Lunes 7 de setiembre de 2026
ANCASTI – ANQUINCILA – CUESTA DEL PORTEZUELO – CUESTA DEL TOTORAL – CONCEPCION – SOLDADO MALDONADO – QUEBRDA DE LOS SOSA – TAFI DEL VALLE – CUESTA DEL INFIERNILLO – AMAICHA DEL VALLE – COLALAO DEL VALLE – TOLOMBON – CAFAYATE
Nos quedaban dos días para encontrarnos con Andy en Susques y entonces elegimos partir en dos tramos cómodos lo que nos faltaba.
Hoy deberíamos terminar en Cafayate más o menos temprano para dedicarnos a pasear un poco por la ciudad, hacer algunas compras y por supuesto coronar con una gloriosa cena de empanadas.
Salimos de Ancasti no muy temprano y seguimos disfrutando de las delicias de la RP2. Primero el poblado increíble de Anquincila, donde todo es belleza, tranquilidad y prolijidad y luego el resto de la ruta que comienza a subir vertiginosamente el hacia el filo de la Sierra de Ancasti con paisajes espectaculares.



Esta zona es muy prometedora para hacer algo de offroad liviano; a lo largo de la RP2 se descuelgan huellas en todas direcciones que son deglutidas por las serranías y la vegetación y que son una invitación a desviarse. Mirando las fotos satelitales (lujo de llevar Starlink), se ve hay multitud de arroyos, diques y quebradas que indudablemente ameritan algún futuro viaje exploratorio. También averiguamos que hay sitios arqueológicos muy interesantes como Las Tunitas.
Lo que es muy importante destacar de este tramo de ruta es que NO hay que hacerlo de noche: hay cualquier cantidad de animales sueltos, que con escasa visibilidad son una trampa mortal: caballos, burros, vacas y cabras por doquier ya que la mayoría de los campos no tienen alambrados.








Al sobrepasar los 2000 msnm empezó la famosa Cuesta del Portezuelo que inauguró el día “cuestoso”, ya que a lo largo del camino recorrimos varias cuestas emblemáticas una tras otra.







Poco que decir de esta cuesta que no te cansás de recorrer una y otra vez con la adrenalina full: lo angosto del trazado y la belleza del paisaje pujan por captar tu atención mientras el tráfico de frente te recuerda que no podés distraerte ni un minuto, salvo que tengas pensado suicidarte tirándote por alguno de los infinitos barrancos con guardarraíles imaginarios en cada curva.
Una vez que estuvimos abajo, tomamos la RP38, donde otra famosa cuesta nos esperaba: la del Totoral. No es ni remotamente adrenalínica como la anterior pero no deja de ser interesante,

Un poco más adelante dejamos Catamarca para entrar a la zona agrícola de Tucumán, donde predomina el verde de los cultivos de caña de azúcar y tabaco, junto con las innumerables estructuras de madera que se usan para secar el tabaco.
A la altura de Aguilares la RP38 se abre en dos trazas: la original que pasa por los pueblos y la variante, más rápida, que se abre por el este. Tomamos ésta última, pero en Concepción decidimos ir a curiosear la vieja traza más urbana, que por otra parte sigue el antiguo ramal ferroviario.
Por supuesto pasamos a ver la estación de Concepción, cuyo edificio ha sobrevivido convertido en una dependencia municipal muy cuidada. Es lo único que quedó de lo ferroviario ya que la traza mutó en calles y en otros casos, ha sido ocupada por viviendas.



Impresionante el viejo puente metálico sobre el río Gastona; no quiero pensar lo que debe ser ese cauce en épocas de lluvias de verano…


Ya que estábamos quise visitar otra estación, Arcadia, pero no solo no la encontramos, sino que nos expusimos a andar en una Bronco por un barrio bastante turbio. No hay fotos.

Seguimos por la vieja RP38 hasta que antes de Rio Seco, nos desviamos por una destruida RP324, que tuvo la virtud de pasearnos por plantaciones de limones y arándanos que valía la pena conocer.


Esta ruta, después de sortear varias poblaciones con nombres de militares caídos en el Operativo Independencia nos puso en el inicio de la cuesta que asciende por la quebrada homónima labrada por el río Los Sosa.

Esta ruta, RP307, que te lleva Tafí del valle es fantástica: infinitas curvas en ascenso por entre las exuberantes yungas, te hace sentir que se te va a destornillar el volante. Lo que no sabía era lo que iba a sentir los días venideros, esto era entrenamiento nomás…
Lo único malo es que, si te pone delante un camión, estás condenado a subirla a 30 km/h o menos ya que es imposible adelantarse. Por suerte el control crucero adaptativo de la Bronco te resuelve el problema con la misma lentitud, pero con mucha comodidad, sin tener que andar pisando el freno a cada rato.






Antes de llegar a La Angostura, entramos en una densa nube que casi no te dejaba ver nada alrededor. Se disipó recién cuando promediamos la cota del embalse, donde parecía fundirse con el espejo de agua en una escena surrealista.




Pasamos de largo Tafí del Valle y encaramos la última cuesta del día: la del Infiernillo, que nos llevó a superar los 3000 msnm, aunque esta vez por una excelente cinta asfáltica que te invita a pistear un poco, disfrutando de la conducción.








Destaco que el consumo promedio de la subida por la RP307 hasta el Infiernillo llego a los 14 lts/1000 km pero luego en la bajada hasta Amaicha del Valle se compensó, bajando a 9.4 lt/100 km, es decir que en el total se comportó casi como en llanura.
Finalmente, la RN40 nos depositó en Cafayate previo paso por Colalao del Valle y Tolombon.
Nos alojamos en el hotel La Ramada, muy bueno y económico y luego nos fuimos a hacer algunas compras y a cenar una exquisitas empandas salteñas (las de osobuco son galácticas).


Fin de un día “cuestoso”, ya casi terminamos los enlaces
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