Sábado 12 de setiembre de 2026
LA QUIACA – YAVI – ABRA DE LIZOITE – RODEO PAMPA – SANTA VICTORIA OESTE – ACOYTE – TRIGO HUAICO – POSCAYA – NAZARENO
No sabía que los dos días siguientes serían inolvidables. Tengo sobre el lomo muchos kilómetros de viajes y no es fácil sorprenderme, pero las siguientes 48 horas lo lograrían.
Un sinfín de cuestas, cornisas, abras, pircados en laderas imposibles, nubes, pueblitos encantadores, todos cerca de los 4000 msnm, colmarían mi asombro.
Haciendo un paralelo con las costumbres actuales, diría que estos dos días fueron un “scrolling” continuo de manejo y de paisajes que no daban ganas que terminasen.
Salimos de La Quica hasta Yavi con destino a Nazareno, pero desde allí en lugar de hacerlo por el camino normal directo, encaramos por Santa Victoria Oeste, a través del Abra de Lizoite, límite entre Salta y Jujuy a más de 4550 msnm y de Trigo Huaico y Mono Abra (al día de hoy este tramo no figura en Google Maps)






Todo este camino es una cornisa perfectamente diseñada copiando milimétricamente los faldeos de las montañas sin perder de vista que las pendientes no superen el 3%, bastante ancha y muy linda para manejar cómodamente con cualquier auto en condiciones.





Todo transcurre a más de 4000 msnm, por paisajes increíbles donde en los lugares a resguardo se mantiene la nieve congelada que cayó durante el invierno en forma de pequeños penitentes.















Al llegar a Rodeo Pampa, el paisaje se transforma inesperadamente y no llueve. El techo de nubes se mantiene.
Un vergel verde colgado de las montañas florece de la nada con árboles exóticos como pinos, álamos y eucaliptus y aparece una impensable cantidad de pircados con piedras delimitando propiedades y/o sectores de cultivo y corrales a lo largo de muchos kilómetros, mientras el río Zucharuna corre muy abajo en el valle.
No se puede imaginar el tiempo o las horas hombre que debe haber llevado materializar toda esa obra en piedra. Esto se continúa hasta el paraje La Huerta.










Un poco más adelante, llegamos a Santa Victoria Oeste, el poblado más importante del occidente salteño edificado sobre las empinadas laderas de las montañas que delimitan el ancho e impetuoso rio homónimo.

Hay casas colgadas en las empinadas laderas por todos, haciendo difícil imaginar cómo llegan a ellas. Sólo cruzar el pueblo es una angosta aventura por callecitas dispuestas en forma desordenada y absolutamente peleadas con la ortogonalidad donde apenas pasa un vehículo por vez.







Aquí el camino se bifurca para ir a Los Toldos, puerta de entrada al Parque Nacional Baritú y para llegar a Nazareno. Esta es la opción que seguiríamos ya que ir a Baritú requería más tiempo del que disponíamos.



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La tónica del camino a partir de Acoyte siguió tan entretenida e interesante como hasta ahora, destacando a la innumerable cantidad de pircados a lo largo del mismo, colgados de laderas con pendientes y accesos que parecen imposibles. No me cansé de sacar fotos y de cansar a todos con mis comentarios de sorpresa y admiración al respecto.









Después, en Nazareno, nos enteramos de que esos pircados son la forma de adjudicar las tierras a los pobladores, una especie de escrituras físicas grabadas en piedra.
A mitad camino a Nazareno, en Mono Abra, encontramos un importante cementerio en el medio de la nada que nos llamó la atención. No hay nada visible en los alrededores como para justificar su emplazamiento allí.



Pasamos por Poscaya, otro pintoresco pueblo salteño y poco después ingresamos triunfales a Nazareno, donde si bien teníamos una reserva de alojamiento, tuvimos algunos problemas para conseguir algo con baño privado, como necesitábamos.






Gracias a la ayuda de un policía, el Sargento Guaico, que tan pronto consultamos se ocupó desinteresadamente de llamar a medio mundo para tratar de ubicarnos en alguna parte, finalmente recalamos en la acogedora Hostería Winay Pacha, donde Mario y Graciela se preocuparon por hacernos sentir fuerte la hospitalidad salteña.
Éramos los únicos en la hostería, así que nos adueñamos de los espacios comunes y pudimos hacer una cena excepcional de la mano de los cocineros Adriana y Andy, que nos deleitaron con unos bifes de chorizo, con arroz, porotos negros y cebolla morada. Un lujo en Nazareno.

A la sobremesa, invitamos a Mario y a Graciela a brindar con champagne y nos quedamos un largo rato charlando, escuchando sus interesantes historias de vida y las particularidades de vivir allí, bastante aislados del mundo. Mario es un gladiador de la vida: tiene esta hostería, alquila otra en Iruya y además es maestro en un poblado aislado de Jujuy, que lo obliga a ausentarse de casa regularmente, alquilando una moto para volver cada tanto, ya que no existe transporte publico directo.
Nazareno tuvo sus encontronazos con el turismo, ya que los más viejos no querían ser “contaminados” por las costumbres del exterior, pero con el correr de los años eso ha ido cambiando con las nuevas generaciones y sin duda tiene un futuro promisorio porque es un lugar encantador.
Otra cosa llamativa es que ningún foráneo puede comprar propiedades en la zona, salvo que se case con alguien local: es una de las formas que eligieron para protegerse.
Con los ojos y el alma llenos, nos fuimos a dormir plácidamente, esperando la etapa final.
PD.: Eduardo sin problemas con su mordedura de perro.
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