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Categoría: La otra ruta 40

EXPLORANDO LA OTRA 40: DIRECTO DESDE EL PNPM A ESTANCIA RIO CARBON

<< VENIMOS DE LA NUEVA RP41

Martes 21 de enero de 2020

Nos tomamos el día para hacer un descanso sin muchos kilómetros de manejo.

Aprovecharíamos para que algunos que nunca habían estado antes, conozcan el Parque Perito Moreno y de paso, aprovechar para hacer algún treking liviano.

Después de desayunar, esperamos que la comitiva de Butler dejase el casco de La Oriental para salir sin generarle problemas a los Lada con sus anfitriones (recuerden que estábamos de polizones) y nos fuimos a la Península Belgrano con la intención de hacer el circuito de treking que la recorre casi totalmente, algo que siempre por falta de tiempo, nunca habíamos hecho en el pasado. Julio y Sonia se fueron a intentar pescar nuevamente a la laguna La Oriental, ya que se habían quedado con las ganas.

El recorrido de la península es muy bonito y más ahora que, con la inestimable ayuda de Butler, los senderos están bien marcados y señalizados, y lo más interesante es la posibilidad de alojarse en unos muy coquetos refugios construidos especialmente, los cuales hay que reservar por Internet. Hasta leña seca cortada tienen.

La verdad que están muy buenos y encontramos que todos estaban ocupados.

Hicimos el recorrido más corto, el circuito CHICO que lleva unas tres horas y al finalizar, almorzamos en el estacionamiento de la Península para luego ir a dar una vuelta por la zona norte del parque.

Llegando a Península Belgrano
Angosto istmo de la península (ver mapa siguiente)
Mapas de los circuitos
Inicio del treking
Lago Belgrano
Uno de los refugios
Leña seca y cortada para utilizar
La península tiene de todo…
Laguna seca en el interior de la península Belgrano
Una lagunita más del interior
Mas vistas del Belgrano

Primero fuimos a ver el clásico mirador del río Lácteo, al que se llega con vehículo, y después fuimos a visitar el río Volcán, donde nos cruzamos con la delegación de Butler y al saludarlos nos enteramos que por supuesto sabían de nuestra presencia. Pero no pasó nada, fue un amable encuentro con algunos de sus asistentes, a quienes les transmitimos nuestro agradecimiento a Mr. Gil  por colaborar con el cuidado del parque.

Mirador del río Lácteo
Rio Volcán
Zona la pasarela del río Volcán
No vimos ninguno

Nos volvimos tranquilos al campamento, no me acuerdo que cenamos y nos fuimos a descansar para encarar mañana la apertura de un nuevo tramo de la RP41 hacia el sur, uno de nuestros objetivos junto con asomarnos a la estancia Río Carbón, cabecera de alguna futura aventura por el oeste de la Meseta de la Muerte.

RUMBO A LA ESTANCIA RIO CARBÓN

Miércoles 22 de enero de 2020

Bastante después de este viaje, encontré en la página de AVP Santa Cruz mucha información de rutas provinciales existentes y en proyecto. En particular me interesó la RP41, que entre lo que está hecho y lo proyectado, recorre casi todo el oeste santacruceño pegada bastante al límite internacional. Como sin saberlo, le había puesto como título a este viaje, es «La otra ruta 40», sin saber que el proyecto ya existía, o mejor dicho tenia planeado existir.

En particular lo que haríamos mañana es algo parecido a lo que denominan «RP41f». Algo parecido porque la traza prevista, que está «sin abrir», recorrería el interior del PNPM en una zona intangible, donde por supuesto no nos iban a dejar ni asomar.

Pero en las fotos satelitales encontramos unas huellas que enhebrando algunas estancias permitirían hacer un recorrido paralelo bastante parecido.

El tramo en amarillo es la traza prevista por AVP Santa cruz (RP41f); en marrón es lo que nos propondríamos hacer, que nos evitaba ir hasta Las Horquetas (en rojo areografiado)

No nos levantamos muy temprano. Las caminatas de ayer, a las que no estábamos habituados, más un poco de vagancia, nos demoraron un poco.

Nos despedimos de los Lada y nos largamos a tratar de evitar volver hasta Las Horquetas para llegar a la estancia Río Carbón recorriendo solamente un lado del triángulo en lugar de dos, vadeando al menos dos ríos y transitando huellas desconocidas y probablemente abandonadas.

A poco de salir del parque nos desviamos hacia el sur buscando el vadeo del rio Belgrano en la estancia La Olguita. Ya no son rutas públicas sino huellas entre las estancias donde pudimos acceder gracias a los salvoconductos que siempre nos consigue Eduardo Lada en esas latitudes.

Vadeo del río Belgrano

Después de vadear el río, que aún llevaba bastante caudal para la época, seguimos por la costa sur del río Belgrano por una huella precaria y serpenteante que nos llevó hacia el este, hasta la primera estancia, La Perseverancia. Allí, con solo mencionar a Eduardo, nos dejaron pasar sin problemas.

Estancia La Perseverancia

Desde este punto, tras unos kilómetros de camino accesible (a esta estancia se llega normalmente por el sur desde Las Horquetas), giramos hacia el sudoeste por una huella completamente abandonada en dirección al río Lista. A medio camino encontramos un puesto de cierta importancia, en el mismo estado que la huella. Cerca del río Lista, esta había desaparecido por completo, seguramente debido a las crecidas, pero con algo de dificultad logramos llegar a un punto donde estimamos posible su vadeo.

El vadeo finalmente fue fácil y después de hacerlo, no había huella alguna que seguir; la única referencia era apuntarle a la próxima estancia, Kate Tony.

Vadeo del río Lista

En esa zona el rio recibe sobre una extensa planicie de cantos rodados, un afluente importante, el río Las Conchas y no hay nada marcado por dónde seguir.

Sin embargo, a lo lejos divisamos una especie de casa rodante en el medio de la nada y le apuntamos ahí. Aunque sea como guía, un precario sendero debería existir para llegar a ella.

Puesto-casa rodante abandonado cerca del río Las Conchas

Vadeamos sin dificultad el rio Las Conchas y llegamos a la casa rodante, que por supuesto estaba abandonada hacía mucho tiempo. Pero lo bueno es que había vestigios de una huella, casi borrada pero huella al fin, y que le apuntaba a Kate Tony.

La encaramos y a poco de andar y con bastantes dificultades, divisamos las instalaciones de esa estancia; ahora solo faltaba que no nos saquen a escobazos por llegar en forma inesperada.

Abrimos un par de tranqueras cercanas (en realidad atravesamos corrales) y ante la sorpresa de los paisanos, estacionamos las tres chatas frente lo que parecía una matera.

No recordaban que alguien hubiera llegado a Kate Tony por allí por muchos años.

Nos invitaron a tomar mate y les contamos de nuestras intenciones inmediatas de llegar estancia Rio Carbón para curiosear y para en el futuro intentar llegar hasta el lago San Martin por la Meseta de la Muerte desde allí. Uno de los paisanos había hecho a caballo este último tramo y nos alertó que tanto el terreno como el clima de la Meseta de la Muerte son bravos. Ya lo sabíamos pero no era parte de este viaje.

Tranqueras antes de llegar a Kate Tony
En la matera de Kate Tony

A partir de ahora circularíamos por rutas o huellas de tránsito más o menos permanente. Seguimos por un buen camino interno ripiado hasta encontrar la RP35, y de allí nos dirigimos a la zona de Tucu Tucu. Poco de después de pasar frente a estancia homónima, entramos en una huella más precaria que nos separaba 20 km de la estancia Rio Carbón pasando por la estancia La Florida y que de momento es el único tramo abierto de la RP41h, bordeando el arroyo Potrancas.

El paisaje es muy bonito pero es claro que pasa muy poco tráfico por aquí ya que la huella tiene algunos pasos complicados por falta de mantenimiento.

De Kate Tony a RP35
RP35 con rumbo oeste
Al oeste, montañas muy nevadas
Estancia Tucu Tucu
Estancia Tucu Tucu
Desvío a estancia Rio Carbón por RP41h
RP41h al inicio
Más RP41h
Rio Potrancas
Ya falta menos…
Estancia La Florida

Atravesamos la estancia La Florida y encaramos una larga y zigzagueante bajada al río Carbón que finalmente nos depositó el la remota estancia, donde la RP41 h termina por ahora y seguramente por mucho tiempo más.

Desde aquí al lago San Martin solo se registra un intento exitoso pero muy complejo y sacrificado de un par de chatas que lo hicieron. Rafael Sendra fue el héroe de esa expedición donde estuvieron a punto de dejar las chatas para siempre en el cañadón del río Fósiles.

Siempre tengo la esperanza de reeditar esa expedición, espero poder hacerlo alguna vez.

En estancia Rio Carbón nos atendió muy bien el puestero, contento de recibir visitas, lo que no es muy frecuente. Este si que es uno de los confines de la civilización.

Por supuesto nos hizo pasar y tuvimos una interesante y familiar ronda de mate, donde pudimos corroborar que por allí era el portal de entrada a la meseta de la Muerte, remontando los filos de los cerros que encajonan al río Carbón.

El valle del río Carbón
Llegando a la estancia Rio Carbón
Estancia Rio Carbón, lugar remoto si los hay
La casa del puestero
Mateando con el puestero
Los años que tiene esta lata!
Corral en el río Carbón
Rio Carbón, con muy poca agua este verano
La pasarela del río Carbón
Desde la pasarela del río Carbón
El cordon montañoso del fondo es donde se iniciaría el tramo sin abrir de la RP41h
Con un poco de zoom, esta es la montaña que hay que subir para empezar
la aventura por la Meseta de la Muerte

Como esto ya era el final de nuestro viaje y no era demasiado tarde, decidimos partir y acampar desandando un poco de camino, así mañana sería mas liviano el regreso. Habíamos visto un muy buen lugar en la estancia La Florida, al costado del arroyo Potrancas y así lo hicimos.

Aprovechamos un existente refugio precario de troncos y chapas para instalar la cocina y el comedor donde cenamos las fideos con tuco más deliciosos que recuerdo.

Rio Potrancas
Galpón de estancia La Florida
Lugar donde acampamos
El refugio que usamos para cocinar y cenar
Hermoso paisaje
Se venía una tormenta
Anochecer en el Potrancas, con pronóstico de lluvias
Prendiendo el fuego
Cocinado en el refugio
Cocinero en acción
El tuco marchando
El producto final 🙂

Mañana, después de un breve asomo al río Mayer, ya estaríamos de regreso hacia El Bolsón.

EXPLORANDO LA OTRA 40: LA NUEVA RP41

Lunes 20 de enero de 2021

La noche en Los Ñirres fue fantástica ya que había hecho mucho frío afuera; el calorcito del viejo y acogedor casco donde nos alojamos, cubiertos de gruesas y pesadas mantas, fue un placer.

Después  del desayuno, no quedó otro remedio que partir, aunque costaba dejar la grata compañía de Leo Sar. Por las dudas nos acompañó para marcarnos el siempre peligroso vadeo cambiante del río Oro y nos despedimos prometiendo volver a visitarlo alguna vez.

El regreso al lago Puyerredón fue tranquilo y sin problemas, disfrutando ahora de una perspectiva completamente diferente a la de la ida.

Antes de acometer la nueva RP41 nos fuimos a visitar el Puesto de  Gendarmería que es el punto más occidental que se puede avanzar junto al lago, donde una emocionante bandera argentina flameaba orgullosamente con el fuerte viento.

Ahora con nuevo piloto…
La huella del regreso después de vadear el Oro
Paisajes alucinantes
! Qué lugares !
Todo te deja boquiabierto
Asoma el lago Pueyrredón, desde el cañón del rio Oro
Bordeando el Pueyrredón
Pasamos frente a Suyai, ya volveríamos
Fin del camino, Gendarmería
Emocionante ver nuestra bandera allí

Al regreso, pasamos a saludar al abuelo materno de Leo Sar, que es el encargado de la estancia Suyai , a quien consultamos sobre la posibilidad de visitar la curiosa larga península  homónima que está frente a la administración de las cabañas y el camping de la estancia.

La estrecha y larga península que vimos adentrarse en el lago Pueyrredón era un canto de sirena imposible de desoír.

La habitual pesquisa, ayudada por la casualidad, nos proveyó la llave de un candado que nos permitió adentrarnos en el lago Posadas por una lengua de tierra de varios kilómetros de longitud  que en algunos casos no tiene más de 10 metros de ancho.

Estacionamos en su extremo, como si estuviéramos navegando en la proa de un enorme barco en las aguas del magnífico lago Pueyrredón.

Satisfechos con la experiencia  aunque  no del todo porque Julio y Pablito intentaron pescar desde el “medio” del lago pero no lograron nada. No habría truchas en la cena.

Estancia Suyai
Con el abuelo de Leo, una persona genial
Lago Pueyrredón, desde Suyai. Lo más cercano al paraíso
Transitando la península «Suyai»
Un poco más y nos sumergimos…
Muy fuerte haber podido llegar aquí
La estancia Suyai, desde la península
Con un poco de zoom, lo mismo

Cumplido el preciado objetivo de la península Suyai, salimos a buscar el inicio de la nueva RP41 y costó bastante hacerlo porque el cono de deyección del río Furioso durante el deshielo había borrado la huella durante estiaje haciendo honor a su nombre. Con mucha paciencia le buscamos la vuelta y encontramos el inicio del  caracol de subida que ya conocíamos del viaje anterior, cuando inauguramos allá por 2016 ese enlace al Parque Nacional Perito Moreno en modo offroad.

La subida por los caracoles, esta vez con luz diurna, nos proporcionó unas espectaculares vistas aéreas del lago Posadas y el lago Pueyrredón que no habíamos podido apreciar en 2016 cuando lo recorrimos de noche en bajada.

A derecha del peñón, el profundo cañón del río Furioso
Increíble tajo tallado por el río Furioso para abrirse paso al lago
Comienzo de la subida de la RP41
Muy transitada no estaba…
Los interminables caracoles con los dos lagos de fondo

El tramo inicial, existente de hace mucho tiempo, estaba un poco deteriorado por lluvias previas pero no ofreció ninguna dificultad, excepto  porque Elsa con sus problemitas de roscas zafadas y tuercas extraviadas nos hizo “mecaniquear” un poco.

Al llegar al Puesto del Águila, donde antes terminaba el camino, no encontramos al puestero a quien en 2016 habíamos hecho creer que estaba siendo invadido por extraterrestres desde el sur.

La huella, una vez arriba, estaba decente
Los paisajes, como siempre una locura
Puesto del Águila, no había nadie esta vez

A partir de allí seguía la nueva huella abierta por Vialidad Provincial de Santa Cruz y se develaría la incógnita si habían usado nuestra traza o algo nuevo.

A poco de andar nos dimos cuenta que la nueva traza de la RP41 había copiado muy poco de nuestro viaje inaugural de 2016. Seguramente pensando en el mantenimiento la desarrollaron por unos filos varios kilómetros al este de nuestro recorrido.

Nosotros nos habíamos subido al filo adyacente a las nacientes del río Belgrano, para después “tirarnos” por un valle con un arroyo que bajaba al puesto del Puesto del Águila; por el contrario la nueva traza gana altura bastante más al este, opción que  nosotros habíamos desechado debido a la gran cantidad de grandes rocas que nos hubiera costado esquivar, las que seguro no fueron problema para la motoniveladora de Vialidad Provincial.

También el rodeo de la laguna La Oriental lo hace por el lado opuesto por donde pasamos nosotros (nuestro famoso vadeo perimetral).

El único tramo más o menos coincidente fueron las bajadas a la laguna La Oriental (para nosotros subida) y hacia el Parque Perito Moreno, la cual fue suavizada bastante.

En 2016 habíamos transitado por el cauce del arroyo
Y por las montañas del oeste que se ven al fondo
La traza de la nueva ruta discurre por el este
El terreno es plano y firme pero es un muestrario de piedras muy grandes
Seguramente no fue gran problema para una topadora pero muy tortuoso para chatas
La bajada a la laguna La Oriental es casi la misma traza
La hermosa laguna La Oriental desde la bajada
El humedal al norte la laguna La Oriental
Las curiosas formaciones que flanquean la laguna
Las nubes dejan entrever que nos aproximamos al Parque Nacional Perito Moreno
A lo lejos y allá abajo el magnífico lago Belgrano y su impactante color turquesa

Al llegar al Parque, como corresponde nos fuimos a registrar, aunque algunos, para las estadísticas debíamos estar dentro todavía o bien haber sido declarados como desaparecidos. Recuerden que en 2016 varios salimos sin avisar por el camino que no existía. Nunca nos fueron a buscar 🙂

Faltaba el desembarco en La Oriental, el cual fue un operativo casi en secreto ya que estaba de único huésped el padrino y mecenas del Parque, el gringo Gil Butler, quien no quería intrusos mientras él estuviera alojado allí.

Nos acercamos al casco de La Oriental con la coartada perfecta: la entrega del horno eléctrico que nos había encomendado Eduardo Lada (estaba todo planeado de antemano). Su hija Rocío nos dio las instrucciones para acomodarnos en la parte de camping cuidando que no seamos vistos. Hubo que jugar a las escondidas como los chicos con Gil Butler y sus amigos…

Campamento en los fondos de La Oriental
Instalaciones del camping de La Oriental

Acampamos a resguardo de vistas indiscretas y nos atrincheramos en el quincho con cocina económica,  donde Elsa nos deleitó con su clásico guiso de lentejas Plus, regado por buenos vinos.

Y así terminó un largo día de malos caminos y excelentes paisajes.

EXPLORANDO LA OTRA 40: EL RIO ORO

Domingo 19 de Enero de 2020

<< LOS DIAS DE ENLACE

Amaneció un día estupendo y no tardamos mucho en ponernos en marcha, bordeando la costa norte del lago Posadas.

Primero un inevitable desvío para los que no conocían pudieran disfrutar del Arco de Piedra y de una vista clara de los infinitos caracoles de la cuesta de la nueva RP41 al alejarse hacia el sur.

Elsa y Jorge se habían vuelto al pueblo de lago Posadas con el objeto de reparar la cubierta pinchada la tarde anterior. Quedamos en encontrarnos en el río Oro más adelante.

Luego cruzamos el istmo que divide el lago Posadas y el lago Pueyrredón cruzando el puente del arroyo que desagua el primero rumbo al Pacífico.

Claramente esta zona pertenece a la cuenca del Pacífico y nos encontramos al oeste de la divisoria de aguas y al este de la línea de las altas cumbres, es decir en uno de las tantas anomalías que se generaron con la confusa redacción del Tratado de Límites de 1881, que por suerte nuestro apreciado Perito Moreno supo manejar para que esta zona sea argentina.

El complejo lacustre Posadas-Pueyrredón-Cochrane tiene una geografía muy curiosa. Para empezar, a diferencia de casi todos los lagos cordilleranos se orienta casi norte-sur en lugar de este-oeste.

Sus contornos son muy particulares: penínsulas muy estrechas lo compartimentan formado tres lagos en lugar de uno y los estuarios de los ríos lo invaden claramente con sus sedimentos, algunos glaciarios y otros más aluvionales.

Hay una península que divide completamente el lago Pueyrredón del lago Posadas, la cual se atraviesa en vehículo y donde un corto canal permite el desagote del Posadas al Pacífico. Dos ríos desembocan a los lagos desde el sur: el Furioso y el Oro.

El estuario del río Furioso en la época de lluvias y deshielo baja con enorme cantidad de sedimentos y piedras; en verano está casi seco y si bien no tiene agua, es difícil cruzarlo por ese motivo.

La costa suroeste del lago Pueyrredón alberga varias estancias y la ruta cruza a través de ellas por viejas arboledas de álamos que las protegen del viento

El estuario del río Oro, que desagua en el Pueyrredón, a diferencia del Furioso arrastra sedimentos glaciarios del Monte San Lorenzo, que le confieren el clásico aspecto lechoso a sus aguas. Según los lugareños es tan o más salvaje que el Furioso cuando crece.

Un poco más allá del río, aparece una singular península, que a falta de nombre, la llamaré Península Suyai por el nombre de la estancia que luego nos dio permiso para recorrerla. Es una increíble lengua de tierra de unos dos kilómetros de largo que inexplicablemente se adentra en el lago. Tambien tiene una el río Furioso pero no es tan clara de ver desde la costa.

Hay otra península más , cuyo extremo es límite internacional y de alguna manera divide la cuenca entre los lagos Cochrane y Pueyrredón.

A poco de cruzar el río Oro, un desvío hacia la izquierda de unos pocos kilómetros nos lleva al famoso cañón del río homónimo, el cual es un espectáculo majestuoso con sus paredes verticales de más de 100 metros de altura que obligatoriamente nos detuvo un buen rato para su contemplación.

La buena noticia fue que la huella seguía hacia arriba y estaba en buenas condiciones, coincidiendo con lo que habíamos relevado en las satelitales. Lo que no sabíamos era adonde nos llevaba así que antes de seguirla tomamos contacto radial con Elsa y Jorge para avisarles de nuestras intenciones.

La huella estaba buena pero no es muy transitada y hubo que abrir y cerrar varias tranqueras durante su recorrido. Los paisajes eran impagables y debido a que estaba nublado, no podíamos ver todavía el imponente monte San Lorenzo, el gigante que domina la zona.

En general la huella discurre por los faldeos del valle del río Oro pero algunos tramos estaban medio derrumbados y en varias ocasiones tuvimos que bajar hasta la vera del río mismo, el cual mostraba  caudal y velocidad llamativos. Si más adelante había que vadearlo podíamos tener algún problema o al menos podíamos tener derecho a dudas.

Una tranquera nos anunció que nos estábamos metiendo en la estancia Los Ñirres y poco más adelante ocurrió lo que suponíamos: la huella se terminó contra el río y no se veía claramente por dónde seguía, es decir no había un vadeo claramente marcado aunque se veía un casco de una estancia del otro lado.

Todavía no se nos habían unido Elsa y Jorge, así que nos abocamos a estudiar por donde acometer el cruce, que no se veía muy fácil.

Mientras recorríamos a pie buscando algún indicio vemos venir una chata a los lejos y lo que primero que pensamos fue que nos venían a sacar de los fundillos.

Si bien no habíamos cruzado ninguna tranquera cerrada, era claro que estábamos dentro del alguna propiedad privada, así que como es habitual, salimos a parlamentar con la cola entre las patas…

Y acertamos. Era el dueño de Los Ñirres,  Don Mario Sar, pero lejos de sacarnos volando se interesó en nosotros ya que poca gente se aventura por allí y estaba deseoso que se conozca la comarca.

Mario no solo es el dueño de Los Ñirres sino que también fue el propietario del Hotel de Bajo Caracoles y lo conocía por supuesto a Eduardo Lada, así que no tardamos mucho en compartir anécdotas de viajes de tiempos pasados.

Por supuesto nos alentó a seguir adelante hasta el casco de su estancia, donde nos ofreció alojamiento y también los servicios de su nieto Leo, para guiarnos hasta bastante cerca de la base del monte San Lorenzo y llegar incluso hasta Chile por un paso no habilitado que implica vadear mas de diez veces el río Oro aguas arriba.

Sin embargo nos alertó que respetáramos mucho al río Oro, ya que suele cambiar muy rápido su caudal y en ese caso se vuelve muy peligroso. Nos indicó muy bien por donde cruzarlo (nada que ver con nuestras presunciones) y nos volvió a recordar que no dejemos de seguir los consejos de su nieto al regresar, ya que la situación podía cambiar radicalmente en pocas horas.

Si bien Elsa y Jorge no estaban, Don Mario se dirigía a lago Posadas, así que sin duda los encontraría por el camino y les daría las instrucciones. Para cruzar el río era cuestión que nos avisarán por radio para ayudarlos ya que el casco de Los Ñirres estaba cerca del vado.

Cruzamos sin problemas (porque teníamos el dato) y nos adentramos en una zona boscosa rumbo al casco de la estancia, que no tardó en aparecer. Allí nos recibió muy atentamente Leo y su novia, quien tanto o más orgulloso que su abuelo nos contó todos los detalles de la zona y no tardó mucho en convencernos que debíamos quedarnos allí a pasar la noche.

Mientras tanto recibimos el llamado radial de Elsa, los fuimos a buscar para colaborar con el vadeo y cuando nos volvimos a reunir en el casco, ya habíamos decidido hacer la excursión al San Lorenzo con la guiada de Leo.

Por supuesto nos alertó que siempre se corre el riesgo de no poder volver inmediatamente si el río se enojaba, pero a esa altura del partido no nos íbamos a achicar.

Y salimos las cinco chatas, primero por una huella entre los bosques que finalmente nos depositó en el ancho cauce del río Oro, el cual vadearíamos múltiples veces ya que el “camino” era remontando su cauce. Leo nos contó que días atrás una chata con gente inexperta se la llevó el río porque al no conocerlo se dejaron atrapar y tuvo que ir a auxiliarlos con un tractor.

Seguramente porque Leo conoce como la palma de su mano el cauce del río, la verdad es que no corrimos peligro alguno y nos llegamos sin problemas al Puesto Muñoz, último lugar con pobladores antes del San Lorenzo, en un lugar de ensueño.

La nubosidad no nos dejó ver el San Lorenzo en toda su dimensión pero lo poco que nos mostró de su entorno alcanzó para deslumbrarnos: no hay que olvidar que tiene una altura de 3706 msnm y que nosotros estábamos a poco más de 1000 y muy cerca de su base.

Paisajes de la zona cercana al San Lorenzo

Nos quedaba avanzar un poco más y poner los pies en Chile para coronar el esfuerzo de llegar hasta estos recónditos lugares. Ahora la huella se metía de lleno dentro de zona boscosa, muy angosta y con fuertes pendientes donde evidentemente hay muy poco tránsito vehicular. La idea era llegar al hito fronterizo y luego volvernos.

En una de las detenciones para tratar de ubicar el hito sobre los cerros, sentimos un seco ruido metálico proveniente de la chata de Elsa al arrancar. Inmediatamente vemos que la rueda trasera izquierda perdía su vertical como cuando se rompe un palier así que temimos lo peor: ¿cómo carajo la sacábamos de aquí con semejante rotura?

Raudamente nos arrimamos a verificar el desastre mientras Elsa se «fumaba un Camel» mientras nos informaba que no sabía que había ocurrido todavía sin bajarse de la chata.

Bueno, por suerte no había rotura de palier. Lo que había ocurrido es que se había terminado de salir el último bulón de rueda que le quedaba y obviamente la rueda quiso seguir su libre albedrío por ahí. Menos mal que fue casi con la chata detenida y en un lugar seguro porque podría haber sido muy complicado si ocurría en alguna cuesta de cornisa o vadeando el río.

¿Qué había pasado? Recuerden que la tarde anterior habíamos reemplazado de apuro una rueda pinchada, la cual no se ajustó del todo ya que Elsa iba a ir al pueblo a reparala y colocar la rueda original. La cuestión que no encontraron gomería abierta y la rueda sin apretar siguió su curso como si lo estuviera, hasta que decidió irse por su cuenta. Moraleja: pase lo que pase, apretar siempre apretar a full las tuercas, total siempre habrá tiempo para aflojarlas.

Utilizando la clásica de sacar una tuerca de cada una de las otras ruedas, recompusimos rápido la situación aunque algunos filetes de roscas se resistían un poco porque al andar flojas durante mucho tiempo se habían deformado un poco.

Pasado el susto seguimos derecho a la frontera y tuvimos a la vista el hito que buscábamos, obviamente en la parte alta de un cerrito.

Por supuesto no podíamos volvernos sin la foto de haber llegado a él, así que emprendimos la caminata hasta allí y lo logramos rápidamente. Desde la altura pudimos comprobar que del lado chileno la huella se transforma en un camino más transitable, ya que desde allí salen las expediciones que intentan ascender al San Lorenzo.

El regreso fue tranquilo aunque se notaba que con el final del  día el río Oro como consecuencia de la mayor temperatura de la tarde había acrecentado un poco su caudal subiendo algunos centímetros su nivel respecto de la ida. Nada preocupante pero coincidía con las apreciaciones que nos había hecho Leo antes de aventurarnos por esa zona.

Volvimos al casco de Los Ñirres, donde ya nos había conseguido preparar las ocho camas, pudiéndonos dar una ducha caliente completamente inesperada.

En la cocina económica, que estaba a todo vapor ya que la temperatura exterior había bajado bastante, por la noche Julio y Sonia nos deleitaron con un excelente pollo al disco que estaba para chuparse los dedos.

Un inesperado y fantástico día de descubrimientos había llegado a su fin.

Mañana sería el turno de recorrer la nueva RP41 y llegar a la Oriental

EXPLORANDO LA “OTRA 40”: ENLACES DE IDA

17 al 25 de enero de 2020

PROLOGO

Este es uno de los tantos viajes anteriores a marzo 2020, que quedaron pendientes de escribir cuando se desató el tema pandemia cuando las preocupaciones pasaban por otro lado.

Fue el último viaje antes de la terrible situación que le tocó vivir a nuestra generación y que nos bloqueó por casi tres años. Nada fue igual después, empezando por muchos amigos que quedaron por el camino, empezando por la querida Raine Golab, compañera virtual de todos mis viajes.

Se trató de un recorrido muy interesante, del cual sin duda omitiré los detalles habituales porque cinco años es mucho tiempo para recordarlos. De todos modos lo intentaré. Vamos.

La apertura de un nuevo tramo de la RP41 al sur del lago Posadas fue un imán irresistible para elegir donde tomar una semana de vacaciones en mi querido sur.

El exitoso  y recordado intento de unir el lago Posadas y el Parque Nacional Perito Moreno allá por el lejano 2016, cuando todavía no había camino ni huella para vehículos de cuatro ruedas, nos proporcionó una poderosa razón para ir a ver por donde habían abierto el ahora camino público y si había coincidido o no con nuestra difícil incursión inicial.

Sobre esa base armamos un viaje que empezaría por investigar las nacientes del río Oro a los pies del gigante San Lorenzo, luego recorrería el nuevo trayecto desde el lago Posadas al Parque Nacional Perito Moreno, un par de días de descanso y algo de treking en dicho parque y luego intentaríamos “abrir” un paso directo hacia el sur hacia la zona de Tucu Tucu sin necesidad de salir hasta Las Horquetas para finalmente asomarnos a lo que alguna vez será el inicio de la gran aventura de llegar al lago San Martin por el oeste de la meseta de la Muerte.

Armamos un grupo de patagónicos fanáticos con Guillermo Loza y Elcira (Toyota Hilux), Julio Sastre y Sonia (Toyota SW4), Elsa Ons (Toyota Hilux), Jorge Cienfuegos (Toyota Prado) y el que escribe acompañado de su hijo, el flamante Dr. Pablo Juan Zerega en su viaje de egresado, con la Pampa 02.

Algunos quedamos en encontrarnos el sábado 18 por la mañana en Gobernador Costa ya que Guillermo y Julio saldrían de El Bolsón el mismo sábado y nosotros viajaríamos el viernes a la tarde después de una fugaz estadía por mi trabajo desde Puerto Madryn, donde hicimos noche el día jueves, que fue el día que utilizamos para viajar desde Florencio Varela. Elsa y Jorge viajarían desde Comodoro Rivadavia, ya que venían recorriendo la costa chubutense y se sumarían el sábado a la tarde directamente en Lago Posadas

El viernes por la mañana yo me dediqué a atender algunas cuestiones del laburo mientras  mi hijo anduvo caminando y disfrutando de una hermosa mañana de playa. Ya en ese momento empezaba a hablarse tímidamente de algo que podía ser una pandemia allá en la lejana China, en una cuidad, Wuhan que nunca habíamos escuchado antes.

Al mediodía nos fuimos para Trelew donde todavía me quedaba una breve reunión de trabajo y al final de la misma, ya liberado de todas las responsabilidades laborales, salimos hacia el lejano oeste chubutense.

En Gaiman nos detuvimos a saludar a mi amigo Eduardo Lada cuando nos enteramos que no iba a estar en la estancia La Oriental ya que se estaba recuperando de una dolencia física.

Como siempre, fue un placer compartir un rato con Eduardo y Sully (QEPD), lamentando no poder compartir la misma charla y el clásico asado en la estancia, mi lugar en el mundo.

Allí nos contó que justamente en la estancia iba a estar estaba su hija Rocío al mando, ya que un excéntrico magnate norteamericano, Gil Butler, que apadrina el Parque Nacional Perito Moreno iba a estar alojado con su comitiva inspeccionando que se hace con el dinero que dona para  su conservación y que normalmente no quiere que haya extraños merodeando mientras ellos permanecen allí. Cosas de los magnates.

No obstante iba a gestionar que aunque sea nos permitan acomodarnos en la zona de camping y por las duda nos encargó entregar un horno eléctrico que estaban esperando en la estancia como salvoconducto…

A eso de las tres de la tarde finalmente salimos con rumbo oeste sin destino prefijado. Sabiendo que debíamos encontrarnos a media mañana del día siguiente en Gobernador Costa, cualquier alternativa interesante para dormir por el camino la podíamos considerar sin problemas.

Sin apuro y disfrutando del paisaje se sucedieron Las Plumas, Los Altares, Paso de Indios y como no estábamos cansados, decidimos seguir derecho a Gobernador Costa pero lo hicimos por el desvío de ripio que lleva a José de San Martín, sin pasar por Tecka, atravesando las estribaciones norte de la Sierra Nevada.

Este camino es muy bonito, sube a un poco más 1000 msnm y hace entretenido y rápido el viaje, de modo que finalmente llegamos a destino, Gobernador Costa, casi de día.

Buscamos un hotel decente, nos alojamos y después, como no podía ser de otro modo, nos fuimos a cenar a lo de “El Petiso”, una legendaria  parrilla con menú fijo atendida por su dueño, el mismísimo Petiso, el cual te sirve lo que quiere sin preguntarte y la verdad que no es necesario, ni conveniente jajajajaja

Nos divertimos con una familia chilena que empezó a pedirle «variantes» del menú hasta que se hartó y les dijo amablemente que era lo que tenía o nada. Los chilenos se fueron enojados, sin entender de qué se trataba esto.

Como entrada te trae una olla de sopa donde te servís a voluntad y después vino de la casa acompañando un bife enorme con huevos fritos y salsa criolla, más papas hervidas y una ensalada. Todo en cantidades mayoristas.

Con todo esto no te queda lugar para postre, así que después de pagar una módica suma, nos fuimos derechito al sobre…

Sábado 18 de enero de 2020

El encuentro con los muchachos de El Bolsón se demoró un poco y se concretó cerca del mediodía así que con mi hijo nos dedicamos a retozar mientras recorrimos todos los rincones de Gobernador Costa mientras los lugareños ya nos saludaban como si hubiéramos vivido siempre allí. Al final recalamos en una especie de plaza con máquinas de ejercicio contra uno de los cerros y nos quedamos esperando allí, mateando y leyendo un poco con nuestras Kindle al solcito, que estaba precioso.

Al encontrarnos, cargamos combustible, compramos algunas cositas que faltaban para el pollo al disco previsto para la noche y salimos por la 40 con rumbo sur. Al pasar por Nueva Lubecka nos apuntamos que si teníamos tiempo a la vuelta había que encarar la RP23, una de las pocas chubutenses que todavía no recorrimos, la cual contornea y atraviesa la ignota Sierra Nevada, pasando por Buen Pasto.

Pasamos raudos por Rio Mayo, nos detuvimos en Perito Moreno para repostar combustible y continuamos a Bajo Caracoles, previa detención en la tranquera de la estancia La Vizcaína, puerta de acceso trasera del Parque Nacional Patagonia para verificar si tenía candado. Otro plan B por si acaso para el regreso.
(Fue Plan B pero cuatro años y medio después cuando fuimos a ver un eclipse solar)

En Bajo Caracoles dejamos la RN40 y tomamos la RP39 hacia el oeste rumbo a Lago Posadas, donde arribamos a media tarde.

Nos quedamos esperando a Elsa y a Jorge en la dirección de Turismo, donde hay señal de internet, verificando que habían salido de Perito Moreno no hacía mucho así que dejamos encendidas las radios para escuchar eventuales noticias al acercarse.

Al rato escuchamos a Elsa que habían roto una cubierta y que venían demorados, así que de algún modo nos quedamos tranquilos esperando. Tardaron bastante más de lo que suponíamos así que se nos complicó la ida acampar en la zona de la desembocadura del río Oro en la Estancia Suyai como habíamos planeado.

Era muy temprano para quedarse en el pueblo de Lago Posadas y muy tarde para corrernos hasta allá, sobre todo porque cayendo la noche nos perderíamos una parte de paisajes muy lindos .

Decidimos avanzar buscando algún lugar por el camino antes que nos sorprenda la oscuridad y eso ocurrió al acercarnos al mismísimo lago Posadas: una huella nos acercó a la costa del lago y pese al fuerte viento del oeste en su ribera, hallamos un razonable reparo entre los arbustos y hasta pudimos prender el fogón y cocinar algo la disco si mal no recuerdo.

Mientras nos acomodábamos, avisa Elsa por radio que había pinchado otra cubierta sobre la ruta, así que fuimos a ayudarla a cambiarla. Fue el inicio de una serie de problemas relacionados que más adelante contaremos: el apuro induce a cometer errores.

Arrullados por el viento y cansados de los largos enlaces del día, nos dormimos palpitando las aventuras del día siguiente en el río Oro.

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