Lunes 20 de enero de 2021
LOS ÑIRRES – LAGO PUEYRREDON – ESTANCIA SUYAI – NUEVA RP 41 – PUESTO DEL AGUILA – PARQUE NACIONAL PERITO MORENO
La noche en Los Ñirres fue fantástica ya que había hecho mucho frío afuera; el calorcito del viejo y acogedor casco donde nos alojamos, cubiertos de gruesas y pesadas mantas, fue un placer.
Después del desayuno, no quedó otro remedio que partir, aunque costaba dejar la grata compañía de Leo Sar. Por las dudas nos acompañó para marcarnos el siempre peligroso vadeo cambiante del río Oro y nos despedimos prometiendo volver a visitarlo alguna vez.
El regreso al lago Puyerredón fue tranquilo y sin problemas, disfrutando ahora de una perspectiva completamente diferente a la de la ida.
Antes de acometer la nueva RP41 nos fuimos a visitar el Puesto de Gendarmería que es el punto más occidental que se puede avanzar junto al lago, donde una emocionante bandera argentina flameaba orgullosamente con el fuerte viento.










Al regreso, pasamos a saludar al abuelo materno de Leo Sar, que es el encargado de la estancia Suyai , a quien consultamos sobre la posibilidad de visitar la curiosa larga península homónima que está frente a la administración de las cabañas y el camping de la estancia.
La estrecha y larga península que vimos adentrarse en el lago Pueyrredón era un canto de sirena imposible de desoír.
La habitual pesquisa, ayudada por la casualidad, nos proveyó la llave de un candado que nos permitió adentrarnos en el lago Posadas por una lengua de tierra de varios kilómetros de longitud que en algunos casos no tiene más de 10 metros de ancho.
Estacionamos en su extremo, como si estuviéramos navegando en la proa de un enorme barco en las aguas del magnífico lago Pueyrredón.
Satisfechos con la experiencia aunque no del todo porque Julio y Pablito intentaron pescar desde el “medio” del lago pero no lograron nada. No habría truchas en la cena.










Cumplido el preciado objetivo de la península Suyai, salimos a buscar el inicio de la nueva RP41 y costó bastante hacerlo porque el cono de deyección del río Furioso durante el deshielo había borrado la huella durante estiaje haciendo honor a su nombre. Con mucha paciencia le buscamos la vuelta y encontramos el inicio del caracol de subida que ya conocíamos del viaje anterior, cuando inauguramos allá por 2016 ese enlace al Parque Nacional Perito Moreno en modo offroad.
La subida por los caracoles, esta vez con luz diurna, nos proporcionó unas espectaculares vistas aéreas del lago Posadas y el lago Pueyrredón que no habíamos podido apreciar en 2016 cuando lo recorrimos de noche en bajada.






El tramo inicial, existente de hace mucho tiempo, estaba un poco deteriorado por lluvias previas pero no ofreció ninguna dificultad, excepto porque Elsa con sus problemitas de roscas zafadas y tuercas extraviadas nos hizo “mecaniquear” un poco.
Al llegar al Puesto del Águila, donde antes terminaba el camino, no encontramos al puestero a quien en 2016 habíamos hecho creer que estaba siendo invadido por extraterrestres desde el sur.





A partir de allí seguía la nueva huella abierta por Vialidad Provincial de Santa Cruz y se develaría la incógnita si habían usado nuestra traza o algo nuevo.
A poco de andar nos dimos cuenta que la nueva traza de la RP41 había copiado muy poco de nuestro viaje inaugural de 2016. Seguramente pensando en el mantenimiento la desarrollaron por unos filos varios kilómetros al este de nuestro recorrido.
Nosotros nos habíamos subido al filo adyacente a las nacientes del río Belgrano, para después “tirarnos” por un valle con un arroyo que bajaba al puesto del Puesto del Águila; por el contrario la nueva traza gana altura bastante más al este, opción que nosotros habíamos desechado debido a la gran cantidad de grandes rocas que nos hubiera costado esquivar, las que seguro no fueron problema para la motoniveladora de Vialidad Provincial.
También el rodeo de la laguna La Oriental lo hace por el lado opuesto por donde pasamos nosotros (nuestro famoso vadeo perimetral).
El único tramo más o menos coincidente fueron las bajadas a la laguna La Oriental (para nosotros subida) y hacia el Parque Perito Moreno, la cual fue suavizada bastante.











Al llegar al Parque, como corresponde nos fuimos a registrar, aunque algunos, para las estadísticas debíamos estar dentro todavía o bien haber sido declarados como desaparecidos. Recuerden que en 2016 varios salimos sin avisar por el camino que no existía. Nunca nos fueron a buscar 🙂
Faltaba el desembarco en La Oriental, el cual fue un operativo casi en secreto ya que estaba de único huésped el padrino y mecenas del Parque, el gringo Gil Butler, quien no quería intrusos mientras él estuviera alojado allí.
Nos acercamos al casco de La Oriental con la coartada perfecta: la entrega del horno eléctrico que nos había encomendado Eduardo Lada (estaba todo planeado de antemano). Su hija Rocío nos dio las instrucciones para acomodarnos en la parte de camping cuidando que no seamos vistos. Hubo que jugar a las escondidas como los chicos con Gil Butler y sus amigos…


Acampamos a resguardo de vistas indiscretas y nos atrincheramos en el quincho con cocina económica, donde Elsa nos deleitó con su clásico guiso de lentejas Plus, regado por buenos vinos.
Y así terminó un largo día de malos caminos y excelentes paisajes.







































































