INTRODUCCION
Hacía rato que no andaba por la zona de San Juan y La Rioja, así que, ante una tentadora invitación del incansable viajero Tape Arriola, me anoté en la lista de participantes sin tener muy claro si iría con mi chata o de copiloto. Finalmente terminé acomodado en la chata de Toto, conformando la tripulación más antigua del grupo.
¡Que lejos quedaron los tiempos en que casi siempre era el mas jóven de las expediciones! Pero no importa, el viento es viejo y sigue soplando… Jajajaja
De movida se armó un grupo de cinco chatas:
- Tape Arriola con Juan Marcelo Vila en la Patroleta inmortal
- Walter Arnolfo con su hijo Lautaro en una Toyota Land Cruiser
- Ariel Barbadillo y Juan Zamora con una Toyota SW4 armada hasta los dientes
- Toto Collazuol y yo en una Toyota SW4 “normal”
- Edgardo Giudice y Juan Carlos una Nissan X-Terra
Quedamos en encontrarnos el lunes en San José de Jachal, donde Tape, como es socio del Aeroclub local, consiguió alojamiento para todos con comodidades para cocinar.
La idea del recorrido era llegarnos hasta Gualcamayo, al norte de Jachal y desde allí hacer una huella para dormir la noche siguiente en Angualasto; luego nos dirigiríamos hacia el norte con la intención de bordear el Parque Nacional Guillermo por la ribera este del río Blanco, recorrido que en el pasado no había sido factible hacer, acampando en alguna parte cercana al sector norte del Parque.
Después investigaríamos alguna XX por ahí y nos alojaríamos en Guandacol bajando por el clásico track de acceso a la laguna del Cuerno, pasando por la mina Las Jarillas y Puesto Cuevas.
Desde Guandacol teníamos un par de opciones para regresar a la zona del puesto Gualcamayo, rodeando la mina homónima por el norte y el este, donde habría un nuevo campamento.
Por último, cerraríamos el circuito tratando de regresar a Jáchal haciendo una XX por las laderas del cerro Áspero y por un cauce que pasaba por los parajes de Pimpa e Indio Muerto.
Día 0: LLEGAR A JACHAL
Lunes 13 de julio de 2026
De esta travesía participó muy tímidamente mi nueva Pampa 04, la Ford Bronco blanca que todavía no metí (y creo que no vaya a meter) en ningún kilombo. El domingo a la tarde me llegué de mi Florencio Varela natal hasta la casa del Toto en Rosario.
Nosotros salimos temprano el lunes desde Rosario junto con Walter y viajamos tranquilos sin contratiempos hasta Jáchal, transitando las AU9, RN38 y RN150.


Los mendocinos Ariel y Juan salieron de Malargüe y también se sumaron sin problemas en el Aeroclub, donde rápidamente organizamos un asadito para empezar.
Mientras tanto, el Toto nos entretuvo con todo su conocimiento y experiencia con el vuelo a vela y hasta me hizo subir a un planeador para sentir la sensación de estar «encapsulado».


Pero Tape, el anfitrión, que había salido el día anterior junto con la Nissan X-Terra de Edgardo, no llegaba. Iban a pasar a pasar por el puesto de Domingo por el filo de Merlo, ya que Tape tenía que buscar a Juan Marcelo por Villa General Belgrano y por supuesto no se iba a perder agregarle un plus a la travesía. Pero a la X-Terra, al llegar al puesto, se lo rompió el bombín del embrague y estuvieron largo rato durante la mañana del lunes tratando de repararlo, infructuosamente, pese al apoyo del Toto vía Starlink.


Tuvieron que salir a Merlo desde el puesto de Domingo en forma tortuosa en primera de baja sin embrague y una vez allí dejaron a Edgardo en un taller local tratando de repararla y sumarse en el segundo día de travesía, si es que lo lograban. Tape y Juan Marcelo llegaron muy tarde y se perdieron el asadazo que nos cominos en compañía de la gente del Aeroclub.


Nos fuimos a dormir si saber la suerte corrida por la Nissan de Edgardo…
Día 01: JACHAL-ANGASTACO POR HUELLAS POCO TRANSITADAS
Martes 14 de julio de 2026
Tape, como es habitual, tocó diana bien temprano en la barraca del Aeroclub para salir rápidamente y comenzar la aventura.

Nos enteramos de que Edgardo sólo había reparado parcialmente en Merlo y que aún estaba en Rio Cuarto tratando de cambiar la bomba. Si lo conseguía nos encontraba a la noche en Angualasto, salteando el primer día de travesía.
Salimos hacia el norte por la RP456 que atraviesa una zona bastante poblada (San Isidro – Villa Mercedes) antes de ingresar a la huella ripiada precordillera rumbo a puesto Chipical en Gualcamayo.
Ya en la huella, que no tiene dificultad alguna pero si tiene unos monumentos naturales y unos paisajes descomunales, sobre todo un sector de cañadones con sus paredes erosionadas con una serie de huecos horadados por el agua y el viento que no te cansas de fotografiar.





Una larga y empinada subida, la cuesta de Panacpn, te lleva a la cresta de un cerro que parece la corona de un rey y te deposita en la pampa homónima, donde un poco más adelante, a la vera del rio Gualcamayo, se encuentra el puesto Chipical, donde además hay una escuela muy bien cuidada. Un pequeño embalse y unos añosos árboles le dan al lugar un encanto especial.









Allí, mientras Juan Marcelo, con su taller móvil de electricidad y electrónica, se dedicó a reparar el borne del alternador de Walter y la fuente de la antena Starlink de Ariel, hicimos la primera picada del viaje saboreando lo que había sobrado del asado de anoche.

Destaco que en este viaje, las cuatro chatas teníamos antena de Starlink, lo que está cambiando muchas de las costumbres de las travesías. Ahora nos comunicamos tanto por VHF como por Whatsapp, algo impensado no mucho tiempo antes. Es increíble intercambiar fotos y pantallas de GPS en el medio de la nada…
Desde allí salimos hacia el oeste y en una bifurcación de la huella, entre curiosos y confundidos, nos separamos. Tape se fue por la izquierda y el resto por la derecha: ambos senderos tenían el mismo aspecto y se juntaban más adelante, pero con diferente desarrollo.

Los de la derecha seguimos el curso del río Punta de Agua y las huellas hasta ahí transitadas, nos depositaron en el puesto homónimo, deshabitado, pero no abandonado; por el camino encontramos un llamativo cementerio abandonado en el medio de la nada donde casi todos sus moradores eran mujeres.





A partir del puesto Punta del Agua, ya no había huellas visibles, sólo nuestros tracks, que coincidían con viejas sendas del IGN. Ambas nos iban a demorar mucho y Tape nos informaba que había encontrado una salida razonable que nos permitía avanzar rápidamente y nos ordenó que nos volviéramos y eso hicimos.
Desandamos y tomamos la bifurcación de la izquierda, que enseguida se volvió una pesada huella arenosa que transitamos sin dificultad y que nos fue llevando primero hacia el oeste y luego hacia el sur, discurriendo entre los cerros Negro y El Chivato. Aparentemente esta huella fue utilizada recientemente por el Rally Ruta 40, ya que la profundidad de las huellas denotaba el paso de muchos vehículos de alta potencia,

Encontramos al Tape que nos esperaba arriba de un cerro y continuamos todos juntos, apreciando los vistosos paisajes desérticos.



Una vez que descendimos del Abra Chorrillo (3200 msnm), un castigado cartel “PROPIEDAD PRIVADA M. ARRIETA” en un desvío a mano izquierda nada transitado hace mucho, fue un canto de sirenas irresistible. Al revés de Ulises en La Odisea, ni nos pusimos tapones de cera en los oídos, ni nos atamos al mástil y por contrario nos dejamos atrapar por el encanto del conocimiento de algo prohibido.
Como caballeros, tampoco podíamos dejar a una mina abandonada…

Revisando los mapas del IGN, esta mina no tenía ese nombre sino que en el pasado eran dos, ambas para extracción de oro: Mina de Guachi y Mina de Los Caballos, nombres asociados a los cerros circundantes.
La huella, en buen estado pero sin transito reciente, comenzó a subir y enroscarse por cerradas quebradas mientras los cerros se iban pintando de colores cada vez más intensos.

A 3500 msnm, los colores se hicieron tan intensos que parecían surrealistas y fue allí donde encontramos uno de los socavones en una zona que IGN llama Rincon Colorado, aunque se quedó muy corto ya que los colores son infinitos. Poco les puedo decir lo que las fotos que siguen no digan por sí mismas, tomadas justo enfrente del imponente cerro Huachi (3662 msnm)












Desde ese fabuloso mirador nos cansamos de sacar fotos y detectamos que las huellas continuaban hacia arriba con unos intimidantes caracoles hacia un cerro que sería el de Los Caballos (3849 msnm), donde unas antenas seguían transmitiendo el canto de sirena irresistible. Seguimos.






Impresionantes cornisas nos iban acercando a las antenas y se abrían múltiples desvíos a lo que debían ser otros sectores de la mina. Íbamos rodeando el cerro de Los Caballos en dirección a las antenas, pero no se veía bien como se llegaba a ellas. Encontramos un pequeño cable carril que seguramente se usaba para subir materiales y herramientas hacia las antenas, pero la huella seguía rodeando el cerro. Un poco mas adelante, a 3650 msnm, al tropezarnos con una estación meteorológica, la huella se terminó. Con lo que concluimos que las antenas habrían sido instaladas con ese medio de izaje.



Al enfocarnos en las mismas, vimos que efectivamente no se veía camino alguno, pero además notamos que todas estaban caídas, seguramente fruto de alguna fuerte tormenta de viento como las que azotan la zona.
Iba cayendo la tarde y el fuerte viento no daba para acampar allí, aunque estábamos tentados de seguir investigando las múltiples huellas. No obstante, decidimos volver ya que el día siguiente podía ser difícil en base experiencias previas y no podíamos cambiar los planes desde el inicio.
Bajamos a la huella donde encontramos el cartel, proponiéndonos volver alguna vez a recorrer esta maravillosa zona.
Quedaba poca luz y pocos kilómetros, pero la huella se volvió muy molesta para circular, ya que se desarrollaba por el cauce del arroyo Volcán, donde alguna lluvia reciente había hecho estragos y ralentizaba el avance.
Así y todo, antes del anochecer estábamos en Angualasto, donde fue muy complicado conseguir alojamiento: las mineras han copado el pueblo y todos los alojamientos estaban completos. Por suerte alguien nos ofreció una casa para ocho personas por apenas 120 000$.
En realidad, éramos diez, ya que Edgardo había avisado que venía a nuestro encuentro, pero lo resolveríamos con bolsas de dormir y colchonetas.
Esa noche Ariel y Juan nos deleitaron con pastelitos (empanadas, para rosarinos y porteños) que cocinaron en un caldero con leña que trajimos de la montaña.




Nos acostamos temprano para hacer lo propio al día siguiente. Edgardo y Juan llegaron a la media noche, pero venían con nuevos problemas a bordo que los obligarían a bajarse definitivamente de la travesía.

Continuará con:
Día 02: ANGASTACO – GUANDACOL: UNA IMPENSADA AUTOPISTA Y EL CLIMA CAMBIARON COMPLETAMENTE LOS PLANES