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Dia 03: LA HELVECIA POR LA PUERTA DE ATRÁS Y UN DERRUMBE QUE VOLVIO A CAMBIAR TODO
Jueves 16 de julio de 2026
De nuevo salimos temprano para aprovechar a full los dos días restantes: nuevos planes, entusiasmo renovado.
Durante la noche, Juan Marcelo estudió las satelitales y armó un recorrido para asomarnos a la Mina La Helvecia hasta donde sea posible; a esta se suele ingresar por el norte por una huella fácil solo complicada por un candado cuya llave se puede conseguir, pero no era la intención.
Nosotros intentaríamos acceder por el sur desde los caracoles de la “Cuesta de los Guerreros” (Los Guerreros eran los viejos camiones de la mina), a sabiendas que probablemente tengan derrumbes insalvables. Consultamos a Nestor Queralt y nos dijo que entendía que había sectores imposibles para las chatas, pero igual íbamos a ir a curiosear.

Salimos de la ciudad por la huella que pasa por San Bernardo y por la vieja presa en desuso, Los Nacimientos, al sur del río Guandacol, hasta que en un momento se aleja del cauce y ahí nos metimos de lleno en el río, por donde antes andaban los camiones de la mina La Helvecia.
Como era de esperar, el lecho era un mar de piedras, salvo en el primer tramo hasta el puesto del Sr. Páez, que nos confirmó que veníamos por “buen camino”.




Después de sortear un alambrado que atraviesa el río, el avance se hizo lento y tortuoso, sobre todo para Toto y yo que no teníamos ruedas muy grandes. Pero con paciencia el avance se lograba; los caracoles no aparecían nunca y en algun momento dudamos en continuar




Pero la curiosidad pudo más y finalmente en un recodo del río hacia el norte los divisamos, en el final de una huella destruida que abandonaba el río.

Era cerca de mediodía y el lugar estaba bueno para un almuerzo de travesía, así que nos detuvimos al reparo y además la picada tradicional, le dimos a los huevos revueltos con panceta, mientras algunos fueron caminando hasta la base de los caracoles, distante unos 500 metros por un camino totalmente destruido.




Llegar con las chatas hasta ahí se podía e incluso arrancar la subida de los caracoles, pero no llegamos a comprobarlo. Juan Marcelo quiso mirarlos con el dron, pero el viento no lo dejó tomar altura. Igual, la verdad, tampoco estaba en los planes mandarnos: aunque llegáramos arriba, no teníamos la llave del candado del portón del acceso “fácil” desde el norte de Guandacol. Creo que esto es para una expedición específica, tal vez caminando primero.











Satisfechos de la investigación, desandamos el lecho del río y como siempre, resultó mucho más veloz que a la ida.
Pronto lo dejamos y retomamos la senda que debería llevar al punto de partida del día martes pasado, es decir las cercanías del Puesto Chipical, donde subiendo a unas antenas en el Cerro Áspero, trataríamos de bajar por un cauce hasta Indio Muerto y Jáchal.
Pasamos del río Guandacol al río de Los Obscuros, donde encontramos un derrumbe que nos costó un poco sortear.





Desde allí encaramos lo que debió ser un sendero minero que transcurre a través de la angosta Quebrado El Chileno donde una enroscada cornisa nos proporciona una delicia para el manejo y la fotografía.
Íbamos tranquilos pese a que a cada paso se veía más abandonada porque según Tape la habían hecho en sentido inverso sin problemas. Además, en Viajeros Mapas está indicada como Dakar 2010, apenas 16 años atrás.


En un momento apareció una bifurcación en los GPS: hacia la derecha estaba para pasar pero evidentemente estaba muy destruida, a la izquierda se metía en un cauce prometedor, muy diferente al recorrido que Tape recordaba.
Tape se adelantó para investigar porque se trataba de un bypass de la huella principal pero pronto nos informó que había topado con un escalón que nos demandaría varias horas de trabajo. Si Tape dice que no, imaginen lo que debía ser…






La otra alternativa en la bifurcación tampoco parecía muy viable, así que decidimos caminarla un poco a ver qué onda.
Realmente estaba muy mala pero posible en los primeros tramos hasta que después de la novena curva (unos 1500 metros) un gigantesco derrumbe sobre el camino no hacía fácil el paso. Seguramente trabajando se podía pasar, pero ya estaba avanzada la tarde y no sabíamos lo que podía encontrar más adelante: teníamos aún más de 10 kilómetros de cornisas enroscadas. Con las perspectivas climáticas que había en la zona, no era para arriesgar a quedarnos varados a casi 3000 msnm, así que, sanamente, decidimos volver.

Mientras tanto, Toto encuentra su rueda delantera izquierda en llanta e intentamos repararla sin éxito. La volvimos a inflar y parecía aguantar, así que la dejamos sin cambiar por ahora.

La vuelta no fue muy rápida porque con Toto, teníamos que inflar la rueda cada 10/15 minutos; encima, en una de las paradas vimos que en la misma rueda se había desprendido la abrazadera del fuelle del palier había dejado expuesta a la mugre la junta homocinética.
Decidimos parar a cambiar la rueda y a reparar el anclaje del fuelle, lo que nos demoró aún más y se hizo de noche.
Lejos de Guandacol y de Jáchal, no quedaba otro remedio que acampar en alguna parte, evitando los cauces de ríos por si las lluvias nos jugaban una mala pasada.
Después de muchas vueltas, y de renegar en la oscuridad con el cauce seco y empedrado del río Los Obscuros y con las protestas del Toto que no paraba de pegarle a las piedras, en un descampado alto en la periferia de la mina Gualcamayo, encontramos un sitio donde estacionar las chatas al costado de la huella y como estaba lloviznado, terminamos durmiendo en las chatas después de una picada con champagne para saciar el hambre.

CONTINUARÁ
Día 04: Otro día de intentos infructosos
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