Hace unos días, en el preludio de la temporada invernal y con epicentro en la Meseta de Canquel, los autodenominados «Canqueleros», incursionamos por el sur de Río Negro y por la meseta central de Chubut, donde habíamos dejado varios temas pendientes en viajes pasados.

Tres chatas con seis locos estuvimos por la periferia norte de Somuncurá, llegamos al lugar donde cayó el avión de Sol, dormimos en una escuela de El Caín después de una intensa nevada, escalamos el volcán la Buitrera, acampamos en la estancia Talagapa, visitamos los aerolitos de Bajada del Diablo, investigamos nuevos accesos por el oeste a la Meseta de Canquel, volvimos al mítico Puesto Pepino, conocimos las remotas estancias La Esperanza y Rincón Venter, cruzamos de otra vez la Sierra Mesa por nuevas huellas, pudimos acceder al Club Sudafricano al pie de la Sierra Chaira y dejamos la zona cruzando por el medio el Guadal Grande.

Todo esto en diez intensos días donde hicimos algo así como 4300 km los que salimos de Buenos Aires y donde además nos comimos todo.

Las tripulaciones fueron Matías y Pablo Anastasio en Mitsubishi L100, Eduardo Cinícola y Darío Granato en Jeep Cherokee y Elsa Ons y quien escribe en Toyota Hilux.

Todo empezó el 25 de mayo a la nochecita con el encuentro en Exequiel Ramos Mexía, en el complejo Tunquelén, donde nos recibieron muy cordialmente con un cordero asado exquisito como presagio de lo bien que la íbamos a pasar.

Tomen esto como un anticipo, de las próximas entregas que vendrán.

Los canqueleros

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