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DE PASO DEL SAPO A SOMUNCURÁ: inventando caminos

13 de enero de 2024

Después de recorrer el Cañadón de la Buitrera, seguimos hacia el sur rumbo a Paso del Sapo, un pueblo de curioso nombre que no conocíamos, donde repostamos combustible y compramos algunos víveres.

El raro nombre es derivado del de un poblador costero apodado «Sapo», que vivía junto al vado por donde cruzaban el río Chubut con las carretas para seguir la travesía hacia Gastre, Gan Gan, Telsen y finalmente Puerto Madryn (actual RP4), en la época de la colonización galesa. Ahora hay un moderno puente de la RP13 que te lleva hacia el norte.

Lo que no teníamos definido era nuestro derrotero de regreso ya que podíamos ir por ruta fácil y conocida hacia Jacobacci (RP13 y RP76) o podíamos ir por Gan Gan por RP4, visitar un amigo en Pampa de Talagapa por RP67 y subir a Somuncurá por RP8 (todo conocido) o «inventar» un «camino» que me había comentado Raine Golab uniendo Gastre y la Mina La Angela para luego a través de la RP72 y la RP5 pasar por el Caín y asomarnos a Somuncurá por la RP8. Alguna vez lo había estudiado en Google Earth y por suerte esa traza no relevada estaba en Viajeros Mapas como reaseguro.

Si bien tenía el riesgo de que estábamos solos ya que seguro que por allí no andaría nadie ¿adivinen cual elegimos? Un poco de adrenalina no vendría mal para tomarle confianza a Pampa 03.

Al llegar a Gastre, donde volvimos a cargar combustible, tomamos el recaudo de preguntar si al menos alguien sabía de la existencia de esa huella.

Un ocasional transeúnte a la hora de la siesta, nos dijo que existía, pero que casi nadie la usa y no tenía idea de su estado. Perfecto, era lo que queríamos escuchar!

El primer tramo del sendero estaba bien marcado, con Adriana abriendo y cerrando de nuevo infinidad de tranqueras, enhebrando estancias dispersas; con el correr de los kilómetros se fue desdibujando, pero se podía identificar claramente con la ayuda del GPS.

Al pasar por la estancia Ñancuyique perdimos el rastro ya que parecía ser el lugar hasta donde se usaba regularmente la huella.

No obstante volvimos a encontrar la traza confiando en el GPS pero ahora ya estaba complemente en desuso; seguimos avanzando hacia el norte por un trazado zigzagueante que subía lentamente al acercarnos al paralelo 42, donde nos esperaba la RP72, en las proximidades de la mina abandonada «La Angela», la cual se nos había negado en 2007 cuando tratamos de llegar por la RP72 desde el oeste viniendo de Jacobacci por culpa de una tranquera con mil candados cuando andábamos cazando confluencias.

Por supuesto que antes de encarar la RP72 hacia El Caín, teníamos que ir a ver que había sido de esa tranquera y tal vez asomarnos, ahora si, a la mina abandonada.

Pasamos frente a un solitario puesto casi sobre la pretendida RP72, donde su morador nos miró con extrañeza desde una ventana. Claro, ¿Quién puede andar paseando por estos lares? Sólo el Pampa y señora…

Encontramos el desvío a la mina y nos asomamos a ver que onda. Algunas construcciones derrumbadas y vestigios de excavaciones pero, al menos desde la chata no se podía apreciar gran cosa.

Hace muchos años que se abandonó y la naturaleza va cubriendo las heridas que el hombre le propinó. Había muchas huellas que se adentraban en las serranías pero no me quise arriesgara estropear alguna cubierta con alpatacos o hierros o derrumbes inesperados.

Tan poco se veía que saqué una sola foto de una huellita interesante.

La historia de esta mina es controvertida. Explotaban oro, plata, cinc y plomo y la discontinuaron porque no era productiva. En marzo de 2021 la compró Patagonia Gold (titular del vecino proyecto rionegrino Calcatreu) porque parece que han descubierto que todavía tiene mucho para dar, a la espera que Chubut alguna vez facilite las explotaciones mineras. El siguiente newsletter que confirma esta operación: https://latin-metals.com/news-releases/patagonia-exercises-option-to-acquire-latin-metals-mina-angela-project-chubut-province-argentina/

Por otra parte en algunos reportes la dan como un ejemplo de saneamiento ambiental del cierre de una mina y en otros dicen que fue desastroso, a tal punto que afirman que el arroyo Maquinchao transporta todavía restos de cadmio.

Al regreso, cuando me puse a investigar por curiosidad, encontré mucha información, que de haberla tenido en el momento de la visita, seguramente me hubiera empujado a explorar más ya que en las fotos satelitales se puede ver que había mucho más adentrándose algunos kilómetros hacia el sur.

Hay muchos artículos en Internet, les dejo el que da un pantallazo bastante claro de este emprendimiento, que en su momento empleó 450 personas alojados en campamento: https://www.studocu.com/es-ar/document/universidad-nacional-de-catamarca/servicios-mineros/tpn0-1-cierre-y-remediacion-de-mina-angela/8691011

Salimos de la mina y nos fuimos a la tranquera, que estaba igual que quince años atrás, aunque ahora sin los candados. La RP72 ahora está expedita.

Estaba a menos de 200 metros de la confluencia 42°S 69°O, así que no quedó otro remedio que ir a registrarla de nuevo. La crónica del 2007, acá esta: 42°S 69°O en 2007 (éramos tan jóvenes)

Cumplido el ritual confluenciero, pegamos la vuelta y remontamos la RP72 hacia el noreste, la cual, salvo los primeros kilómetros donde es apenas una huella, a partir de la estancia Rucu Luan está en excelente estado.

Al llegar al cruce de la RP5 nos desviamos hacia El Caín, donde nos detuvimos a registrarnos para ingresar a Somuncurá.

El policía que nos atendió nos previno que estaban pronosticadas tormentas sobre la meseta y que tuviéramos cuidado. Tomamos nota pero eso no desalentó nuestra ilusión de hacer un campamento somuncuresco.

Seguimos por la RP5 hasta interceptar la RP8 que lleva a Prahuaniyeu, donde no paramos de abrir y cerrar tranqueras. No es la parte más dura de Somuncurá pero es una buena muestra.

Caía la tarde y había que buscar donde acampar; se veían cielos con tormentas a lo lejos, alternados con sectores completamente despejados. Parecía que todas estaban a gran distancia y que no nos iban a afectar, así que cuando vimos el único puesto arbolado de la meseta, nos arrimamos para ver si ese era el mejor lugar.

El lugar era ideal, un puesto abandonado con mucho verde y muchos árboles: una rareza.

Mientras elegíamos el mejor lugarcito, de la nada se desató un fuerte viento que hacía bramar los árboles como advirtiéndonos que no era un lugar seguro. Una rama sobre la carpa o sobre la chata podía ser una complicación o un disgusto innecesario, así que desechamos la opción, total, sombra no necesitábamos.

Volvimos un poco hacia atrás a un descampado que era como parte del cauce de una laguna seca y curiosamente el viento cesó: era la indicación de que era el lugar a elegir. Increíble la diferencia en unos cientos de metros. Somuncurá, «la piedra que canta» nos aconsejó de ese modo.

Armamos el campamento y cenamos algo frugal mientras anochecía en un silencio sepulcral, con paisaje cambiante de nubosidades que presagiaban lluvias pero alejadas de nosotros.

Al rato pasó una vieja F100 que se caía a pedazos, siendo el único vehículo que cruzamos desde que salimos de Paso del Sapo, descontando los que encontramos en Gastre y El Caín. Todo el día andando y un sólo vehículo!

Acampar en un lugar así en Somuncurá, con Adriana, fue una especie de vieja aspiración cumplida. Un lugar increíble en soledad total.

Al acostarnos, todavía con algo de luz, a lo lejos se veían algunos refucilos; el día no había terminado aún…

Al oscurecerse del todo, a través de la tela de la carpa, comenzamos primero a ver el resplandor de los refucilos, luego los relámpagos, a continuación truenos interminables y ensordecedores y por último la lluvia, no muy intensa pero magnificada al golpear el sobretecho de nuestra carpa. No hacía una hora que nos habíamos acostado y no pudimos pegar un ojo por un par de horas hasta que todo se calmó.

La preocupación no eran ni la lluvia ni los rayos pero sí que una granizada nos deje a Pampa 03 como picada de viruela.

A eso de las dos de la mañana, cesó de llover y nos dormimos como angelitos.

Somuncurá ya nos había puesto los puntos. ¿Queríamos adrenalina? Vaya si la tuvimos!

Y la pucha que valió la pena…

7 comentarios

  1. Susana

    Tremenda travesía Sergio, la viví con tu relato… aguante Adriana abriendo y cerrando tranquera! Y un guiño a Raine, que te inspiró a hacer esa ruta… abrazos Pampa!

    • Pampa

      Si, estuvo muy buena. Es tan lindo explorar!!!

  2. Esteban

    Que lindo volver a leer tus relatos. Había perdido tu rastro. Me encanta leerte.

  3. Tonga

    Excelente Pampa!

  4. Abeldelanava@gmail.com

    Muy buen relato Pampa !

  5. Abeldelanava@gmail.com

    Muy bueno !o

  6. Eduardo Carbonaro

    Excelente relato Sergio, dan ganas de estar ahí.

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