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Etiqueta: EXPEDICION CANQUEL 2023

CLUB SUDAFRICANO Y GUADAL GRANDE

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Jueves 01 de junio de 2023

Posiblemente este iba a ser nuestro último campamento así que era hora de utilizar los huevos que veníamos transportando hacía muchos kilómetros y hacer el desayuno típico de nuestras travesías: los huevos revueltos con panceta (esta vez sin panceta pero con trozos de pata de jabalí ahumado que nos habían obsequiado en Bajada del Diablo). Demás está decir que con el frío que hacía fue una opción excelente para arrancar el día, aunque no hay fotos del plato terminado, ya que nos lo devoramos antes.

Acomodamos todo y dejamos el lugar tal cual lo encontramos para seguir preservando este remoto emplazamiento y encaramos la parte más alta de la huella que cruza la Sierra Mesa, que recordamos tenía sus dificultades y sus bellezas también.

Nos dirigíamos a la estancia La Vuelta, también abandonada,al pie de la sierra pero en su lado oeste, sobre el Guadal Grande. La huella no había sido pisada por nadie desde nuestra incursión anterior y el establecimiento parecía que tampoco había sido visitado.

Mapa de la zona

No sin dificultad pudimos sortear el humilde casco de La Vuelta ya que al atravesar la tranquera de salida, la huella estaba tan socavada que debimos buscar otra alternativa para salir. Un alambrado caído a unos metros nos facilitó el escape sin tener que trabajar mucho.

El paisaje se iba suavizando y nos fuimos internando en los bajos terrenos del Guadal Grande, donde no teníamos muy claro por donde íbamos a salir, aunque sabíamos que reintentaríamos antes conocer el curioso y esquivo Club Sudafricano, al cual la vez pasada no pudimos acceder debido a un candado. En una de esas, esta vez estaba abierto…

¿Por qué nos interesaba el Club Sudafricano? Simplemente porque nos llamó la atención su nombre en el viejo mapa del IGM que les mostré más arriba.

Y así ocurrió. Nunca hay que dar algo por perdido.

Llegamos a la prolija tranquera de caños, el candado no estaba puesto y raudamente nos dirigimos a descifrar el enigma.

Además, si la tranquera estaba sin candado, era probable que hubiera alguien con quien consultar para decidir cómo salir del Guadal Grande, en lo posible hacia Sarmiento, así de pasada visitábamos aunque sea de costado, el extinto lago Colhué Huapi. Teníamos que estar seguros de la salida porque si había que recular y salir por el norte no nos iba a alcanzar el combustible. Estábamos jugados y había que calcular la bien la jugada.

Encontramos el bendito Club Sudafricano pero no había ni un alma aunque se veía bastante bien conservado. Claramente no era un típico establecimiento ganadero ya que no había corrales, ni galpones de esquila ni nada que tuviera que ver con la producción. Esto era otra cosa.

Había un galpón mediano, bien construido, con piso de cemento, en cuyo interior había vestigios de ser un salón de baile (¿?), varias casillas, algunas en condiciones y otras semi derrumbadas como si fueran un refugio temporal, una pista para carreras de cuadreras (¿?) y una red de alumbrado público (¿?).

Claramente podía ser un club deportivo pero ahí, ¿en ese ese apartado lugar?

Íbamos a tener que averiguar a nuestro regreso de que se trataba esto, sin duda relacionado con el origen bóer de los viejos pobladores de la zona

Al no poder consultar a nadie por la forma de salir hacia el sur (los tracks los teníamos pero no sabíamos de imprevistas tranqueras con candado), optamos por usar lo conocido es decir dirigirnos al norte y salir por las estancias Manantial Grande y Tres Manantiales hacia la RP24 y de allí a Paso de Indios.

No parecía que el Guadal Grande estuviera flojo como para encajarnos, a lo menos si seguíamos la huella marcada. Consideramos la posibilidad de cruzarlo de este a oeste, sin huella pero de nuevo el combustible nos hizo ser prudentes por si debíamos retroceder. La huella hacia el norte estaba bien marcada y si bien en algunos sectores estaba húmedo nunca corrimos riesgo de encajarnos.

Como curiosidad, les cuento que la zona sureste del Guadal Grande fue usada hace tiempo como campo de tiro de la Fuerza Aérea, aunque creo que ahora lo han dejado de lado.

Al final del Guadal Grande pasamos por el establecimiento Manantial Grande y esta vez encontramos a sus pobladores: son integrantes de la familia Dickason, una de las más viejas de la zona.

Allí nos enteramos de lo que era el Club Sudafricano («El Sport» lo llamaban ellos). En ese sitio se juntaban las familias bóer por tres días para confraternizar y divertirse una vez al año para rememorar el aniversario de su llegada al país, allá por el 1902.

Era una forma de mantener vivas sus costumbres, entre ellas el idioma «afrikáans», que lo siguen hablando incluso en forma más pura que en la lejana Sudáfrica.

Les resumo muy sintéticamente algo respecto a la extraña presencia de sudafricanos blancos en estos remotos lugares patagónicos.

Los bóers son descendientes de holandeses que colonizaron, allá por el siglo XVII, el actual territorio de Sudáfrica. En general se dedicaban a actividades agrícola-ganaderas hasta que hacia fines del siglo XIX se descubrieron yacimientos de oro y piedras preciosas lo que puso el foco de los ingleses en la zona, quienes después de varios intentos muy cruentos lograron doblegar a los bóers, que se resistieron valientemente hasta que sucumbieron ante el poderío inglés.

Sin posibilidades de progresar y perseguidos por los británicos que los diezmaron, muchos de ellos emigraron y un gran número vinieron a la Argentina, donde el gobierno del General Roca les aseguró tierras para que se establezcan. Llegaron a Comodoro Rivadavia en junio de 1902 y se trasladaron al interior del Chubut, donde se distribuyeron por toda la meseta central y lentamente se integraron la comunidad local pero conservando fuertemente sus tradiciones, entre ellas el idioma.

Les acerco también el trailer de una muy linda película (Los Boers en el fin del mundo), que desafortunadamente es de pago, pero realmente la recomiendo si a alguien le interesa el tema. Dos de los personajes son los que conocimos en Manantial Grande.

Un almanaque viejo que nos permitieron fotografiar los Dickason, con semblanzas de la historia bóer en la Patagonia:

Desde allí pasamos por Tres Manantiales a visitar a nuestro amigo Nicolás Myburgh, quien nos facilitó la llave de una tranquera para salir en forma directa a la RP24 en lugar de salir cruzando otra vez la meseta de Canquel.

Todo fue bien hasta poco antes de entrar a la RP24, donde el embrague de la Cherokee de Eduardo no quiso más. Pese a la complicación, nos la ingeniamos para continuar igual, arrancando con el burro de arranque y con la pericia de Eduardo para pasar cambios sin embrague. Sólo paramos a repostar combustible en Paso de Indios y luego a cenar y a dormir de nuevo en el Viejo Hotel de Las Plumas, donde nos volvieron a atender como reyes.

Al día siguiente, después de un intento fallido de reparación en Trelew, decidimos seguir así como estábamos hasta Buenos Aires. En La Adela se separaron Pablo y Matías <mientras que Elsa y yo los seguimos acompañado a Eduardo y Darío esquivando lugares de tráfico intenso, motivo por el cual volvimos pasando por Macachín (donde paramos a dormir), Bolívar y Saladillo. Recién lo dejamos solo en Cañuelas, donde ya estaba a tiro que una plancha de remolque lo pudiera arrimar a su casa sin renegar con el tránsito y los semáforos.

Así los Canqueleros terminamos nuestra hermosa EXPEDICION CANQUEL 2023

MERODEANDO EL OESTE DE CANQUEL

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Lunes 29 de mayo de 2023

Descansados y aseados después de pasar la noche en el remozado Viejo Hotel de Las Plumas, encaramos nuestra aproximación a la meseta de Canquel a través de la RP53 (ExRN25) pasando por el paraje El Sombrero.

A la altura del ex KM 1800 de la ex RN25 nos descolgamos hacia el sur. La idea era buscar otros accesos a la meseta por el oeste, diferentes al que ya conocíamos por La Florida y La Cascada por donde entramos la primera vez.

Cerro El Sombrero
El mojón del km 1800 de la ex RN25

Nos interesaba particularmente el que apuntaba a la estancia Tres Mallines (ex-Peña) ya que sabíamos que desde allí era posible recorrer toda la meseta de norte a sur para llegar a las estancias El Riscoso y La Esperanza, información brindada por nuestro amigo Gerardo Fernandez, quien nos acicateó que sería un desafío interesante para nosotros, ya que muy transitado no estaba.

Después de cruzar el zanjón El Calafate, al pie del Cerro de los Huevos, encontramos la huella que teníamos relevada en las satelitales, donde había un letrero bastante nuevo que indicaba el acceso a la estancia Las Quebradas, así que lo creímos posible.

Cerro de los Huevos
Cerro de los Huevos

Apenas nos metimos en la huella, nos dimos cuenta que hacía rato nadie la transitaba y en algunos tramos estaba verdaderamente complicada, pero lejos de desanimarnos eso nos entusiasmó. Pasamos varias tranqueras sin candado y cuando estábamos cerca de lo que supusimos era la estancia Las Quebradas, un grueso candado con un cierre bastante particular, nos frenó. En realidad según el IGM era la estancia Tres Mallines pero eso no cerraba con la información que teníamos. No lo pudimos corroborar por ahora.

El candado que nos frenó

La cercanía del supuesto casco, nos invitó a acercarnos caminando con la intención de encontrar algún alma y lograr permiso para atravesar la tranquera, ya que estábamos a solamente siete kilómetros de la ex-Peña, a partir de donde el camino estaría expedito.

Grande fue nuestra sorpresa al encontrar un gigantesco casco de excelente edificación, pero completamente deshabitado. Por lo que pudimos ver, hacía mucho que alguien no venía por aquí, lo que tronchó nuestra intención de seguir adelante. Sin permiso no íbamos a pasar por una tranquera con candado.

Se nos apareció el casco de la estancia
Casco de estancia Las Quebradas
El único «habitante»
Un hermoso e impecable galpón

Trajimos la mala nueva al grupo y no quedó otro remedio que recular y recalcular completamente la expedición. La opción elegida fue seguir más hacia el sur y tratar de llegar al conocido Rincón de López pero siguiendo alguna de las variantes desconocidas cercanas al omnipresente cerro Toro Negro.

El icónico y omnipresente cerro Toro Negro

Al llegar a un caserío disperso de construcción bastante reciente, pero para variar sin gente, cruzamos un arroyo donde las huellas se perdían, hasta que dimos con una muy incipiente que se dirigía al Rincón de López, que tenía toda la pinta de estar completamente destruida y por supuesto sin uso desde tiempo inmemorial.

La huella se internaba por el cauce de un arroyo seco bordeando por el este un cerro bastante importante. A cada paso esperábamos algún inconveniente insalvable pero si bien iba requiriendo algo de trabajo para los copilotos, sólo se trataba de diversión para los conductores.

Lentamente fuimos subiendo hasta las nacientes del arroyo donde finalmente salimos a la huella conocida cercana al puesto de Benjamín Salazar. Esta última huella este-oeste estaba recientemente repasada por una motoniveladora debido a que no hace mucho el MEF (Museo Egidio Feruglio) vino a retirar un fósil que descubrieron en la periferia de Canquel, al cual solo para nuestra referencia llamamos cariñosamente «Canquelosaurio», aunque ni idea de que se trata.

La huella perdida por el cauce seco, que cruzamos mil veces
En cada recodo esperábamos el «game over»
Finalmente llegamos a sus nacientes y el terreno cambió
Hermosas montañitas de tierra multicolor nos cercaban
Puesto de Benjamín Salazar

Así llegamos al bosquecito encantado del Rincón de López. Era temprano y era como para seguir adelante pero no pudimos escapar a su embrujo y tuvimos que armar campamento y quedarnos allí, al menos por una noche.

No hay manera de no caer en la tentación de pasar una noche aquí, al abrigo del viento, a la vera de un arroyito de agua cantarina y con leña asegurada para una larga noche de fogón.

Aprovechando la oportunidad, Elsa nos regaló un exquisito y sorprendente plato gourmet completamente impensado para el lugar: espaguetis a la carbonara, pero con ingredientes originales, empezando por el «guanciale» traído especialmente para la ocasión, un lujo.

Mañana sería otro día, después de una apacible noche en este increíble lugar.

Recorrido del día

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LOS AEROLITOS DE BAJADA DEL DIABLO y otras yerbas

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Domingo 28 de mayo de 2023

Después de la fresca noche en el atestado quincho de la estancia Talagapa (nadie se levantó a alimentar la estufa a leña), nos aprestamos a retomar el itinerario planeado, ya con un día de «atraso».

Nos despedimos de Gerardo , agradeciendo su hospitalidad y nos dirigimos a Gan Gan ya que las chatas estaban sedientas. Todavía había bastantes restos de la nevada de la noche del viernes.

Todavía la nieve de dos noches atrás resistía en los sitios con poco sol

Repostamos combustible en Gan Gan y bajamos por la RP11 pasando por Chacay Oeste y dejando a un lado el desvío a El Puntudo.

Los clásicos picos truncados de Somuncurá se extienden hacia el sur en la RP11
La escuela albergue de Chacay Oeste
Caserío alrededor de la escuela en Chacay Oeste

Al pasar por Bajada Moreno nos dividimos y con Elsa fuimos a investigar para ir hasta El Mirasol en forma más «corta» por una huella alternativa que atraviesa el arroyo Mirasol Chico y cruza una alta sierra en dirección al sur. Los otras dos chatas siguieron hasta Bajada del Diablo para averiguar cómo acceder al campo de aerolitos.

Nuestra excursión terminó en el puesto de Don Oscar Fernández después de mucho dar vueltas, quien nos confirmó que la huella existió pero que era imposible recorrerla ya que las lluvias del año pasado la habían destruido (Él no pudo hacerla con un tractor pese a su especial interés por reabrirla).

Ó se iba por las rutas provinciales o había que retroceder hasta el desvío a El Puntudo, donde había otra más o menos huella paralela a la que buscábamos.

Uno de los puestos que visitamos buscando la salida directa a El Mirasol

Los demás se quedaron esperándonos en Bajada del Diablo frente al mítico Bar El Palenque, donde Oscar, el encargado los agasajó con empanadas y milanesas de guanaco, escabeche de perdices y hasta les regaló un garrón de jabalí para nuestros huevos revueltos futuros. Cuando llegamos, por suerte nos habían dejado algo y pudimos degustar todo eso. Nunca comí milanesas tan ricas

Llegando a Bajada del Diablo
Mítico Bar El Palenque, postal de Bajada del Diablo
Oscar, el amable anfitrion del Bar El Palenque, posando con nosotros
El delivery de El Palenque llegó a la caja de las chatas, con milanesas de guanaco!
¡Qué cosa más rica!
Elsa y yo comimos en el boliche
Darío se adueño del mostrador en un descuido

Transmitimos la novedad que el atajo a El Mirasol no estaba disponible y que la alternativa de El Puntudo no era viable por el horario, así que con los datos que habían recolectado previamente fuimos en busca del campo de aerolitos.

Este campo de aerolitos lo conocí a través de los «trabajos prácticos» que nos hacía a hacer Federico Kirbus para probar a los recién iniciados en la concurrencia a su Peña 5×5. Federico me había pasado algunos datos allá por 2007, los investigué y le prometí visitarlos alguna vez: 16 años después estaba cumpliendo mi promesa al Maestro, tarde pero seguro.

Según el interesante informe que podés leer AQUÍ, hay más de 100 impactos en la zona, ocurridos entre 130.000 y 780.000 años atrás; el problema es que hay muy pocas huellas para acercarse y la vegetación no es muy amigable que digamos, así que le apuntamos a tres sitios que habíamos identificado en las satelitales que estaban entre 200 y 1000 metros de una huella mas o menos transitable.

La zona es bastante montañosa e interesante hasta que se alcanza la planicie de la meseta donde cayeron los aerolitos, a la postre es una estribación de la zona sur de Somuncurá. Llegamos al más cercano y salimos a caminar en su búsqueda.

Bueno, debo decir que las expectativas que teníamos no se colmaron: encontramos los supuestos lugares de impacto pero quedaron muy lejos de lo impresionantes que habían sido los tres de la meseta de Canquel o el del cráter de Bajo Hondo en Gan Gan, donde los huecos generados eran enormes y bien visibles. Posiblemente no ubicamos al mejor ejemplo de todos y lo que describa no sea representativo.

En los tres casos que pudimos verificar, efectivamente aparecieron unos claros bien definidos con llamativamente muy poca y diferente vegetación al entorno. Algo extraño sin duda debió pasar. Si existieron un cráteres, fueron de poca profundidad y fueron rellenado por sedimentos, al menos para esta pequeña muestra que relevamos. Lo que no se explica es por qué la vegetación es diferente.

Noten la diferencia de vegetación el entorno

La regla dice que el cráter tiene aproximadamente 20 veces el diámetro de la piedra que lo causó, en estos casos nos indica que las piedras a lo sumo eran de 5 metros de diámetro-

Por otra huella no relevada intentamos dar con algún otro pero ya el entusiasmo de los aerolitos ya había bajado y el tiempo corría. Decidimos continuar con la expedición por otros rumbos. Siempre nos apremia el tiempo.

Seguimos por la RP11 dejando atrás el cruce con la RP61 y después de cruzar el ancho cauce seco del arroyo Perdido nos desviamos a la derecha por la RP40, todas ellas en excelente condiciones. Al llegar al cruce a El Mirasol, pese a que estaba oscureciendo, nos desviamos para por lo menos asomarnos a este remoto lugar que siempre había visto en letreros de la RN25. Si había algún lugar bueno, hasta podíamos llegar a acampar, recordando la noche de El Caín.

Volvimos a cruzar el río seco, encontramos unas fascinantes formaciones trabajadas por el agua y el viento y caímos en el poblado de El Mirasol, donde por supuestos nos tomaron por marcianos. Quién puede venir a hacer turismo aquí? – seguramente se preguntaban. «Casualmente» se nos acercó un auto para saludar y era el policía a cargo del destacamento, que si bien estaba de franco debió ser alertado por los vecinos de tres chatas dando la vuelta al perro en el poblado.

Increíble paisaje cercano a El Mirasol
El Mirasol
Capilla de El Mirasol

Concluimos que era mejor no quedarnos y tratar de llegar a alguna hora razonable a Las Plumas, con la esperanza de alojarnos en el viejo hotel, cosa que finalmente ocurrió ya que justo encontramos dos habitaciones disponibles para todos, es decir cinco en una quíntuple y Elsa cómodamente en una cuádruple.

Hasta tuvimos tiempo de cenar antes de ir a descansar. Otro día terminado.

Mañana le apuntaríamos otra vez a la remota meseta de Canquel.

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ESCALANDO LA BUITRERA

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Sábado 27 de mayo de 2023

Después de la hermosa experiencia de nuestro inesperado y emocionante paso por El Caín, retomamos nuestros planes y el próximo objetivo era poder acceder al volcán La Buitrera en las cercanías de la Pampa de Talagapa, ya en la provincia de Chubut. En viajes pasados, dos veces habíamos imaginado a la distancia el poder coronarlo alguna vez y estábamos cerca de intentarlo por primera vez.

Esta Buitrera es una de la muchos accidentes geográficos que llevan este nombre y aclaro que nada tiene que ver con el Cañadón de la Buitrera de Piedra Parada, entre otros.

Con la nieve todavía engalanando la meseta, la RP8 nos condujo hacia el sur y a poco de cruzar el límite interprovincial, el viejo pero remozado casco «Los Galpones» apareció a nuestra izquierda y entramos, sorprendidos de encontrar un establecimiento funcionado en óptimas condiciones, lo contrario a la mayoría de los que visitamos.

Efectivamente, el propietario, Gerardo, nos estaba esperando como nos había prometido, curioso de conocer a unos locos que venían a la meseta en pleno invierno.

No solamente nos facilitó el acceso sino que nos explicó todo lo que sabía de La Buitrera y nos acompañó para abrirnos los candados de algunas tranqueras, sino que nos ofreció que pasemos la noche en el quincho de la estancia, ya que consideraba que el ascenso nos iba a llevar varias horas y que saldríamos muy tarde si seguíamos hacia el sur. No íbamos a desaprovechar la oferta de pasar una noche en un lugar así.

Con su compañía, cruzamos la Pampa de Talagapa, donde nos enteramos que un viejo puesto era lo que quedaba del poblado que existió hace mucho, prueba de ello es que hasta poseía código postal, el 9121.

Pampa de Talagapa, hermosa como siempre
El volcán La Buitrera, desde la Pampa de Talagapa
Lo que queda del extinto poblado de Talagapa CP 9121

Por una serie de huellas y tranqueras que bordeaban el curioso cerro Leones nos arrimamos a la base del volcán, donde Gerardo nos dejó en libertad de acción, con las indicaciones del caso, sobre todo que tengamos cuidado con los resbalones.

Desde allí, treparíamos con las chatas hasta donde se pueda, dejando el treking para el final. Lo que en las fotos satelitales parecía sencillo, no lo era porque el último tramo tenía acantilados que, salvo milagro, no los íbamos a poder sortear con las chatas, al menos por esta cara oeste.

Huellas que nos arriman al volcán, escondido al fondo a la derecha

Ya casi llegábamos a su pie
Gerardo nos aconsejaba respecto a cómo encararlo

Y así fue. Prácticamente llegamos a la base de los acantilados y desde allí, caminando, con la nieve a la rodilla, debimos rodear buena parte de ellos por el sur para poder subirlos a pie. La cara este permitió el acceso y pudimos contemplar el enorme cráter con sus tres lagunas internas, con un paisaje tan hermoso como sobrecogedor. Lo habíamos logrado!

Preparando el ascenso
La Buitrera, ahí nomás
Eduardo con la Cherokee quería caminar lo menos posible
Hasta acá con las chatas
Listos para caminar entre la nieve
Una de las lagunas, hoy secas, que se encuentran dentro del cráter
Estar en el fondo de la laguna, dentro del cráter es realmente una sensación sobrecogedora
La típica «mesita» del IGM en los puntos más altos
Un rincón del cráter
Pampa contento dentro del cráter
Otra de las lagunas, con su superficie completamente congelada

Regresamos a la estancia muy contentos de haber conseguido algo que veníamos deseando de hace mucho tiempo, desde el 2015 cuando nos asomamos por vez primera.

Gerardo nos cedió el quincho, que tenía una cocina económica para que podamos cenar y dormir al reparo, sin necesidad de armar las carpas.

Degustamos un exquisito guiso de lentejas que Pablo trajo desde su casa y tuvimos una extensa tertulia con Gerardo, por supuesto con un vino de por medio , quien nos contó todo lo que preguntamos sobre la estancia y la actividad ganadera, dejandonos claro que es un apasionado de lo que hace y que ama su tierra familiar como no es muy común de ver. Fue un placer haber hecho un nuevo amigo patagónico, a quien le agradecemos de corazón su hospitalidad.

Preparando la comida
El quincho convertido en dormi para seis
Nos acomodamos como pudimos arriba y abajo de la mesa, pero no pasamos frío.

El día siguiente iríamos a conocer los aerolitos de Bajada del Diablo

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UN MORDISCO SUAVE A SOMUNCURÁ

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Viernes 26 de mayo de 2023

Como ya expresé otra veces, la meseta de Somuncurá me puede y como siempre, después del inevitable sufrimiento que sobreviene a una larga exposición a su influjo que te hace «prometer no volver nunca más», resulta que termino retornando, sucumbiendo a sus insondables misterios una y otra vez.
No soy el él único, a mi banda de queridos amigos viajeros les pasa lo mismo (hay algunas excepciones…)

Tal vez deberíamos seguir los consejos de Circe a Ulises y a su tripulación de taparnos los oídos para no escuchar los cantos de la «piedra que canta», a la postre las sirenas de Somuncurá. Pero es difícil tomar esa decisión, en cada visita siempre descubrimos algo nuevo que nos fascina y quedan cosas pendientes que nos hacen volver.

Igual de tanto ir algo aprendimos: la porción debe ser limitada para degustarla y no sufrirla. Somuncurá es como un tarro de dulce de leche de esos que vienen en envase de cartón: si te lo comés a cucharadas sin parar resulta que te empalagás y a continuación te termina haciendo mal, lo que no quita que después de un tiempo, al componerte, reincidís.

Por eso esta vez planeamos un «mordisco» limitado para no forzar las cosas, sobre todo porque era la primera parte de la travesía y no había que desanimarse para el resto del viaje.

La idea era recorrer todo el borde septentrional de la meseta, visitando rincones ocultos entre los «fiordos» que miran al norte, donde pequeñas poblaciones protegidas del incesante viento patagónico se han establecido a la vera de aparentes inocentes arroyitos que bajan de la meseta que permiten que se desarrolle una inesperada vegetación fuera de contexto.

Treneta, Yaminué, Laguna de Mendez, Tambelén, Comico, Liminiyeo y Prahaniyeu estaban en nuestro derrotero después de pasar la noche en el complejo Tunquelén, en Ezequiel Ramos Mexía con el objetivo de recalar a acampar o algo parecido en la estancia Talagapa, al norte de Chubut.

Por supuesto, no todo lo planeado se cumple y también aparecen eventos inesperados que nos hacen recalcular, como ya les describiré.

Mientras desayunábamos en Tunquelén, nos comentan que la huella que une dos de los poblados por encima de uno los dedos de la meseta estaba intransitable y entonces, para no hacer un largo rodeo desandando camino, debimos descartar pasar por Treneta y empezar por Yaminué.

Tunquelén, un buen lugar para parar en la RN23
Paisajes de la linea sur en Tunquelén

Asi fue como conocimos primero el encantador pueblito de Yaminué donde la tranquilidad matinal de un viernes feriado puente no pudo ser alterada por unos pocos forasteros sacando fotos. Apenas se asomó a la ventana alguien del destacamento policial pero al vernos inofensivos ni siquiera se nos acercó.
Era como estar en un pueblo desierto pero a su vez lleno de vida.

Yaminué a lo lejos, al pie de Somuncurá
Oasis de Yaminué
Puente sobre el arroyo Yaminué

Desde allí seguimos una huella hacia el oeste que a poco de andar y trepar nos puso encima de la meseta rumbo a la desconocida laguna de Mendez, una inmensa oquedad que debimos atravesar descendiendo hasta su fondo , donde encontramos un espejo de agua seco con un puesto deshabitado de cierta importancia.

Somuncurá puro, cerca de laguna de Mendez
Pinchaduras inevitables en Somuncurá
Laguna de Mendez, abajo y a lo lejos
Laguna de Mendez, completamente seca en esta época

Allí seguramente por impericia, perdimos la huella y anduvimos sobre una traza muy abandonada que nos sacó del fondo de la laguna hasta que dimos con la huella más transitada que bajando de la meseta nos depositaría en Tambelén y Comico, que ya habíamos visitado en otra expedición de años anteriores.

Huella abandonada buscando la salida
Huella abandonada buscando la salida
Bajada abandonada en dirección a Tambelén
Comico

No quisimos seguir por la RP66 y acercarnos a Los Menucos para ir a Prahaniyeu haciendo un largo rodeo rutero sino que nos metimos por una huella vecinal que según nuestro relevamiento previo nos sacaría cortando camino a la RP8 cerca del destino, pasando por Liminiyeo. Por supuesto la huella estaba al principio dirigiéndose al puesto cercano Chasicó pero el enlace a Lininiyeo estaba borrado ya que discurría por el cauce de un ramificado curso de agua.
Unos puesteros que venían arriando sus ovejas nos dijeron que esa huella estaba en desuso y que tenía unos zanjones profundos que no creían salvables fácilmente pero que si queríamos intentar no tenían inconvenientes. Ya imaginan lo que hicimos.

Zanjón camino a Liminiyeo, hubo que trabajar
Zanjón camino a Liminiyeo, en arreglo
Zanjón camino a Liminiyeo, Nada nos detuvo
Parecía que la tranquera a Liminiyeo no nos iba a dejar pasar
Pero pasamos

Efectivamente se nos cruzó un importante zanjón pero con esfuerzo lo sorteamos y pronto ingresamos a Liminiyeo, que a la postre es un importante casco de estancia.

De allí en más la salida a la RP8 fue sencilla y mientras devorábamos kilómetros, Darío propuso ir a visitar el sitio donde en 2011 cayó el avión con 22 ocupantes del vuelo 5428 de Sol Líneas Aéreas, lo cual nos interesó a todos ya que otras veces no habíamos podido dar con él. Darío conocía cómo llegar y fuimos.

Curiosamente, el cielo que se había mostrado despejado y con sol a lo largo del día, comenzó a nublarse rápidamente y a ponerse muy oscuro, como para darle marco al lugar trágico que visitaríamos.

Santuario que evoca a las víctimas del vuelo Sol 5428
Lugar sobrecogedor en el medio de la nada
La nevada al llegar al lugar del accidente
Allí dejamos nuestros respetos a las víctimas

Al encarar el desvío desde la RP8, se largó a nevar y al llegar al sitio del accidente, donde hoy hay un respetuoso recordatorio de las víctimas, la nevada arreció como dejándonos claro que allí el clima es el que manda. En silencio, sacamos unas fotos y dejamos nuestros respetos en tan sobrecogedor escenario.

Al dejar el lugar curiosamente la nevada se atenuó como si tuviese relación con nuestro asomo al lugar.

Destacó que a unos dos o tres kilómetros del sitio del impacto hay un puesto habitado, no quiero pensar el susto que se habrán pegado quienes vivían alli cuando en el medio dela noche sintieron el tremendo estrépito del impacto, allí en el medio de la nada.

Una reseña del accidente AQUÍ

De nuevo en la RP8, no nos tardamos en alcanzar Prahaniyeu donde quedé gratamente sorprendido por el progreso respecto a lo que recordaba de cuando pasé allá por 2006, cuando buscábamos confluencias. Lo mismo me pasó con la RP8, que ahora es una subida decente a la meseta en lugar del pedrero que recordaba.

Entrada a Prahaniyeu
Pueblito de Prahaniyeu, todo paz

Ya en la meseta, de nuevo el cielo se cerró y comenzó a nevar de menor a mayor, lo que complicaría nuestro campamento en Talagapa puesto que llegaríamos con bastante oscuridad a molestar en la estancia.
El espectáculo de la meseta nevada era increíble.

Increíbles paisajes de Somuncurá sobre la RP8

Al cruzar la RP5 que viene de El Caín pensamos que sería una buena idea ir a ver si había algún tipo de alojamiento en el poblado que evitará el campamento (recordaba que en 2015 había visto unas cabañas).

Las cabañas no existían más, ya que se convirtieron en viviendas permanentes del pueblo pero al consultar en la Comisión de Fomento, la Sra Marcela Nacleto, a cargo de la misma, enseguida nos ofreció muy amablemente pasar la noche en el salón de actos de la escuela, con calefacción, internet y baños, un lujo total. Quedamos muy agradecidos por su hospitalidad.

Mientras nos acomodamos en la escuela, el pueblo se vistió completamente de blanco, de algún modo engalanado para nuestra visita. Era la primera nevada del año y nosotros estábamos ahí.

Para cartón lleno nos recomendaron a una señora del pueblo, Mercedes para que nos cocinara algo y tuvimos el agrado de comer una exquisitas milanesas caseras con ensalada rusa mientras fuera nevaba copiosamante y los chicos del pueblo jugaban al fútbol sobre la nieve en la oscuridad.

Luego acomodamos las colchonetas y las bolsas de dormir en el enorme y calentito salón y pasamos cómodamente en forma completamente impensada una noche en El Caín, como si fuera un cinco estrellas.

Nevada en El Caín
El Caín bien nevado
La escuela donde nos alojamos en El Caín
El Salón de Actos de la escuela, nuestra espaciosa habitación de hotel cinco estrellas
También nuestro salón comedor

Por la mañana, ya eramos el comentario del pueblo y hasta nos fotografiaron para publicarnos en el sitio

Analizando nuestros próximos pasos
Así amaneció el patio de la escuela
El grupo completo en la calle principal de El Caín
Marisa Huentenao, la amable Guardia Ambiental de El Caín
El Caín por la mañana después de la fría noche
Fotaza en la despejada mañana de sábado después de la nevada, saliendo de El Caín

Nos vemos proximamente en la cima de La Buitrera…

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