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Dia 04: ULTIMOS INTENTOS FALLIDOS Y MINA ZALAMANCA
Viernes 17 de julio de 2026
Ultimo día de exploración con la esperanza de volver a Jáchal por huellas por descubrir.
Salimos disparados para comenzar una huella alternativa a la que ayer se nos había negado. Vista en las satelitales tenía grandes posibilidades, sobre todo porque gran parte de ella eran unos zigzags mineros que morían en un claro cauce de un río, por donde le entraríamos.


Hallamos enseguida el inicio, pero estaba bastante maltratado por alguna crecida; no obstante, entramos.
A más o menos 1500 metros una cascada de piedras se interpuso; era posible acomodarla, pero estimamos tres o cuatro horas de laburo, con barretas y malacates.






De nuevo, con la amenaza de lluvias inminentes, era un riesgo meterse en una ratonera en la cual podíamos esperar más sorpresas como esa y desistimos otra vez. Lo que sí puedo asegurar es que es un proyecto muy interesante que sin duda amerita volver.
Este track es un llamado insoslayable para offroad del bueno!!!!

Perdidos por perdidos, en lugar de meternos en ese cauce, seguimos por el camino minero transitado por el cual habíamos llegado, casi con la certeza que alguna barrera no nos iba a dejar pasar por el aspecto usado del mismo.




Pero la suerte estaba de nuestro lado: llegamos al campamento minero y no había nadie, aunque contenedores y maquinarias indicaban que allí había actividad reciente.
Indudablemente habían huido por la amenaza del temporal y entonces, nadie nos frenó. No creo que haya otra oportunidad así.

Esta mina, La Zalamanca, según IGN, es una mina de oro muy vieja y se nota que la deben estar reactivando. Zalamanca con Z puede ser un error tipográfico, pero es lo que indica el mapa.
El terreno esta lleno de piedras amarillas que según averiguamos son limonitas, un indicio que en las entrañas, estas montañas guardan oro y plata.

Tampoco había carteles que indicaban alguna prohibición de paso por lo que seguimos más allá del campamento hacia arriba. Es tan lindo encarar huellas que no sabés adonde te llevan…
La huella hacia arriba solamente había sido mejorada en un pequeño tramo inicial y luego avanzamos por una cornisa casi sin tránsito hasta donde unos derrumbes propios de la inactividad nos detuvieron. Aun así, logramos alcanzar una plataforma desde donde la recompensa fue inmensa: vistas abiertas, ásperas y espectaculares, de esas que justifican cada kilómetro recorrido.






El camino de cornisa seguía hacia arriba, pero estaba plagado de derrumbes así que hasta allí fue nuestra incursión: la montaña se defendía y no daba para pelearle.
No creo que en el futuro se pueda acceder cuando mejoren el camino, ya que seguramente la mina estará operativa y ya sabemos lo que lógicamente ocurre. Bastante fortuna tuvimos de llegar hasta donde llegamos.












Al bajar pasamos de nuevo por el campamento ya que nos llamó la atención algo que habíamos pasado por alto a la ida: un viejísimo camión de caudales abandonado, seguramente utilizado por la antigua explotación minera. Dios sabrá el motivo por el cual llegó hasta aquí y luego se quedó para siempre.




Con esto se terminaba nuestro tiempo de travesía y exploración. El mal tiempo ya casi lo teníamos encima y había que replegarse.
Salimos raudos hacia la R40 y curiosamente este camino no tenía ninguna barrera o portería que impida transitarlo. Nosotros habíamos entrado por un hueco completamente fuera del radar, pero suponíamos que al acercarnos a la R40 algo habría. Pero no.

ingresar a una zona precisa al costado del camino
Bajamos a Jachal por la cuesta de Huaco y volvimos al inicio al Aeroclub, donde además de tener lugar para cocinar teníamos un buen lugar para dormir.
La cena fue sencilla y gloriosa: pollo al disco, buen vino y esa satisfacción silenciosa que queda cuando una travesía se cierra con historias para contar. Fue, sin exagerar, el broche de oro de una aventura, medio rara porque fue una serie de improvisaciones debidas al la climatología que nos venía amenazando y que no podíamos desestimar. Lo que pasó en los días siguientes en el Balcón del Pissis era lo que nos podría haber ocurrido si no éramos prudentes. Medio locos, si, pero no comemos vidrio.
El sábado cada uno regresó a su casa, aunque en mi caso hice escala en lo de Toto en Rosario y me volví con mi Bronco a Bs. As. el domingo por la mañana. Antesala del partido final del Mundial, no había nadie en la ruta.
Hasta la próxima
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