse con cuidado porque tiene muchas zanjas por cortadas de agua de lluvias.

Cuando este atajo se acerca a la RP61, que une la RN3 y Arroyo Los Berros, aparece lo inesperado, el abandonado y gigantesco proyecto minero Mina Gonzalito..

A diferencia de la mina La Angela que habíamos conocido el día anterior, esta quedó como lo dejaron al abandonarla, es decir que no se hizo remediación alguna, solo vandalismo artificial y erosión natural.

A simple vista, el área afectada era y es muy grande, apreciándose diques de cola secos, acopios de materiales, estructuras metálicas y tanques oxidados que el viento sacude y hace gemir lastimosamente.

Como me viene ocurriendo en todo este viaje, al estar improvisando destinos, no estaba al tanto al detalle de lo que se podía encontrar y termino haciéndolo en casa a medida que voy mirando las fotos. Al momento de la visita, no sabía ni siquiera qué minerales se explotaban aquí.

Les cuento que se trató de una mina que comenzó a operar en la década de 1950 extrayendo Plomo y Zinc, operada por una empresa denominada Geotécnica S.A., que obviamente desapareció cuando el negocio dejó de ser rentable, allá por 1982.

El yacimiento fue descubierto por un tal Gonzalo Corchado, luego Comisionado de Fomento de Arroyo Ventana, de donde supongo derivó el nombre del emprendimiento.

Al principio, durante los primeros años, solamente se extraía mineral a cielo abierto mediante tajos y socavones de hasta 9 metros de profundidad y a medida que se fueron agotando este tipo de reservas, se transformó en una explotación subterránea con chimeneas y piques de casi 200 metros de profundidad, con galerías horizontales de hasta 300 metros de desarrollo.

La cuestión es que en la década de 1960 la actividad subterránea se consolidó y entonces la necesidad de mano de mano de obra también, llegando a establecerse aquí, en este desierto infernal, más de 300 familias, conformándose de la nada en una población estable.

Se radicaron obreros bolivianos, chilenos, peruanos y del norte argentino, para llevar adelante la sacrificada labor. Expertos en minas llegaron desde distintos puntos del país, para sumarse a los extranjeros, conformando así un extraño y pintoresco pueblo multicultural.

Aquí en la mina, además de la extracción de los minerales, se hacía un primer procesamiento de concentrados de plomo y zinc, que explica las ruinas de instalaciones industriales dispersas por todo el predio, para luego ser trasladados a una planta de fundición en San Antonio Oeste.

El día que estuvimos allí hacía 37°C y pese a que por suerte no había viento, era difícil pensar establecerse para vivir aquí. Imaginen esto unos 70 años atrás, sin pavimentos cercanos (el asfalto de la RN3 llegaba lastimosamente a Bahía Blanca), sin comunicaciones, sin servicios de salud, sin agua potable y seguramente en condiciones durísimas de trabajo, no solamente por el esfuerzo y la paga, sino por las medidas de seguridad en el trabajo.

Sin embargo, en un grupo de Facebook «Mina Gonzalito somos todos», creado en 2022, el cual volvió a reunir a viejos pobladores y sus descendientes, pude leer muy interesantes testimonios donde todos recuerdan con cariño y nostalgia los buenos momentos que pasaron allí. Que diferentes son las perspectivas de las personas, según la vida que nos tocó llevar!

La gran cantidad de edificios, destechados y vandalizados, confirma la importancia de la población en su apogeo.

Todo lo anterior podría ser lo bueno de este emprendimiento, pero después de su cierre en la década de 1980, sobrevivieron los desastres ambientales, que aún permanecen como cicatrices abiertas, cuya arista visible inmediata es la cerrada oposición de las cercanas poblaciones de las provincias de Rio Negro y Chubut a los proyectos mineros. Mina Gonzalito es uno de los argumentos mas sólidos que esgrimen.

¡ Cuanto vale una explotación minera cuidadosa, controlada y sustentable y cuanto daño hace algo mal hecho!

Geotécnica creó ese pueblo y su partida lo hizo desaparecer, dejando el yacimiento con todos sus contaminantes al libre albedrío, con pozos abiertos que son un peligro, con estructuras a punto de caerse y cosas por el estilo. Remediación ambiental cero.

Transcribo parte de un artículo publicado en el diario Rio Negro hace un tiempo, que resume la situación

Pero Mina Gonzalito encierra muchos peligros reales hoy mismo: el pique, los químicos, los pozos. Hasta la inmensa cantidad de hierros y chapas herrumbradas son un riesgo concreto. Para el Derecho Civil, quien genera el daño debe prevenir sus efectos. O repararlos. Podrá decirse, como descargo, que cuando Geotécnica se retiró los usos y costumbres no incluían las normas actuales de seguridad y medio ambiente. O, tal vez, que está en una de las zonas de más baja densidad de la provincia. Hasta llama la atención que el camino que pasa por el medio de lo que fueron mina y aldea –y que vincula Sierra Pailemán con la Ruta 3– ni siquiera esté señalado en el mapa que el Estado de Río Negro entrega en las oficinas de Turismo. Aunque lo recorran cientos de personas cada año para asistir en setiembre a la suelta de cóndores, esa ceremonia ecologista por naturaleza. No está señalado ni con línea de puntos. Como si Mina Gonzalito no existiera. Como si, al obviarla, no correspondiera preguntar qué hicieron en los últimos 30 años los responsables del área de Medio Ambiente para exigir que se remedie el área, para prevenir que personas o animales sufran perjuicios. En otro país, Mina Gonzalito sería evidencia de un pasado del cual es posible aprender. Hasta podría ser un atractivo turístico, debidamente acondicionada con rejas que eviten caer en el pique o alambrados que demarquen las áreas peligrosas. Con cartelería que contara su historia, fechas, nombres, datos técnicos, que explicara de dónde vinieron y a dónde fueron las personas que habitaron en esas casas y se ganaron la vida trabajando en ese lugar. Aquí no. Está así, abierta, expuesta y a la vista. Con su soledad y su presencia humana. Como delatando las acciones. Y las omisiones

Diario rio negro

Lamentablemente el daño no fue sólo en el yacimiento, incluso el más grave fue en la misma ciudad de San Antonio Oeste, al depositar millones de kilos de material cargado de plomo y otros metales pesados cerca de la zona urbanizada y la ría.

Estudios realizados en 1995 revelaron niveles elevados de plomo, cinc y cadmio en la Bahía San Antonio. Diez años después, se descubrió que los mejillones de la ría contenían plomo, lo que llevó a la sospecha de contaminación en la población.

Se formó un equipo multisectorial para analizar la situación, y las pruebas realizadas en 200 niños en 2005 mostraron que casi el 20% tenía niveles de plomo en sangre superiores a lo aceptado por la OMS. A pesar de las promesas de remediación, en 2012 se encontró que más del 40% de los niños aún tenían niveles elevados de plomo. La promesa de remediación nunca se cumplió, dejando a la población afectada y las consecuencias de la minería irresponsable persisten.

Nos fuimos de este impensado destino, con la satisfacción de haberlo conocido y con el sabor amargo de su historia.

Ahora, a cenar y descansar en San Antonio Oeste. Pedí mariscos pero de haber sabido todo esto no hubiera elegido mejillones…

Nos vemos en la próxima, otra vez montados a los rieles del Tren Patagónico.

TRES ESTACIONES DESCONOCIDAS DEL TREN PATAGÓNICO

14 de enero de 2024

Después de la ajetreada noche del campamento en Somuncurá, amanecimos como en otra dimensión: una mañana esplendida, sin una sola nube y sin nada de viento, como para que disfrutemos de nuestros últimos de la meseta antes de bajar a Prahaniyeu y de allí dirigirnos a Los Menucos.

En Los Menucos repusimos combustible y comimos algo mientras nos aturdían los loros que se juntaban a miles en los árboles de la YPF del ACA.

Seguimos por la RN23 con destino final San Antonio Oeste pero teníamos que ver si continuábamos completando la colección de estaciones del Tren Patagónico, de las cuales nos faltan pocas.

Una de ellas es Teniente Maza, para la cual hay que tomar el camino a un emprendimiento minero de bentonita y al cruzar las vías, aparece el viejo apeadero, dónde sólo sobreviven el anden de material, unos contrapisos de alguna pequeña edificación, un aljibe pequeño y un poste del telégrafo.
Ni rastros de los carteles.

Teniente Maza recuerda a uno de los oficiales muertos durante la Campaña al Desierto. En planos topográficos del mayor Jacobo Wysoschi, publicados en 1877, figura con su nombre el fortín próximo a Guamini.

Otra más a la bolsa!

A la estación Musters alguna vez la había fotografiado desde lejos y siempre tuve ganas de ir a visitarla. Esta vez, pese al calor agobiante y después de revisar prolijamente los alambrados, concluí que no se podría arrimar con la chata y me decidí a ir caminado. Era poco más un kilómetro de puro desierto polvoriento, pero así son las cosas. Esta vez Adriana se quedó a esperarme con el aire acondicionado puesto…

Alguna vez fue un hermoso edificio de ladrillo a la vista, al que lo han vandalizado hasta donde pudieron. No obstante conserva esos sorprendentes detalles constructivos inexplicables en un lugar aislado como éste.

En su momento debe haber sido un buen homenaje a George Chaworth Musters, el viajero ingles que cruzó toda la Patagonia y autor del delicioso libro «Vida entre los Patagones». Hoy, en su estado mucho no lo enaltece.

Pajalta era la otra estación que tenía en la mira. Está pasando Valcheta hacia el este, muy cerca de la ruta pero no es fácil de distinguir porque sólo está el andén, algunos restos de escombros y lo que fue su nomenclador pero sin la leyenda. Encima un profundo cañadón separa el terraplén ferroviario de la ruta y dificulta el acceso. No obstante la encontramos y anotamos una más.

Segun Udaondo en su Nomenclador de Estaciones, el nombre se debe a que en la región donde la gramínea denominada paja, que tanto se usa para construcción de ranchos.

Si querés saber algo más de Pajalta, Jorge Castañeda, el reconocido escritor de Valcheta, te lo cuenta acá: https://www.masrionegro.com/2019/04/17/el-paraje-rionegrino-paja-altaun-punado-de-casas-dispersas-en-medio-de-un-paisaje-agreste/

El próximo episodio, pese al intenso calor reinante, sería en Mina Gonzalito

DE PASO DEL SAPO A SOMUNCURÁ: inventando caminos

13 de enero de 2024

Después de recorrer el Cañadón de la Buitrera, seguimos hacia el sur rumbo a Paso del Sapo, un pueblo de curioso nombre que no conocíamos, donde repostamos combustible y compramos algunos víveres.

El raro nombre es derivado del de un poblador costero apodado «Sapo», que vivía junto al vado por donde cruzaban el río Chubut con las carretas para seguir la travesía hacia Gastre, Gan Gan, Telsen y finalmente Puerto Madryn (actual RP4), en la época de la colonización galesa. Ahora hay un moderno puente de la RP13 que te lleva hacia el norte.

Lo que no teníamos definido era nuestro derrotero de regreso ya que podíamos ir por ruta fácil y conocida hacia Jacobacci (RP13 y RP76) o podíamos ir por Gan Gan por RP4, visitar un amigo en Pampa de Talagapa por RP67 y subir a Somuncurá por RP8 (todo conocido) o «inventar» un «camino» que me había comentado Raine Golab uniendo Gastre y la Mina La Angela para luego a través de la RP72 y la RP5 pasar por el Caín y asomarnos a Somuncurá por la RP8. Alguna vez lo había estudiado en Google Earth y por suerte esa traza no relevada estaba en Viajeros Mapas como reaseguro.

Si bien tenía el riesgo de que estábamos solos ya que seguro que por allí no andaría nadie ¿adivinen cual elegimos? Un poco de adrenalina no vendría mal para tomarle confianza a Pampa 03.

Al llegar a Gastre, donde volvimos a cargar combustible, tomamos el recaudo de preguntar si al menos alguien sabía de la existencia de esa huella.

Un ocasional transeúnte a la hora de la siesta, nos dijo que existía, pero que casi nadie la usa y no tenía idea de su estado. Perfecto, era lo que queríamos escuchar!

El primer tramo del sendero estaba bien marcado, con Adriana abriendo y cerrando de nuevo infinidad de tranqueras, enhebrando estancias dispersas; con el correr de los kilómetros se fue desdibujando, pero se podía identificar claramente con la ayuda del GPS.

Al pasar por la estancia Ñancuyique perdimos el rastro ya que parecía ser el lugar hasta donde se usaba regularmente la huella.

No obstante volvimos a encontrar la traza confiando en el GPS pero ahora ya estaba complemente en desuso; seguimos avanzando hacia el norte por un trazado zigzagueante que subía lentamente al acercarnos al paralelo 42, donde nos esperaba la RP72, en las proximidades de la mina abandonada «La Angela», la cual se nos había negado en 2007 cuando tratamos de llegar por la RP72 desde el oeste viniendo de Jacobacci por culpa de una tranquera con mil candados cuando andábamos cazando confluencias.

Por supuesto que antes de encarar la RP72 hacia El Caín, teníamos que ir a ver que había sido de esa tranquera y tal vez asomarnos, ahora si, a la mina abandonada.

Pasamos frente a un solitario puesto casi sobre la pretendida RP72, donde su morador nos miró con extrañeza desde una ventana. Claro, ¿Quién puede andar paseando por estos lares? Sólo el Pampa y señora…

Encontramos el desvío a la mina y nos asomamos a ver que onda. Algunas construcciones derrumbadas y vestigios de excavaciones pero, al menos desde la chata no se podía apreciar gran cosa.

Hace muchos años que se abandonó y la naturaleza va cubriendo las heridas que el hombre le propinó. Había muchas huellas que se adentraban en las serranías pero no me quise arriesgara estropear alguna cubierta con alpatacos o hierros o derrumbes inesperados.

Tan poco se veía que saqué una sola foto de una huellita interesante.

La historia de esta mina es controvertida. Explotaban oro, plata, cinc y plomo y la discontinuaron porque no era productiva. En marzo de 2021 la compró Patagonia Gold (titular del vecino proyecto rionegrino Calcatreu) porque parece que han descubierto que todavía tiene mucho para dar, a la espera que Chubut alguna vez facilite las explotaciones mineras. El siguiente newsletter que confirma esta operación: https://latin-metals.com/news-releases/patagonia-exercises-option-to-acquire-latin-metals-mina-angela-project-chubut-province-argentina/

Por otra parte en algunos reportes la dan como un ejemplo de saneamiento ambiental del cierre de una mina y en otros dicen que fue desastroso, a tal punto que afirman que el arroyo Maquinchao transporta todavía restos de cadmio.

Al regreso, cuando me puse a investigar por curiosidad, encontré mucha información, que de haberla tenido en el momento de la visita, seguramente me hubiera empujado a explorar más ya que en las fotos satelitales se puede ver que había mucho más adentrándose algunos kilómetros hacia el sur.

Hay muchos artículos en Internet, les dejo el que da un pantallazo bastante claro de este emprendimiento, que en su momento empleó 450 personas alojados en campamento: https://www.studocu.com/es-ar/document/universidad-nacional-de-catamarca/servicios-mineros/tpn0-1-cierre-y-remediacion-de-mina-angela/8691011

Salimos de la mina y nos fuimos a la tranquera, que estaba igual que quince años atrás, aunque ahora sin los candados. La RP72 ahora está expedita.

Estaba a menos de 200 metros de la confluencia 42°S 69°O, así que no quedó otro remedio que ir a registrarla de nuevo. La crónica del 2007, acá esta: 42°S 69°O en 2007 (éramos tan jóvenes)

Cumplido el ritual confluenciero, pegamos la vuelta y remontamos la RP72 hacia el noreste, la cual, salvo los primeros kilómetros donde es apenas una huella, a partir de la estancia Rucu Luan está en excelente estado.

Al llegar al cruce de la RP5 nos desviamos hacia El Caín, donde nos detuvimos a registrarnos para ingresar a Somuncurá.

El policía que nos atendió nos previno que estaban pronosticadas tormentas sobre la meseta y que tuviéramos cuidado. Tomamos nota pero eso no desalentó nuestra ilusión de hacer un campamento somuncuresco.

Seguimos por la RP5 hasta interceptar la RP8 que lleva a Prahuaniyeu, donde no paramos de abrir y cerrar tranqueras. No es la parte más dura de Somuncurá pero es una buena muestra.

Caía la tarde y había que buscar donde acampar; se veían cielos con tormentas a lo lejos, alternados con sectores completamente despejados. Parecía que todas estaban a gran distancia y que no nos iban a afectar, así que cuando vimos el único puesto arbolado de la meseta, nos arrimamos para ver si ese era el mejor lugar.

El lugar era ideal, un puesto abandonado con mucho verde y muchos árboles: una rareza.

Mientras elegíamos el mejor lugarcito, de la nada se desató un fuerte viento que hacía bramar los árboles como advirtiéndonos que no era un lugar seguro. Una rama sobre la carpa o sobre la chata podía ser una complicación o un disgusto innecesario, así que desechamos la opción, total, sombra no necesitábamos.

Volvimos un poco hacia atrás a un descampado que era como parte del cauce de una laguna seca y curiosamente el viento cesó: era la indicación de que era el lugar a elegir. Increíble la diferencia en unos cientos de metros. Somuncurá, «la piedra que canta» nos aconsejó de ese modo.

Armamos el campamento y cenamos algo frugal mientras anochecía en un silencio sepulcral, con paisaje cambiante de nubosidades que presagiaban lluvias pero alejadas de nosotros.

Al rato pasó una vieja F100 que se caía a pedazos, siendo el único vehículo que cruzamos desde que salimos de Paso del Sapo, descontando los que encontramos en Gastre y El Caín. Todo el día andando y un sólo vehículo!

Acampar en un lugar así en Somuncurá, con Adriana, fue una especie de vieja aspiración cumplida. Un lugar increíble en soledad total.

Al acostarnos, todavía con algo de luz, a lo lejos se veían algunos refucilos; el día no había terminado aún…

Al oscurecerse del todo, a través de la tela de la carpa, comenzamos primero a ver el resplandor de los refucilos, luego los relámpagos, a continuación truenos interminables y ensordecedores y por último la lluvia, no muy intensa pero magnificada al golpear el sobretecho de nuestra carpa. No hacía una hora que nos habíamos acostado y no pudimos pegar un ojo por un par de horas hasta que todo se calmó.

La preocupación no eran ni la lluvia ni los rayos pero sí que una granizada nos deje a Pampa 03 como picada de viruela.

A eso de las dos de la mañana, cesó de llover y nos dormimos como angelitos.

Somuncurá ya nos había puesto los puntos. ¿Queríamos adrenalina? Vaya si la tuvimos!

Y la pucha que valió la pena…

CAÑADÓN DE LA BUITRERA

<< LA CALDERA DE PIEDRA PARADA

11 de enero de 2024

La caldera de Piedra Parada todavía no nos iba a soltar así nomas porque nos tenía que hacer degustar la frutilla del postre, es decir el domo que le dio origen a su nombre y el famoso Cañadón de la Buitrera.

Ambos fenómenos naturales son producto de los procesos que describí en la entrada anterior y ambos fueron revelados por la erosión hídrica ejecutada a lo largo de los millones de años por el desagote de la laguna del Hunco y del propio río Chubut.

Entraremos en un mundo «vertical» ya que como podrán apreciar, casi todas las fotos están en ese formato: tanto la Piedra Parada como el cañadón son muy esbeltos para tomas horizontales.

Nos detuvimos frente a la Piedra Parada, que ya los galeses habían bautizado como «Standing Stone» en 1866 e hicimos la caminata a su alrededor para apreciarla desde todos sus ángulos y al estar tan cerca, tomamos conciencia de su verdadera magnitud: con su altura que ronda los 240 metros y su base de unos 100 metros de diámetro es algo increíble.

Esta roca es uno de los domos que se generaron después del colapso de la caldera y que estuvo sepultada por cenizas y agua, hasta que la paciente erosión del rio Chubut la sacó a la luz.

Luego, previo registro en la caseta de control del guardafauna, salimos a hacer la caminata por el cañadón de la Buitrera, que actualmente es un Área Natural Protegida de la provincia del Chubut y es la única zona de la caldera que reviste ese carácter.

El trekking de ida y vuelta, siempre por dentro del angosto cañadón, es de unos 10 kilómetros con baja dificultad. Sólo hay que llevar agua suficiente porque el arroyito no es de agua potable y en verano el calor aprieta mucho.

El guardafauna nos comentó que el grueso de las visitas no son para trekking sino que muchos jóvenes (y no tanto) ingresan para realizar escaladas por las paredes verticales.

El cañadón de la Buitrera mantiene aún una muestra de un arroyito que lo surca, que increíblemente fue el que produjo la erosión de este cañón con paredes verticales de alrededor de 100 metros de altura.

El recorrido es muy bonito y placentero y te hace sentir realmente muy chiquito frente a la naturaleza.

Casi sobre el final del sendero, una especie de «cueva» a la cual era fácil llegar, despertó nuestra curiosidad y nos arrimamos. No era una cueva, sino que era un angostísimo cañadón subsidiario del principal que no hubo otro remedio que investigar.

Nos adentramos unos doscientos o trescientos metros en un escenario sobrecogedor: ancho variable entre 6 y 10 metros y altura superior a los 50 o 60 metros te hacen sentir una hormiga. Si sufrís claustrofobia, no te conviene entrar, su traza serpenteante parece encerrarte y pensar en un pequeño derrumbe te puede perturbar mucho si sos temeroso. No es que sea probable, pero se te pasa por la cabeza…

Es muy parecido, en miniatura, al promocionado interior del volcán Malacara de la Payunia.

Al regreso ya había muchos escaladores practicando. Para los que no sabemos del asunto, se nos eriza la piel de sólo pensar que cualquier mínimo problema físico, te puede dejar colgando de una soga y un clavo a 30 o 40 metros de altura, siempre cuando estés atado. Nos pareció que alguno no toman siquiera esa chance.

Te quedas viendo lo que hacen deseando no ser testigo de algún accidente porque debe ser terrible, aunque al decir del guardafauna, por suerte son muy poco frecuentes.

Culminado nuestro trekking, el cual valió verdaderamente la pena, salimos con la única certeza que iríamos hasta Paso del Sapo; luego sería la intuición quien nos guiaría, quien sabe por donde…

LA CALDERA DE PIEDRA PARADA: con cariño dedicado a Raine Golab

10 de enero de 2024

<< HUELLA DE LOS RIFLEROS

Después de cargar combustible en Gualjaina, habíamos pensado en ir a Piedra Parada para acampar junto al río. Sin embargo al tomar la RP12, un desvío al nuevo puente Ubaldo Ongarato sobre el río Chubut que conduce al Paraje El Mirador nos tentó.

Este puente no existía en nuestra incursión anterior (estaba en construcción) y decidí ir a verlo con la oculta intención de ver si podíamos acampar en el centro de la caldera del volcán, en el Puesto de Alvarez, proyecto condicionado por el rumor de tranqueras con candado.

Cruzamos el nuevo puente y la primer tranquera estaba abierta pero confusamente anunciaba «peajes». Me acerqué al puesto próximo a preguntar y me confirmó lo del peaje pero era para acampar junto al río en su propiedad.

El puestero me aseguró que la huella vecinal hasta lo de Alvarez no tenía tranqueras infranqueables y entonces nos largamos a recorrerla.

Me acordé de mi querida amiga Raine Golab, que amaba este lugar y que de algún modo su recuerdo me empujó a visitarlo nuevamente; era fanática de la zona y recuerdo que me quedaron los borradores de una presentación sobre la caldera de Piedra Parada que íbamos a hacer juntos por Zoom durante la pandemia y que lamentablemente no pudimos concretar porque partió antes de este mundo para seguirnos desde algún lugar privilegiado.

Les resumo con mis palabras lo que pude entender de este complejo volcánico particular, ya que no es el clásico volcán cónico que aprendimos a dibujar en el colegio formado por la constante erupción de una chimenea central que derrama lava por sus laderas y así va creciendo en altura y volumen.

Estos volcanes, denominados estratovolcanes por su crecimiento en capas o estratos, son como los que se encuentran en la cordillera de los Andes, producto del apilamiento de más de 4.000 metros de lavas y cenizas.

Una caldera, si bien en su origen funciona como un estratovolcán, es el resultado del colapso del techo de la cámara magmática que expulsa la lava, es decir que se muere durante el parto.

De algún modo, la combinación del peso de la lava expulsada, la resistencia del techo de la cámara y el vacío del material expulsado de la cámara generan una implosión y que se forme, en vez de una prominente montaña, una gran depresión circular, rellenada parcialmente con los escombros del derrumbe.

La figura que sigue ilustra los procesos:

Después de la implosión, la actividad ígnea continua con la erupción de nubes ardientes (cenizas incandescentes mezcladas con gases y trozos de roca), que se esparcen por grandes distancias debido a su baja viscosidad. Al soldarse
dicho material incandescente, se forman las rocas denominadas ignimbritas, que quedan rodeando la depresión, formando una planicie más allá de los labios del cráter.

En la depresión es frecuente que se forme un lago por retención de aguas de lluvia. Aquí en Piedra Parada se llamó Laguna del Hunco.

Con posterioridad, en el lago empiezan a asomar pequeñas islas volcánicas que son el resultado de la efusión del magma que quedó como remanente en la gran cámara magmática subyacente. Esta actividad póstuma genera grandes volúmenes de cenizas, lavas y domos (erupciones de lava poco fluidas que no llegan a derramarse), que terminan por colmatar el lago.

Una vez agotado el suministro de magma, el sistema muere y queda expuesto a los procesos erosivos que pueden volver a desenterrar la caldera.
En Piedra Parada, el río Chubut cortó y erosionó a la caldera, generando los magníficos paisajes y exposiciones actuales.

Como referencia les comento que lo que les describí, ocurrió apenas hace 50 millones de años y a ese pasado es donde nos vamos a sumergir.

La huella nos llevó a volver a ver unos raros pliegues que habíamos detectado en 2015, los cuales siguen sin ser planchados…

Esta huella trepa hasta los 1200 msnm por el labio de la caldera volcánica para permitirte ingresar a su fascinante interior; es muy pintoresca y entretenida, revelando paisajes deslumbrantes a cada paso, especialmente en el descenso al cráter. El track lo tenía en el GPS por gentileza de Viajeros Mapas por lo que no había dudas de los desvíos, que hay muchos y te podés confundir con facilidad.

Tiene infinidad de tranqueras de todo tipo y Adriana aprovechó sus viejos conocimientos de tranquerismo y yo de su paciencia, para abrir y cerrar una tras otra. La foto es elocuente….

La huella está muy poco transitada y en algunos lugares seguro que Pampa 03 recibió sus primeras caricias no deseadas.

Finalmente, nos depositó en el centro de la caldera, donde se encuentra en un escenario privilegiado, el Puesto de Álvarez. No se puede creer la vista de 360° que este señor dispone todos los días desde su morada.

Les recuerdo que pese a ser camino público, las propiedades son privadas por lo que es indispensable solicitar permisos a los pobladores si uno piensa acampar, como era nuestro caso. Estaba cayendo la tarde y era el lugar exacto para un campamento; sin embargo, tuvimos la mala suerte que Don Álvarez no estaba en su casa y no nos animamos a quedarnos sin su venia, aunque descontábamos su aprobación.

El interior de la caldera es algo sensacional, al Creador se le fue la mano con la belleza y con la paleta de colores. Habiendo estado allí les aseguro que las fotos no alcanzan a reflejar mínimamente todos estos paisajes que fueron fruto de tremendas erupciones volcánicas.

Seguimos hacia adelante por la otra huella más al este que te saca de la caldera a las cercanías de la Piedra Parada, ahora si con la idea de pasar la noche junto al río.

Esta segunda huella es también alucinante, ya que es un muestrario perfecto de vulcanismo con geoformas de todo tipo y color a cada metro de recorrido, una invitación a «gastar rollos de fotos», muestra de mi edad cronológica.

Todavía con luz suficiente llegamos a Piedra Parada, donde consultamos al Guardafauna por lugares para acampar libremente y por el horario de acceso al Cañadón de la Buitrera, que caminaríamos mañana.

Nos aconsejó la ribera de enfrente, alejados de la RP12 pero junto al río Chubut,que nos arrulló con el murmullo suave de sus aguas corriendo.

Mañana sería otro largo e intenso día por la estepa y la mesetas, por lugares muy solitarios no convencionales, salvo el Cañadón de la Buitrera, temprano en la mañana.

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