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Categoría: Lugares (Página 1 de 4)

MINA GONZALITO

13 de enero de 2024

Terminada la primera tanda de estaciones faltantes sobre la RN23 del tren Patagónico donde ahora sólo me faltan visitar dos estaciones y dos apeaderos entre Bariloche y San Antonio Oeste, era demasiado temprano para no hacer algo más antes de alojarnos en el puerto donde preveíamos una cena con mariscos en el reconocido restaurante Olaf.

No hay mucho entre Valcheta y San Antonio Oeste pero si uno busca, siempre algo hay.

Ese algo terminó siendo el recuerdo de un cartel sobre la RN3 que siempre me había llamado la atención y que por su posición geográfica siempre me había quedado pendiente por quedar a contramano de mis destinos: MINA GONZALITO.

Esta vez, con un «pequeño» desvío en Aguada Cecilio y Sierra Pailemán, pasar a asomarnos a la mina, quedaba más o menos en la ruta. Y allá fuimos.

La RP58 hasta Sierra Pailemán está muy buena, con mucho tránsito de camiones que traen piedra caliza para la planta de ALPAT que produce carbonato de sodio, desde una cantera que está reemplazando a la antigua cercana a Aguada Cecilio, todavía en operación.

El carbonato de sodio además de utilizarse para las industrias del vidrio, cerámica y jabón es el compuesto más demandado durante el proceso de producción del carbonato de litio a partir de salmueras, ya que es el insumo necesario para precipitar el litio. Esto tiene relación directa con la reciente rehabilitación del tramo ferroviario entre Carmen de Patagones y Bahía Blanca, ya que Tren Patagónico, está llevando este insumo hasta el norte argentino a través de la red, según se puede leer en el siguiente vínculo: https://www.bariloche2000.com/noticias/leer/litio-el-carbonato-es-una-gran-unidad-de-negocio-para-el-tren-patagonico/151523

Continuamos luego por un atajo desde Sierra Pailemán hacia Gonzalito, también utilizado para acceder al PCCA (Proyecto Conservación del Cóndor Andino, donde regularmente se hacen sueltas de cóndores, el cual ya no está tan transitado y hay que andarse con cuidado porque tiene muchas zanjas por cortadas de agua de lluvias.

Cuando este atajo se acerca a la RP61, que une la RN3 y Arroyo Los Berros, aparece lo inesperado, el abandonado y gigantesco proyecto minero Mina Gonzalito..

A diferencia de la mina La Angela que habíamos conocido el día anterior, esta quedó como lo dejaron al abandonarla, es decir que no se hizo remediación alguna, solo vandalismo artificial y erosión natural.

A simple vista, el área afectada era y es muy grande, apreciándose diques de cola secos, acopios de materiales, estructuras metálicas y tanques oxidados que el viento sacude y hace gemir lastimosamente.

Como me viene ocurriendo en todo este viaje, al estar improvisando destinos, no estaba al tanto al detalle de lo que se podía encontrar y termino haciéndolo en casa a medida que voy mirando las fotos. Al momento de la visita, no sabía ni siquiera qué minerales se explotaban aquí.

Les cuento que se trató de una mina que comenzó a operar en la década de 1950 extrayendo Plomo y Zinc, operada por una empresa denominada Geotécnica S.A., que obviamente desapareció cuando el negocio dejó de ser rentable, allá por 1982.

El yacimiento fue descubierto por un tal Gonzalo Corchado, luego Comisionado de Fomento de Arroyo Ventana, de donde supongo derivó el nombre del emprendimiento.

Al principio, durante los primeros años, solamente se extraía mineral a cielo abierto mediante tajos y socavones de hasta 9 metros de profundidad y a medida que se fueron agotando este tipo de reservas, se transformó en una explotación subterránea con chimeneas y piques de casi 200 metros de profundidad, con galerías horizontales de hasta 300 metros de desarrollo.

La cuestión es que en la década de 1960 la actividad subterránea se consolidó y entonces la necesidad de mano de mano de obra también, llegando a establecerse aquí, en este desierto infernal, más de 300 familias, conformándose de la nada en una población estable.

Se radicaron obreros bolivianos, chilenos, peruanos y del norte argentino, para llevar adelante la sacrificada labor. Expertos en minas llegaron desde distintos puntos del país, para sumarse a los extranjeros, conformando así un extraño y pintoresco pueblo multicultural.

Aquí en la mina, además de la extracción de los minerales, se hacía un primer procesamiento de concentrados de plomo y zinc, que explica las ruinas de instalaciones industriales dispersas por todo el predio, para luego ser trasladados a una planta de fundición en San Antonio Oeste.

El día que estuvimos allí hacía 37°C y pese a que por suerte no había viento, era difícil pensar establecerse para vivir aquí. Imaginen esto unos 70 años atrás, sin pavimentos cercanos (el asfalto de la RN3 llegaba lastimosamente a Bahía Blanca), sin comunicaciones, sin servicios de salud, sin agua potable y seguramente en condiciones durísimas de trabajo, no solamente por el esfuerzo y la paga, sino por las medidas de seguridad en el trabajo.

Sin embargo, en un grupo de Facebook «Mina Gonzalito somos todos», creado en 2022, el cual volvió a reunir a viejos pobladores y sus descendientes, pude leer muy interesantes testimonios donde todos recuerdan con cariño y nostalgia los buenos momentos que pasaron allí. Que diferentes son las perspectivas de las personas, según la vida que nos tocó llevar!

La gran cantidad de edificios, destechados y vandalizados, confirma la importancia de la población en su apogeo.

Todo lo anterior podría ser lo bueno de este emprendimiento, pero después de su cierre en la década de 1980, sobrevivieron los desastres ambientales, que aún permanecen como cicatrices abiertas, cuya arista visible inmediata es la cerrada oposición de las cercanas poblaciones de las provincias de Rio Negro y Chubut a los proyectos mineros. Mina Gonzalito es uno de los argumentos mas sólidos que esgrimen.

¡ Cuanto vale una explotación minera cuidadosa, controlada y sustentable y cuanto daño hace algo mal hecho!

Geotécnica creó ese pueblo y su partida lo hizo desaparecer, dejando el yacimiento con todos sus contaminantes al libre albedrío, con pozos abiertos que son un peligro, con estructuras a punto de caerse y cosas por el estilo. Remediación ambiental cero.

Transcribo parte de un artículo publicado en el diario Rio Negro hace un tiempo, que resume la situación

Pero Mina Gonzalito encierra muchos peligros reales hoy mismo: el pique, los químicos, los pozos. Hasta la inmensa cantidad de hierros y chapas herrumbradas son un riesgo concreto. Para el Derecho Civil, quien genera el daño debe prevenir sus efectos. O repararlos. Podrá decirse, como descargo, que cuando Geotécnica se retiró los usos y costumbres no incluían las normas actuales de seguridad y medio ambiente. O, tal vez, que está en una de las zonas de más baja densidad de la provincia. Hasta llama la atención que el camino que pasa por el medio de lo que fueron mina y aldea –y que vincula Sierra Pailemán con la Ruta 3– ni siquiera esté señalado en el mapa que el Estado de Río Negro entrega en las oficinas de Turismo. Aunque lo recorran cientos de personas cada año para asistir en setiembre a la suelta de cóndores, esa ceremonia ecologista por naturaleza. No está señalado ni con línea de puntos. Como si Mina Gonzalito no existiera. Como si, al obviarla, no correspondiera preguntar qué hicieron en los últimos 30 años los responsables del área de Medio Ambiente para exigir que se remedie el área, para prevenir que personas o animales sufran perjuicios. En otro país, Mina Gonzalito sería evidencia de un pasado del cual es posible aprender. Hasta podría ser un atractivo turístico, debidamente acondicionada con rejas que eviten caer en el pique o alambrados que demarquen las áreas peligrosas. Con cartelería que contara su historia, fechas, nombres, datos técnicos, que explicara de dónde vinieron y a dónde fueron las personas que habitaron en esas casas y se ganaron la vida trabajando en ese lugar. Aquí no. Está así, abierta, expuesta y a la vista. Con su soledad y su presencia humana. Como delatando las acciones. Y las omisiones

Diario rio negro

Lamentablemente el daño no fue sólo en el yacimiento, incluso el más grave fue en la misma ciudad de San Antonio Oeste, al depositar millones de kilos de material cargado de plomo y otros metales pesados cerca de la zona urbanizada y la ría.

Estudios realizados en 1995 revelaron niveles elevados de plomo, cinc y cadmio en la Bahía San Antonio. Diez años después, se descubrió que los mejillones de la ría contenían plomo, lo que llevó a la sospecha de contaminación en la población.

Se formó un equipo multisectorial para analizar la situación, y las pruebas realizadas en 200 niños en 2005 mostraron que casi el 20% tenía niveles de plomo en sangre superiores a lo aceptado por la OMS. A pesar de las promesas de remediación, en 2012 se encontró que más del 40% de los niños aún tenían niveles elevados de plomo. La promesa de remediación nunca se cumplió, dejando a la población afectada y las consecuencias de la minería irresponsable persisten.

Nos fuimos de este impensado destino, con la satisfacción de haberlo conocido y con el sabor amargo de su historia.

Ahora, a cenar y descansar en San Antonio Oeste. Pedí mariscos pero de haber sabido todo esto no hubiera elegido mejillones…

Nos vemos en la próxima, otra vez montados a los rieles del Tren Patagónico entre San Antonio y Viedma

MINA GONZALITO

13 de enero de 2024

Terminada la primera tanda de estaciones faltantes sobre la RN23 del tren Patagónico donde ahora sólo me faltan visitar dos estaciones y dos apeaderos entre Bariloche y San Antonio Oeste, era demasiado temprano para no hacer algo más antes de alojarnos en el puerto donde preveíamos una cena con mariscos en el reconocido restaurante Olaf.

No hay mucho entre Valcheta y San Antonio Oeste pero si uno busca, siempre algo hay.

Ese algo terminó siendo el recuerdo de un cartel sobre la RN3 que siempre me había llamado la atención y que por su posición geográfica siempre me había quedado pendiente por quedar a contramano de mis destinos: MINA GONZALITO.

Esta vez, con un «pequeño» desvío en Aguada Cecilio y Sierra Pailemán, pasar a asomarnos a la mina, quedaba más o menos en la ruta. Y allá fuimos.

La RP58 hasta Sierra Pailemán está muy buena, con mucho tránsito de camiones que traen piedra caliza para la planta de ALPAT que produce carbonato de sodio, desde una cantera que está reemplazando a la antigua cercana a Aguada Cecilio, todavía en operación.

El carbonato de sodio además de utilizarse para las industrias del vidrio, cerámica y jabón es el compuesto más demandado durante el proceso de producción del carbonato de litio a partir de salmueras, ya que es el insumo necesario para precipitar el litio. Esto tiene relación directa con la reciente rehabilitación del tramo ferroviario entre Carmen de Patagones y Bahía Blanca, ya que Tren Patagónico, está llevando este insumo hasta el norte argentino a través de la red, según se puede leer en el siguiente vínculo: https://www.bariloche2000.com/noticias/leer/litio-el-carbonato-es-una-gran-unidad-de-negocio-para-el-tren-patagonico/151523

Continuamos luego por un atajo desde Sierra Pailemán hacia Gonzalito, también utilizado para acceder al PCCA (Proyecto Conservación del Cóndor Andino, donde regularmente se hacen sueltas de cóndores, el cual ya no está tan transitado y hay que andarse con cuidado porque tiene muchas zanjas por cortadas de agua de lluvias.

Cuando este atajo se acerca a la RP61, que une la RN3 y Arroyo Los Berros, aparece lo inesperado, el abandonado y gigantesco proyecto minero Mina Gonzalito..

A diferencia de la mina La Angela que habíamos conocido el día anterior, esta quedó como lo dejaron al abandonarla, es decir que no se hizo remediación alguna, solo vandalismo artificial y erosión natural.

A simple vista, el área afectada era y es muy grande, apreciándose diques de cola secos, acopios de materiales, estructuras metálicas y tanques oxidados que el viento sacude y hace gemir lastimosamente.

Como me viene ocurriendo en todo este viaje, al estar improvisando destinos, no estaba al tanto al detalle de lo que se podía encontrar y termino haciéndolo en casa a medida que voy mirando las fotos. Al momento de la visita, no sabía ni siquiera qué minerales se explotaban aquí.

Les cuento que se trató de una mina que comenzó a operar en la década de 1950 extrayendo Plomo y Zinc, operada por una empresa denominada Geotécnica S.A., que obviamente desapareció cuando el negocio dejó de ser rentable, allá por 1982.

El yacimiento fue descubierto por un tal Gonzalo Corchado, luego Comisionado de Fomento de Arroyo Ventana, de donde supongo derivó el nombre del emprendimiento.

Al principio, durante los primeros años, solamente se extraía mineral a cielo abierto mediante tajos y socavones de hasta 9 metros de profundidad y a medida que se fueron agotando este tipo de reservas, se transformó en una explotación subterránea con chimeneas y piques de casi 200 metros de profundidad, con galerías horizontales de hasta 300 metros de desarrollo.

La cuestión es que en la década de 1960 la actividad subterránea se consolidó y entonces la necesidad de mano de mano de obra también, llegando a establecerse aquí, en este desierto infernal, más de 300 familias, conformándose de la nada en una población estable.

Se radicaron obreros bolivianos, chilenos, peruanos y del norte argentino, para llevar adelante la sacrificada labor. Expertos en minas llegaron desde distintos puntos del país, para sumarse a los extranjeros, conformando así un extraño y pintoresco pueblo multicultural.

Aquí en la mina, además de la extracción de los minerales, se hacía un primer procesamiento de concentrados de plomo y zinc, que explica las ruinas de instalaciones industriales dispersas por todo el predio, para luego ser trasladados a una planta de fundición en San Antonio Oeste.

El día que estuvimos allí hacía 37°C y pese a que por suerte no había viento, era difícil pensar establecerse para vivir aquí. Imaginen esto unos 70 años atrás, sin pavimentos cercanos (el asfalto de la RN3 llegaba lastimosamente a Bahía Blanca), sin comunicaciones, sin servicios de salud, sin agua potable y seguramente en condiciones durísimas de trabajo, no solamente por el esfuerzo y la paga, sino por las medidas de seguridad en el trabajo.

Sin embargo, en un grupo de Facebook «Mina Gonzalito somos todos», creado en 2022, el cual volvió a reunir a viejos pobladores y sus descendientes, pude leer muy interesantes testimonios donde todos recuerdan con cariño y nostalgia los buenos momentos que pasaron allí. Que diferentes son las perspectivas de las personas, según la vida que nos tocó llevar!

La gran cantidad de edificios, destechados y vandalizados, confirma la importancia de la población en su apogeo.

Todo lo anterior podría ser lo bueno de este emprendimiento, pero después de su cierre en la década de 1980, sobrevivieron los desastres ambientales, que aún permanecen como cicatrices abiertas, cuya arista visible inmediata es la cerrada oposición de las cercanas poblaciones de las provincias de Rio Negro y Chubut a los proyectos mineros. Mina Gonzalito es uno de los argumentos mas sólidos que esgrimen.

¡ Cuanto vale una explotación minera cuidadosa, controlada y sustentable y cuanto daño hace algo mal hecho!

Geotécnica creó ese pueblo y su partida lo hizo desaparecer, dejando el yacimiento con todos sus contaminantes al libre albedrío, con pozos abiertos que son un peligro, con estructuras a punto de caerse y cosas por el estilo. Remediación ambiental cero.

Transcribo parte de un artículo publicado en el diario Rio Negro hace un tiempo, que resume la situación

Pero Mina Gonzalito encierra muchos peligros reales hoy mismo: el pique, los químicos, los pozos. Hasta la inmensa cantidad de hierros y chapas herrumbradas son un riesgo concreto. Para el Derecho Civil, quien genera el daño debe prevenir sus efectos. O repararlos. Podrá decirse, como descargo, que cuando Geotécnica se retiró los usos y costumbres no incluían las normas actuales de seguridad y medio ambiente. O, tal vez, que está en una de las zonas de más baja densidad de la provincia. Hasta llama la atención que el camino que pasa por el medio de lo que fueron mina y aldea –y que vincula Sierra Pailemán con la Ruta 3– ni siquiera esté señalado en el mapa que el Estado de Río Negro entrega en las oficinas de Turismo. Aunque lo recorran cientos de personas cada año para asistir en setiembre a la suelta de cóndores, esa ceremonia ecologista por naturaleza. No está señalado ni con línea de puntos. Como si Mina Gonzalito no existiera. Como si, al obviarla, no correspondiera preguntar qué hicieron en los últimos 30 años los responsables del área de Medio Ambiente para exigir que se remedie el área, para prevenir que personas o animales sufran perjuicios. En otro país, Mina Gonzalito sería evidencia de un pasado del cual es posible aprender. Hasta podría ser un atractivo turístico, debidamente acondicionada con rejas que eviten caer en el pique o alambrados que demarquen las áreas peligrosas. Con cartelería que contara su historia, fechas, nombres, datos técnicos, que explicara de dónde vinieron y a dónde fueron las personas que habitaron en esas casas y se ganaron la vida trabajando en ese lugar. Aquí no. Está así, abierta, expuesta y a la vista. Con su soledad y su presencia humana. Como delatando las acciones. Y las omisiones

Diario rio negro

Lamentablemente el daño no fue sólo en el yacimiento, incluso el más grave fue en la misma ciudad de San Antonio Oeste, al depositar millones de kilos de material cargado de plomo y otros metales pesados cerca de la zona urbanizada y la ría.

Estudios realizados en 1995 revelaron niveles elevados de plomo, cinc y cadmio en la Bahía San Antonio. Diez años después, se descubrió que los mejillones de la ría contenían plomo, lo que llevó a la sospecha de contaminación en la población.

Se formó un equipo multisectorial para analizar la situación, y las pruebas realizadas en 200 niños en 2005 mostraron que casi el 20% tenía niveles de plomo en sangre superiores a lo aceptado por la OMS. A pesar de las promesas de remediación, en 2012 se encontró que más del 40% de los niños aún tenían niveles elevados de plomo. La promesa de remediación nunca se cumplió, dejando a la población afectada y las consecuencias de la minería irresponsable persisten.

Nos fuimos de este impensado destino, con la satisfacción de haberlo conocido y con el sabor amargo de su historia.

Ahora, a cenar y descansar en San Antonio Oeste. Pedí mariscos pero de haber sabido todo esto no hubiera elegido mejillones…

Nos vemos en la próxima, otra vez montados a los rieles del Tren Patagónico.

CAÑADÓN DE LA BUITRERA

<< LA CALDERA DE PIEDRA PARADA

11 de enero de 2024

La caldera de Piedra Parada todavía no nos iba a soltar así nomas porque nos tenía que hacer degustar la frutilla del postre, es decir el domo que le dio origen a su nombre y el famoso Cañadón de la Buitrera.

Ambos fenómenos naturales son producto de los procesos que describí en la entrada anterior y ambos fueron revelados por la erosión hídrica ejecutada a lo largo de los millones de años por el desagote de la laguna del Hunco y del propio río Chubut.

Entraremos en un mundo «vertical» ya que como podrán apreciar, casi todas las fotos están en ese formato: tanto la Piedra Parada como el cañadón son muy esbeltos para tomas horizontales.

Nos detuvimos frente a la Piedra Parada, que ya los galeses habían bautizado como «Standing Stone» en 1866 e hicimos la caminata a su alrededor para apreciarla desde todos sus ángulos y al estar tan cerca, tomamos conciencia de su verdadera magnitud: con su altura que ronda los 240 metros y su base de unos 100 metros de diámetro es algo increíble.

Esta roca es uno de los domos que se generaron después del colapso de la caldera y que estuvo sepultada por cenizas y agua, hasta que la paciente erosión del rio Chubut la sacó a la luz.

Luego, previo registro en la caseta de control del guardafauna, salimos a hacer la caminata por el cañadón de la Buitrera, que actualmente es un Área Natural Protegida de la provincia del Chubut y es la única zona de la caldera que reviste ese carácter.

El trekking de ida y vuelta, siempre por dentro del angosto cañadón, es de unos 10 kilómetros con baja dificultad. Sólo hay que llevar agua suficiente porque el arroyito no es de agua potable y en verano el calor aprieta mucho.

El guardafauna nos comentó que el grueso de las visitas no son para trekking sino que muchos jóvenes (y no tanto) ingresan para realizar escaladas por las paredes verticales.

El cañadón de la Buitrera mantiene aún una muestra de un arroyito que lo surca, que increíblemente fue el que produjo la erosión de este cañón con paredes verticales de alrededor de 100 metros de altura.

El recorrido es muy bonito y placentero y te hace sentir realmente muy chiquito frente a la naturaleza.

Casi sobre el final del sendero, una especie de «cueva» a la cual era fácil llegar, despertó nuestra curiosidad y nos arrimamos. No era una cueva, sino que era un angostísimo cañadón subsidiario del principal que no hubo otro remedio que investigar.

Nos adentramos unos doscientos o trescientos metros en un escenario sobrecogedor: ancho variable entre 6 y 10 metros y altura superior a los 50 o 60 metros te hacen sentir una hormiga. Si sufrís claustrofobia, no te conviene entrar, su traza serpenteante parece encerrarte y pensar en un pequeño derrumbe te puede perturbar mucho si sos temeroso. No es que sea probable, pero se te pasa por la cabeza…

Es muy parecido, en miniatura, al promocionado interior del volcán Malacara de la Payunia.

Al regreso ya había muchos escaladores practicando. Para los que no sabemos del asunto, se nos eriza la piel de sólo pensar que cualquier mínimo problema físico, te puede dejar colgando de una soga y un clavo a 30 o 40 metros de altura, siempre cuando estés atado. Nos pareció que alguno no toman siquiera esa chance.

Te quedas viendo lo que hacen deseando no ser testigo de algún accidente porque debe ser terrible, aunque al decir del guardafauna, por suerte son muy poco frecuentes.

Culminado nuestro trekking, el cual valió verdaderamente la pena, salimos con la única certeza que iríamos hasta Paso del Sapo; luego sería la intuición quien nos guiaría, quien sabe por donde…

LA CALDERA DE PIEDRA PARADA: con cariño dedicado a Raine Golab

10 de enero de 2024

<< HUELLA DE LOS RIFLEROS

Después de cargar combustible en Gualjaina, habíamos pensado en ir a Piedra Parada para acampar junto al río. Sin embargo al tomar la RP12, un desvío al nuevo puente Ubaldo Ongarato sobre el río Chubut que conduce al Paraje El Mirador nos tentó.

Este puente no existía en nuestra incursión anterior (estaba en construcción) y decidí ir a verlo con la oculta intención de ver si podíamos acampar en el centro de la caldera del volcán, en el Puesto de Alvarez, proyecto condicionado por el rumor de tranqueras con candado.

Cruzamos el nuevo puente y la primer tranquera estaba abierta pero confusamente anunciaba «peajes». Me acerqué al puesto próximo a preguntar y me confirmó lo del peaje pero era para acampar junto al río en su propiedad.

El puestero me aseguró que la huella vecinal hasta lo de Alvarez no tenía tranqueras infranqueables y entonces nos largamos a recorrerla.

Me acordé de mi querida amiga Raine Golab, que amaba este lugar y que de algún modo su recuerdo me empujó a visitarlo nuevamente; era fanática de la zona y recuerdo que me quedaron los borradores de una presentación sobre la caldera de Piedra Parada que íbamos a hacer juntos por Zoom durante la pandemia y que lamentablemente no pudimos concretar porque partió antes de este mundo para seguirnos desde algún lugar privilegiado.

Les resumo con mis palabras lo que pude entender de este complejo volcánico particular, ya que no es el clásico volcán cónico que aprendimos a dibujar en el colegio formado por la constante erupción de una chimenea central que derrama lava por sus laderas y así va creciendo en altura y volumen.

Estos volcanes, denominados estratovolcanes por su crecimiento en capas o estratos, son como los que se encuentran en la cordillera de los Andes, producto del apilamiento de más de 4.000 metros de lavas y cenizas.

Una caldera, si bien en su origen funciona como un estratovolcán, es el resultado del colapso del techo de la cámara magmática que expulsa la lava, es decir que se muere durante el parto.

De algún modo, la combinación del peso de la lava expulsada, la resistencia del techo de la cámara y el vacío del material expulsado de la cámara generan una implosión y que se forme, en vez de una prominente montaña, una gran depresión circular, rellenada parcialmente con los escombros del derrumbe.

La figura que sigue ilustra los procesos:

Después de la implosión, la actividad ígnea continua con la erupción de nubes ardientes (cenizas incandescentes mezcladas con gases y trozos de roca), que se esparcen por grandes distancias debido a su baja viscosidad. Al soldarse
dicho material incandescente, se forman las rocas denominadas ignimbritas, que quedan rodeando la depresión, formando una planicie más allá de los labios del cráter.

En la depresión es frecuente que se forme un lago por retención de aguas de lluvia. Aquí en Piedra Parada se llamó Laguna del Hunco.

Con posterioridad, en el lago empiezan a asomar pequeñas islas volcánicas que son el resultado de la efusión del magma que quedó como remanente en la gran cámara magmática subyacente. Esta actividad póstuma genera grandes volúmenes de cenizas, lavas y domos (erupciones de lava poco fluidas que no llegan a derramarse), que terminan por colmatar el lago.

Una vez agotado el suministro de magma, el sistema muere y queda expuesto a los procesos erosivos que pueden volver a desenterrar la caldera.
En Piedra Parada, el río Chubut cortó y erosionó a la caldera, generando los magníficos paisajes y exposiciones actuales.

Como referencia les comento que lo que les describí, ocurrió apenas hace 50 millones de años y a ese pasado es donde nos vamos a sumergir.

La huella nos llevó a volver a ver unos raros pliegues que habíamos detectado en 2015, los cuales siguen sin ser planchados…

Esta huella trepa hasta los 1200 msnm por el labio de la caldera volcánica para permitirte ingresar a su fascinante interior; es muy pintoresca y entretenida, revelando paisajes deslumbrantes a cada paso, especialmente en el descenso al cráter. El track lo tenía en el GPS por gentileza de Viajeros Mapas por lo que no había dudas de los desvíos, que hay muchos y te podés confundir con facilidad.

Tiene infinidad de tranqueras de todo tipo y Adriana aprovechó sus viejos conocimientos de tranquerismo y yo de su paciencia, para abrir y cerrar una tras otra. La foto es elocuente….

La huella está muy poco transitada y en algunos lugares seguro que Pampa 03 recibió sus primeras caricias no deseadas.

Finalmente, nos depositó en el centro de la caldera, donde se encuentra en un escenario privilegiado, el Puesto de Álvarez. No se puede creer la vista de 360° que este señor dispone todos los días desde su morada.

Les recuerdo que pese a ser camino público, las propiedades son privadas por lo que es indispensable solicitar permisos a los pobladores si uno piensa acampar, como era nuestro caso. Estaba cayendo la tarde y era el lugar exacto para un campamento; sin embargo, tuvimos la mala suerte que Don Álvarez no estaba en su casa y no nos animamos a quedarnos sin su venia, aunque descontábamos su aprobación.

El interior de la caldera es algo sensacional, al Creador se le fue la mano con la belleza y con la paleta de colores. Habiendo estado allí les aseguro que las fotos no alcanzan a reflejar mínimamente todos estos paisajes que fueron fruto de tremendas erupciones volcánicas.

Seguimos hacia adelante por la otra huella más al este que te saca de la caldera a las cercanías de la Piedra Parada, ahora si con la idea de pasar la noche junto al río.

Esta segunda huella es también alucinante, ya que es un muestrario perfecto de vulcanismo con geoformas de todo tipo y color a cada metro de recorrido, una invitación a «gastar rollos de fotos», muestra de mi edad cronológica.

Todavía con luz suficiente llegamos a Piedra Parada, donde consultamos al Guardafauna por lugares para acampar libremente y por el horario de acceso al Cañadón de la Buitrera, que caminaríamos mañana.

Nos aconsejó la ribera de enfrente, alejados de la RP12 pero junto al río Chubut,que nos arrulló con el murmullo suave de sus aguas corriendo.

Mañana sería otro largo e intenso día por la estepa y la mesetas, por lugares muy solitarios no convencionales, salvo el Cañadón de la Buitrera, temprano en la mañana.

LAGOS ENGAÑO y GUACHO, RP17 y LA HUELLA DE LOS RIFLEROS: de la cordillera a la estepa

10 de enero de 2024

<< LAGO VINTTER

Dejamos el lago Vintter, donde podríamos habernos quedado mucho más si no fuera por el tiempo tirano que rigieron estas breves vacaciones.

Teníamos que empezar a volver pero lo bueno es que era sin planes especiales, solo desandar para el regreso metiendo las narices en cualquier cosa que nos llame la atención o al menos en lugares donde Adriana no haya estado.

La RP 17 y la parte oculta de la Huella de los Rifleros eran algunas de esas cosas.

Para este primer día de retorno, la etapa inicial fue conocer el lago Engaño para el cual retomamos la RP44 hacia el norte, pasando por la naciente del río Corcovado, bordeando el lago Vintter por el este. Poco después del puente, un desvío señalizado a la izquierda te lleva al lago Engaño; la huella realmente es muy mala pero me permitió probar la baja de Pampa 03, atravesando interminables plantaciones de pinos nuevos. Estuve por esta zona hace como 25 años y el cambio es notable en sus tonos de verde.

Llegamos hasta la primer bajada al lago, que sin duda es un lugar para pescadores ya que había un campamento desierto con varias carpas y trailers para lanchas vacíos. Se veían las lanchas pescando en el lago, escondidas en caletas al reparo del viento.

La huella seguía hacia el lago Falso Engaño, pero no nos entusiasmó el paisaje como para seguir renegando con las piedras. Retornamos a la RP44.

Seguimos de nuevo al norte y ahora nos asomamos al lago Guacho, que ya conocíamos, pero para ver qué onda.

Con el acceso más amigable que el lago Engaño, tiene buenos sitios para acampar (no muchos cerca del lago) y el paisaje es mucho más bonito. No cambió mucho en los últimos años, pero se destaca que pese a estar accesible, está todo muy limpio y bien conservado.

Seguimos por la RP44 con rumbo a Corcovado, ascendiendo a más de 1000 snnm por esta pintoresca traza cordillerana, que a juzgar por la cartelería es brava en invierno, con mucha nieve.

En Corcovado paramos a comer algo al costado del río homónimo aguas abajo del viejo puente de metálico y su clásico tableteo. Como todos los ríos del sur, la copiosa nieve del invierno 2024 los dotó de mucho caudal. Debe estar muy buena la excursión de rafting.

Ahora fue el momento de conocer una ruta que siempre había postergado, la RP17 entre Corcovado y Tecka.

Ruta muy bonita, es una perfecta transición entre la boscosa cordillera y la estepa, con paisajes cambiantes en forma continua y de un ripio muy bueno que permite manejar tranquilo y apreciar el entorno, disfrutando de mates y buena música. En su tramo final acompaña al río Tecka en su devenir hacia el rio Chubut destacando un angosto puente sin baranda que puede ser muy peligroso en un viaje nocturno.

Ya en la RN40, el próximo objetivo era seguir completando la Huella de Los Rifleros de Fontana que por tramos venimos recorriendo entre Trelew y Trevelin.

El tramo turístico más conocido entre Tecka y Trevelin (RP34) ya lo conocíamos, al igual que los tramos entre Trelew – Las Plumas (RN25) y Paso de Indios – Paso Berwin (RP12) pero nos faltaba el sector entre Tecka y Paso del Sapo (RN40, RN25, RP 14 y RP12). También nos falta el tramo Las Plumas – Paso de Indios, que si bien sigue la actual RN25, lo hace por la margen opuesta del río que justamente cruzaron en Paso de Indios; todavía no encontré cómo entrarle…

El derrotero completo de los Rifleros galeses realizado allá por 1885, está relatado en detalle en el interesante libro Rocky Trip de Sergio Sepiurka y Jorge Miglione, que por supuesto recomiendo.

El tramo de nuestro interés actual va bordeando el río Tecka (RN40) , el río Gualjaina (RP14) y un tramo del río Chubut (RP12), el cual fue originalmente una de los primeras huellas utilizadas para alcanzar la cordillera con los viejos y pesados carros tirados por mulas. Luego con el tiempo esa ruta se fue rectificando, llegando a Tecka por Pampa de Agnia a través de la RP62 (actual pavimento)

Para acomenterlo subimos hacia el norte costeando el río Tecka hasta la intersección con la RN25 (ripiada) que lleva a Colán Conhué y de allí unos 23 km por dicha ruta hasta el río Gualjaina, el cual nos acompañaría siguiendo la RP14, sorprendentemente en muy buenas condiciones, sin serrucho, hasta el mismo poblado de Gualjaina, donde aprovechamos a reaprovisionar combustible.

Promediaba la tarde y ahora había que ir buscando un lugar donde acampar y se me ocurrió que un sitio interesante sería el interior de la caldera del volcán Piedra Parada o la costa del río Chubut, si teníamos la suerte de no encontrar tranqueras cerradas, como había oído por ahí.

Les adelanto que lo logramos, pero eso se los cuento en la próxima entrega.

DOS DÍAS EN LAGO VINTTER

<< SIERRA GRANDE, RIO PICO, LAGO TRES

08 y 09 de enero de 2024

Después de dos intensos días de viaje, nos merecíamos una pausa. Años atrás habíamos acampado en forma libre en las costas del lago Vintter y guardábamos un grato recuerdo del lugar pero sabíamos que ahora, como viene ocurriendo sistemáticamente, todos estos sitios se van cerrando con tranqueras y alambrados.

Es frustrante no poder acceder pero de algún modo hay que ponerse en lugar de los propietarios que muchas veces se ven invadidos por gente que no toma los recaudos mínimos para respetar la naturaleza de esos sitios y los obligan a que nos veden el acceso a todos: basura, fuegos mal apagados, cortar leñas de arboles vivos, molestar a los animales, etc.

En mi larga experiencia de años descubriendo lugares poco transitados creo que nunca tuve problemas para ingresar a ninguno pero si los tuve cuando comenzaron a popularizarse. Así pagan justos por pecadores y lamentablemente esto no tiene marcha atrás, una verdadera pena.

Salimos del lago Tres por la RP44 y más allá de las hermosos paisajes con plantaciones de pinos que ya conocíamos, nos sorprendió la cantidad de nieve en las montañas, más propia de fines de primavera que de entrado el verano. Por el camino de acceso confirmamos la presencia de los nuevos alambrados que impiden llegar al lago libremente.

La cuestión que sabiendo esto de antemano, habíamos averiguado opciones y recalamos en Cabañas Nikita, que posee algunas espectaculares parcelas para acampar en el medio del bosque de lengas y ñires, con un pabellón común con baños y duchas de agua caliente, un refugio techado y un fogón leña por parcela. Sin embargo lo mejor es la atención de la señora Gretel y de las hermanos Sergio («Pelado») y Fernando con sus esposas que te hacen sentir como en casa, con su cálida atención personalizada.

Les recomiendo visitar el sitio https://nikitalagovintter.com , donde podrán leer la interesante historia de Nikita y Gretel, matrimonio fundador de este paradisíaco lugar andino.

Originalmente era un lugar casi exclusivo de pescadores, pero con el correr del tiempo también se ha convertido en un excelente lugar para acampantes sin caña de pescar. Adriana y yo somos de esta clase de visitantes aunque debo reconocer que de origen fui pescador, lo que fue devorado por mi pasión por viajar y conocer, cuando me subí a un todo terreno, hace más 20 años.

Decidimos quedarnos un par de días, en lo posible sin mover la chata y aprovechamos para usar la vieja carpa doble para cuatro que usábamos cuando los chicos nos acompañaban: una suite en el bosque. Muchos años sin salir de su bolsa, merecía volver a ver la luz en un lugar como éste.

Como dije, el primer día fue de completo relax, dedicándonos a la lectura y a breves paseos por el bosque y la costa del lago.

El segundo día fue más intenso, ya que después de escuchar al «Pelado», nos envalentonó para hacer un trekking de unos 10 km al cerro El Riñón, la mayor parte por una empinada huella para vehículos dentro del denso bosque andino, lo cual parecía sencillo, pero las larguísimas pendientes continuas, ideales para los vehículos cansan unos músculos a la subida y te destrozan otros y las uñas de los pies a la bajada, frenando constantemente. Por senderos de trekking suele haber subidas más abruptas y cortas pero estas largas subidas sin fin te destruyen mentalmente porque parecen interminables.

El entorno es paradisíaco, la densa vegetación y los frescos arroyo de agua cristalina se disfrutan a cada paso y aunque agotador, el esfuerzo por recorrerlo es placentero.

Si bien es una huella automotor, es bastante estrecha y acechada por la vegetación por lo que para hacer con un vehículo hay que estar dispuesto a rayarlo un poco. Fue buena decisión no asomar a Pampa 03 aquí ya que no hubiera podido sustraerme a recorrerla y por otra parte, tampoco hubiera podido darla vuelta fácilmente una vez que la embocase; la parte final se vuelve embarrada y muy empinada, sin duda esto es para Pampa 02…

No obstante, como sarna con gusto no pica, llegamos casi hasta el final de la huella vehicular donde desde un mirador natural se tiene una espectacular vista casi 360° del lago y todas las boscosas laderas que lo circundan.

No seguimos hacia la cumbre de El Riñón porque la verdad no nos daba el cuero, pero indudablemente habrá otra vez en el futuro.

Cansados y felices, retornamos al campamento, donde nos dedicamos a descansar y a preparar el fogón para cocinar unos riquísimos penne rigate con tuco al disco.

La mañana del miércoles siguiente amaneció muy fría y desarmamos prolijamente el campamento para seguir con nuestra gira, que terminaría siendo mágica y misteriosa.

Cabañas Nikita, volveremos!

Seguimos con rumbo norte a la RP17 y a la huella de los Rifleros

SIERRA GRANDE, LA VIEJA RN 25 y RIO PICO

6 de enero de 2024

<< Introducción al viaje

Salimos temprano desde casa con rumbo sur con la idea de hacer poco más de 1000 km en el día apuntando a San Antonio Oeste o General Conesa.

Para variar un poco en lugar de usar las tradicionales RN 3 y RN 51 pasando por Bahía Blanca, innovamos por La Pampa, tomando la RN 35 y la RN 154 hasta La Adela; es un poco más largo (no mucho) pero realmente es muchísimo más tranquilo y descansado. Buena opción.

Este alargue terminó siendo un atajo temporal, ya que sin mucho esfuerzo nos llegamos hasta Sierra Grande, donde el hotel homónimo es una muy buena posibilidad ya que lo modernizaron un poco y no es muy caro.

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7 de enero de 2024

Siempre que pasé por Sierra Grande solamente había parado a dormir o a cargar combustible sin apartarme de la ruta. Nunca se me había ocurrido darme una vueltita por dentro el pueblo en la creencia que luego de su extinguido esplendor minero de HIPASAM era un pueblo desierto que no valía pena visitar.

Esta vez, tempranito a la mañana, después de desayunar y antes de retomar la ruta nos asomamos a su interior. Y fue una grata sorpresa porque lejos de parecer un pueblo abandonado parece tener algo de actividad y se lo ve bastante cuidado para lo que me esperaba.

No sé cual es su actividad actual pero evidentemente algo lo mueve. Tal vez el turismo de Playas Doradas o el turismo minero.

La idea era llegar a Rio Pico, donde un viejo compañero de aventuras nos iba a estar esperando con un motorhome para al menos compartir unos vinitos.

El camino era conocido: RN3, RN25, RP63, RN40 y R19 y como nos sobraba el tiempo para llegar a la tardecita como planeado, al pasar Las Plumas nos internamos al pasado por un desvío que se descuelga hacia el sur.

Todo aquél enamorado de la Patagonia que pudo recorrer la escénica ruta nacional 25 que atraviesa Chubut de este a oeste corriendo a la par del río Chubut pasando por Las Plumas, Los Altares y Paso de Indios se debe este desvío para conocer la vieja ruta que en lugar de acompañar al rio se adentraba  en la colorida estepa patagónica y atravesaba la ignota Sierra de los Guanacos.

La ruta aún existe y se la ha renombrado como ruta provincial 53 y les informo que está en muy buen estado y que aún conserva los típicos mojones de hormigón de las rutas nacionales que ya no se usan más.

A poco de dejar Las Plumas, un desvío a la izquierda señalizado con rumbo a El Sombrero te introduce de lleno en un típico paisaje patagónico como se solía ver hace 30 o 40 años cuando el asfalto era una rareza. Una cinta de ripio en muy buenas condiciones, serpenteante en el plano horizontal y vertical te muestra porque la modernidad esquivó esta traza, pero te proporciona el placer de manejar en solitario disfrutando de paisajes lunares.

Al atravesar la Sierra de los Guancos te eleva por una simpática cuesta  a 1000 metros de altura y te permite ver los amplios horizontes que delimitan la meseta de Canquel por el este. Pura Patagonia para fanáticos.

Un sinnúmero de vados secos te avisan que la debés evitar sí estuvo lloviendo y que tenés que tener cuidado de no comerte alguna “cortada” si pasás después de una lluvia reciente. Son los únicos recaudos que hay que tomar si decidís encarar este pequeña aventura de 150 km que te devuelve al asfalto en Paso de Indios.

En una de mis anteriores expediciones a la zona, tuvimos que salir bajo una terrible lluvia y si bien renegamos un poco, reconozco que nunca me había divertido tanto manejando en el resbaloso barro colorado de esta ruta.

En Paso de Indios retomamos la nueva traza y sin inconvenientes llegamos a Rio Pico, donde sin muchos inconvenientes encontramos a nuestro amigo Claudio y su esposa Gabriela, esperándonos para matear en la plaza del pueblo.

De allí decidimos acercarnos al Lago Tres, donde sabíamos del camping municipal «Arco Iris» que nos había acogido en el pasado con buenos sitios de acampe.

Armamos campamento, disfrutamos de una hermosa y extensa charla con nuestros amigos mientras picamos algo en los refugios que cada sitio dispone y nos fuimos a dormir con el deber cumplido.

Por la mañana, la belleza del lago Tres nos permitió sacar unas muy buenas fotos y luego levantamos campamento, nosotros partimos con rumbo al lago Vintter y Claudio con rumbo sur ya que seguirían hacia El Chaltén.

Nos vemos en LAGO VINTTER >>

VIAJE RELAMPAGO AL SUR

6 al 14 de Enero de 2024

Mis vacaciones formales pedidas con tiempo están previstas para marzo, pero un inesperado hueco en el trabajo me «obligó» a tomarme una semanita extra en enero. No tenía nada pensado especialmente ya que fue de improviso, así que pusimos rumbo a mi querida Patagonia sin muchos planes a hacer uno de esos intensos viajes relámpago (literalmente) que me caracterizan.

Pampa 03 tenía que empezar a sentir el rigor y convertirse en un correcaminos, como debe ser.

En el mapita pueden apreciar el recorrido que hicimos, donde en cada uno de esos puntos rojos tengo cosas para contarles de lugares invisibles para el turismo masivo con interesantes historias.

Sólo como anticipo les «resumo»: salimos de casa y dormimos en Sierra Grande, recreamos la vieja traza de la RN25, pasamos por Río Pico, acampamos tres noches en los lagos 3 y Vintter, descubrimos la bonita RP17 entre Corcovado y Tecka, conocimos la parte oculta de la Huella de los Rifleros, recorrimos por dentro toda la caldera de Piedra Parada, acampamos a orillas del río Chubut, nos caminamos todo el Cañadón de la Buitrera, pasamos por Paso del Sapo y Gastre, nos arriesgamos a una tortuosa y desconocida huella desde Gastre a El Caín, conociendo lo que queda de la mina Angela y marcando una confluencia, acampamos en plena meseta de Somuncurá bajo una fuerte tormenta de rayos y truenos, visitamos las estaciones Teniente Maza, Musters y Pajalta del Tren Patagónico, nos asombramos con la mina Gonzalito, descansamos en San Antonio Oeste, hilvanamos tres estaciones más del Patagónico de muy difícil acceso: Vicealmirante O´Çonnor, Liborio Bernal y General Nicolas Palacios y por último también visitamos las estaciones de Cardenal Cagliero, Desvío Salinera, José B. Casas y la sorprendente Stroeder. Finalmente nos alojamos en Coronel Pringles para volver a casa el día siguiente.

Intenso para sólo nueve días, no?

Pronto empieza la saga de blogs donde les cuento los detalles, por ahora les muestro un breve álbum de fotos.

SIERRA GRANDE, EX RN25 y RIO PICO

LAGO VINTTER

LAGOS ENGAÑO y GUACHO, RP17 y HUELLA DE LOS RIFLEROS

LA CALDERA DE PIEDRA PARADA

CAÑADÓN DE LA BUITRERA

DE PASO DEL SAPO A SOMUNCURÁ

TRES ESTACIONES DEL PATAGONICO EN LINEA SUR

MINA GONZALITO

MAS ESTACIONES DEL PATAGONICO ANTES DE VIEDMA

ESTACIONES AL NORTE DE PATAGONES

COLONIA BARRAGÁN

23 de diciembre de 2023

Siempre, vayamos donde vayamos, habrá algún rincón desconocido para descubrir desviándose de los caminos habituales.

Volvíamos de Mar del Plata de visitar a un querido amigo que vive en la zona de Parque San Martín y se nos ocurrió pasar por Sierra de los Padres a comprar verduras frescas a buenos precios. Ahora todo suma…

Para volver a la Autovía 2 acortamos camino por la diagonal que sale desde El Coyuco hacia Cobo, que la conocía de las épocas cuando trabajé en la zona en el tendido de las líneas de alta tensión entre Vivoratá y Mar del Plata. Justo pasamos por una punto donde hay una espectacular perspectiva de las dos líneas de doble terna de 132 kV que me tocó dirigir.

Antes de llegar a Cobo, miro el GPS y veo otra «cortada» que sale hacia Vivoratá pasando por Colonia Barragán que me tentó. Una parte la conocía hasta la colonia pero no sabía que seguía hasta Vivoratá. Imaginen qué hice…

La COLONIA BARRAGAN es un zona de quintas e invernaderos muy arbolada recostada sobre el arroyo Vivoratá que baja de las sierras. Es un oasis en medio la llanura.

Después de recorrer la colonia, seguimos el GPS rumbo a Vivoratá. Pasamos por una imponente entrada a la estancia Los Mates donde parecía que todo acababa pero la huella la esquivaba por el este. Sin embargo al llegar al arroyo Vivoratá, donde había un precario puente, una tranquera con candado cerraba el paso y además la huella se desdibujaba. Game over para el plan!

Reculamos a la Autovía 2 pasando por COBOS, con la satisfacción de haber conocido otro rinconcito bonaerense.

EL VADO DE LA TRINIDAD

29 de octubre de 2023

Despues de visitar el Paso de la Muerte seguimos nuestro derrotero serrano, ahora buscando el Vado de la Trinidad, donde esperábamos bautizar a Pampa 03.

No atravesar el Paso de la Muerte nos llevó a un largo rodeo por el sur que nos hizo pasar por AZUCENA, estacion que ya habíamos visitado allá lejos en el 2011, donde el paso a nivel nos regaló el pasaje de un tren carguero larguísimo cuyo desfile en subida pude filmar completamente.

Un tren de carga a toda potencia subiendo hacia Azucena

Luego aterrizamos en el bucólico pueblo de María Ignacia (Estación VELA).

Me encantó este último pueblo; tiene una paz, una tranquilidad, una prolijidad que genera una sana envidia para los que nos toca vivir en el conurbano bonaerense.

Era la hora de la siesta, así que casi no había nadie por la calle y como es habitual nos fuimos a visitar la estación, que por cierto está muy bien cuidada.

Cumplido el ritual ferroviario, nos abocamos a buscar cómo llegar al Vado de la Trinidad.

Si bien hasta el momento no habíamos tenido indicios de lluvias en todo el recorrido, a partir de ahora era evidente que la noche anterior había caído algún fuerte chaparrón y por lo tanto, de vez en cuando debimos sortear algunos charcos, que se iban incrementando a medida que os acercábamos al cauce del Arroyo de los Huesos, el cual nos proporcionaría el vado de la Trinidad. Se me instaló la duda si iba a ser practicable pero no le iba a aflojar…

En los últimos metros de aproximación, obviamente un bajo inundable, la huella se volvió resbaladiza y probé con éxito el modo «resbaladizo» del control de tracción de Pampa 03.

Y apareció el vado: era bastante ancho y con mucha correntada, lo suficiente para envalentonarme y poner a prueba la chata. Así que por primera vez puse la 4×4 baja con el bloqueo y me mandé. Tenía casi medio metro de profundidad pero el piso era muy firme, pero lo supe mientras estaba cruzando.

Por supuesto que pasamos sin problemas y Pampa 03 tuvo su bautismo acuático. Tiene que ir aprendiendo…

Después de este evento , solo quedó regresar pasando por Pablo Acosta y por Boca de las Sierras. Un excelente recorrido en sólo dos días.

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